Viendo la tele

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Hago de sapo de buscador, de viajero inmóvil y me pongo a ver la tele del domingo por la noche.
Qué cosas. Primero está «Cuarto Poder» , dominado por los romos, con su gerente boliviano y sus estrellas traídas del alto Perú de Eisha.
La verdad es que el reportaje sobre César Gutiérrez, aspirante a sinvergüenza, y la tal Lily Lemaster, con MBA en la materia, aportó chismografia y poco más. Nada sustancial ni de fondo.
Y eso de obtener primicias de empleados de la embajada  estadounidense -con horas extras en la de Israel de puro amor por la redundancia- como que ya fatiga. Eso de tener al juez Barreto o a la fiscal Zutanita como reporteros ciudadanos, parece un poco holgazán.
Después está el tono del señor Tola, que tiene la energía de la horchata y el énfasis  comunicador de un físico cuántico que acaba de perder el premio Nobel. ¿Por qué no le pondrán ají en el teleprónter, vitaminas en la copiandanga, un spray de limón en la nariz?
Nadie discute que «Cuarto Poder» es lo más visible de la tele, pero el problema profesional que padece, de manera notoria, es que nadie califica los temas, analiza su importancia o corrige los textos.
Un ejemplo espantoso de esos textos salvajes que a nadie preocupan y que cabalgan como ganado indio por la planicie es el señor Thorndike, alguien que alguna vez se insinuó como un reportero importante pero que ahora es un «Norky’s» hablado y con eructos.
Su texto sobre Paracas, el domingo pasado, llegará a ser citado por los profesores de la de Lima como ejemplo de lo que jamás debe hacerse.
Cegado por una labia casi narcótica llama «pristinas» a las aguas de Paracas, «graciosos» a sus pingüinos y «cautelosos» a sus lobos marinos (Y cómo no van a ser cautelosos con los animales erguidos que por allí merodean).
Para esta hechura de la antiescuela de «Cuarto Poder», las conchas de abanico, por supuesto, «brillan imponentes» y, por supuesto también, potencian la función sexual (con comentario personal incluido). Y para terminar se lanza desde el sétimo piso del asilo retórico donde yace: «Nos vamos (de Paracas) con el atardecer en el alma reposada». ¿Con el atardecer en el alma reposada? ¿No será con el alma «atardecida»?
¿Y el doctor guillotin? En «cuarto Poder» no hay corrector. Es un semanario televisivo liberal y sin censuras.

Antes de Thordike me he pasado un rato al canal del hombre que, nacido en tel Aviv, recaudó en Lima 20 millones de soles por sufrir por nuestra libertad y he visto a Lúcar haciéndole gracias y vendiendo indulgencias a César Gutiérrez y a su distante y huidiza mujer.
La verdad es que antes Lúcar daba repeñuz. Ahora da risa. Claro, al exculpar, a priori y de modo tajante a Gutiérrez y a su dama de compañía, está cundiendo el mensaje que los Crousillat, sus amigos perpetuos, quieren que cunda: nadie es corrupto, nadie merece críticas, nadie está bajo sospecha (a no ser que te llames Mauricio ni sé cuántos y hagas pizzas feas y seas un bufón involuntario; o que seas un medicucho de Sabogal, aunque jamás debes meterte con el hombre de la plata, el jefazo de Essalud, el que lobistea aquel humorista en planilla).
Paralizado he seguido en el 2 y he visto un festín doméstico de veras perturbador.
He visto a José Barba diciendo que piensa en serio en Bayly como presidente de la República. Yo hasta ahora había tocado el tema Bayly con el buen humor que podría merecer, pero creo que es hora de decir algunas cosas.
Barba, es un hombre inteligente, un amante del tabaco cubano, un bon vivant de éxito, un congresista que se hartó y un embajador que pudo hastiar con sus humos y su locuacidad. Pero hasta ahora toda la trayectoria de barba pertenecía a la primera división de la política. ¿Qué hace en el potrero de la nada?
Si su problema es no perder vigencia y aliar su sigla inscrita en la ONPE con alguna fuerza que le devuelva a la notoriedad
-para no envejecer en el anonimato y no escarbar álbumes amarillentos como consuelo -¿qué hace con un Bayly que ayer escribió en su columna de «Perú 21» esta frase que es toda una doctrina moral y un programa de gobierno?:
«Quiero ser presidente -escribe Bayly -y sueño con ser presidente y trabajaré como un poseso para intentar ser presidente y lo más curioso es que no tengo la más puta idea de por qué carajo quiero ser presidente, sólo siento que es algo que está en mi destino envenenado y que en esta hora decisiva no debo ser un cobarde y esquivar la cita con el destino malhadado…»

Un asunto de estilo:¿el destino es envenenado y malhadado en un solo y breve párrafo? Aparte de cacofónico, ¿qué quiere decir? ¿A qué parte del destino pertenece Barba en la vida de Bayly: al veneno o a esa negra fatalidad que parece siempre llamarlo? ¿Alguien dijo cantos de sirena?
No sé si Bayly requiere de un lavado gástrico o de un suicidio. Lo que si sé es que Barba va rumbo a ambas metas si sigue con esas juntas.
Una pregunta a Barba José, ¿la política arruinó tanto tus espectativas que debes llamar a estas proclamas («no tengo puta idea de por qué quiero ser predidente») «debate de ideas». «aporte al diálogo», «luz para la democracia»? ¿Tanto daño te hizo el Apra, José,como para que tuvieras la autoestima en el subsuelo J de un retail panameño?

¿Por qué diablos no te presentas de una vez, con tus bártulos y tus ideas -que si valen la pena -en vez de estar haciendo de padrino de alguien que llama «cabrones de mala entraña» a su papá, a sus hermanos y a su tío Bobby, a quien acusa, además de cabrón de mala entraña de amarrete y maricón?
¿Ha imaginado barba a que mundo acaba de entrar con el estrépito de la farándula y la ceguera de aquellos a quienes los dioses quieren perder?
Bueno, pero si Barba es cierta decencia confundida luego apareve Ghersi. Y a este sí no le creo ni los monosílabos ni la corbata ni la presuntísima existencia de su alma.
De modo que me paso al 5, donde Cayetana Aljovín hace enormes y triunfales esfuerzos por no existir. Periodismo Suizo de hibernación a la espera de que alguna maña sentenciosa y judicial saque a Shultz de las alcantarillas desde donde da órdenes, órdenes subterráneas y con eco y con ruido de chapoteo de pies en aguas inmencionales.
De modo que allí acaba mi fugaz paseo por la tele. Está tan buena la tele que la lectoría de periódicos debería haber crecido quinientos por ciento.
¿No lo ha hecho? ¡Qué tal problema! ¿O es que la tele y la gran prensa y la gran radio (y la gran puta para citar a Ortiz) son la misma gran cosa?

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