VEGUITA Y EL DOCTOR GARCÍA.

                                                          Matices: César Hildebrandt.

   Mi amigo Veguita debe de estar celoso con Alan García, ambos venden libros viejos, cada uno a su manera: Veguita lo hace con su labia ortodóncica y las maneras de un culto husmeador de estanterías, sótanos, buhardillas vigiladas por viudas como cuervos. García no necesita buscar nada porque hace tiempo vende, con enorme éxito, un solo libro perteneciente a la ciencia ficción: El Antiimperialismo y el Apra, de ese gran novelista incomprendido que la política quiso raptar pero que la lietaratura reclama para sí: Víctor Raúl Haya de la Torre.

   Veguita basa su esforzadísimo éxito de librovejero errante en la adicción de la clientela por las primeras ediciones y los ejemplares agujereados por las polillas. García basa su éxito sin comparaciones en la estupidez de los que le creen, la ingenuidad de los que le compran la misma mercancía de toda la vida y la amnesia terapéutica de quienes rebobinan la memoria para no recordar cuando fue la última vez que les mintió, (o sea hace doce horas). Veguita se fatiga peinando redacciones, bares de aserrín, casas de neuróticos que se ríen a carcajadas de las deudas que no honran, García en cambio, abre la boca y canta un corrido en falsete a lo Miguel Aceves Mejía y al instante ya tiene una masa de zombies a sus pies preguntando a quien hay que pegarle, qué ONG deberá perecer en el incendio y a cuánto ascenderá la próxima compra que salud le hará a Droguería Eske, que es la Fasa de turno cuando el Apra quiere vacunarse contra la pobreza.

   Y bien Veguita, a quien muchos le deben verdaderos tesoros editoriales, no tiene una casa en París ni otra en Naplo ni otra en Monterrico, ni otra en Los Cocos. ¡Ni en San Bartolo tiene un techo para la canícula mi amigo Veguita! ¿Será justo? Bueno, como se sabe, la vida no tiene muchas veces nada que ver con la justicia y sí con la astucia.

   Y el Dr. García vende El Antiimperialismo y el Apra en la campaña escolar, la campaña por navidad y la camapaña electoral. Entonces te llevas el libro a tu casa para leerlo y te repantigas en algún lugar, abres el ejemplar y te das cuenta de lo que está pasando con el Dr. García como comandante en jefe no se parece en nada a lo que dice el libro que compraste y a la retórica que te sedujo y al pico de oro, de Yanacocha que te convirtió en siervo de ocasión y mameluco. Pero no es sólo que la realidad no se parece al libro que compraste hecho un mongo, es que está en las antípodas del libro, es el revés del libro, el jr. Azángaro del libro. Sin embargo ya tienes el libro y no hay devolución posible porque para eso está el compañero Mulder, hay una protesta contra el gobierno en la puerta.

   ¡Mátenlos! -dice calmadamente Mulder mientras recuerda las hazañas de sus pares en Tlatelolco, los tanques inspiradores de Tiananmen y el magisterio con silenciadores del compañero Rios Montt.

   A cien días del comienzo de su segundo gobierno, ya podemos decir que con el doctor García la imaginación no ha tomado el poder. El Apra pasó del apocalipsis del 85 a la esterilidad del 2006 y de la inexperiencia al doctorado mediático. La prensa en general, está con el gobierno, la oposición no dá la talla, los esperanzados esperan las migas del banquete y todo el país tiene el aspecto rancio de una mexicanada ya visto en el cine Mariátegui. Esta Apra, ¿no es de 1963? Esta derecha mandona y minera asistida por todos los tipógrafos del reino ¿no es la de Toquepala?. Este Perú recaído, ¿no es el que vió en Billinghurst la posibilidad de un cambio que abortó?

   Yo prefiero soñar con que un día una tarde de gemelos de oro y longines de cadenilla, me encuentre con Valdelomar en la puerta del Palais Concert. ¿Te has dado cuenta que el cielo de Lima tiene TBC? -me preguntará el Conde de Lemos señalando la mesa más vistosa para sentarse.

   Si Valdelomar viviese, Si Martín Adán pasase jorobado, si Eguren caminara a saltitos por el malecón, si el cholo Vallejo anunciase que se va a Europa como sea, todo esto sería más soportable. Pero no. Aquí grita Mulder, engrasa del Castillo, aplaude Fujimori. Y el doctor García manda decir, con ayudadita del fronterizo Bush, que la derecha quiere derribarlo con un misil antiaéreo y luego, como el asunto resulta demasiado redículo aún para sus parámetros, sale a desmentir su propio psicosocial, como si alguien pudiese creer que la derecha tan bien servida, quiere matar a su hombre. Como si la derecha con cara de momia y venas como sogas no fuese su real amorío, su cutra en catre, su capricho necrófilo y contante.

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