Valentín Paniagua, no se merece tanta hipocresía:

             Matices:     César Hildebrandt. 

   Los que no están en la política para servir sino para saquear le rinden homenaje. Misa de cuerpo presente le ponen los que en la vida jamás se le parecerán.

   Lo citan como ejemplo los que no tienen remedio y son parte de la caries de nuestra política. Discursean, homenajean, desfilan por el férretro los que, sabiendo que era el mejor, le negaron su voto para terminar votando por el menos malo.

   Pero don Valentín es estoico. Los mira desde la ironía desinteresada, que es una manera de describir la muerte. Don Valentín es ahora el vitalicio Prescidente de la República. Pasará a la histroia como el hombre que le dijo no a la tentación del erario. Pasó a la historia como el señor que construyó los sistemas anticorrupción, ese que odian los fujimoristas y desacreditan las ratas.

   Porque don Valentín es un hombre que se ha ido de este mundo con el mismo patrimonio con que entró a la política. ¿Cuántos pueden decir lo mismo en este reino de chupacabras y birlibirloques?

   ¿Cuántas casas tenías tú, Dios menor cuando llegaste a la política y con cuántas cuentas ahora? ¿Y de dónde? Tú no tienes derecho, dios menor, a auparte al mármol inminente de Paniagua y hablar de los valores de la República en la que no crees. Porque tú eres hachemita por los forros, alahuita por algunos de tus compañeros, borbón porque rima con tú ya sabes qué, windsor por la flema con la que puedes negar a tus votantes y saboya por los rollos que te cuelgan.

   Qué risa da ver tantos enemigos morales de Paniagua llorando por su muerte anunciada. Convierten en tragicomedia del poder lo que Paniagua hubiera querido que fuera sobrio sentimiento popular.

   Si el Perú fuera menos autodestructivo, hubiera elegido a Paniagua en las últimas elecciones. Era mayoritario el consenso respecto de sus virtudes.-Pero no vende bien-decían-.  -Es un voto perdido-añadían-.

   Perdidos estábamos noosotros que tuvimos que elegir, al final, entre el ébola y la gripe aviar.

   Paniagua sintió como un alivio el que no lo eligieran. Ya había empezado a enfermarse seriamente. Y se preparaba para esa discreta despedida que los politicastros han convertido en feriado, como él no hubiera querido.

   Aunque la verdad es que se había despedido hacía buen tiempo de un país que cada día entendía menos. ¿Dónde está ahora los que le reprocharon haber obtenido ese siete por ciento con el que salvó la dignidad electoral de su partido, hoy herido de muerte con su muerte?

   Hubo un Robespierre de los miriñaques que lo acusó de haberle robado el triunfo a Lourdes Flores. No. Hombre. Lourdes Flores se robó a sí misma haciendo público su matrimonio de santa alianza con el señor Álicorp. Lourdes optó por mister Romero y la derecha peluda. Paniagua en cambio, no necesitó hacer ningún sacrificio para ser un hombre de centro, un mesurado por naturaleza que creía que la equidad era lo más parecido a la justicia.

   Y por eso, sin partido, a pulso, de pura terquedad, obtuvo cientos de miles de votos.

   Fue el único candidato explícitamente de centro. Fue el único que jamás prometió lo que no podría haber cumplido.

   Por eso perdió. Porque no gritaba frases grandilocuentes ni amenazaba con baños de sangre ni anunciaba el séptimo cielo flotando en la enésima promesa de la pendejada. Porque era sobrio y bueno, honrado para más señas, por eso perdió las elecciones.

   El Perú, tal como es hoy, no se merecía a Valentín Paniagua. Paniagua no se merecía a la mayoría de sus lloronas de ocasión.

1 comentario en «Valentín Paniagua, no se merece tanta hipocresía:»

  1. Allá por el año de 1963, en las serranía de Ayacucho, un matrimonio: Donato Gómez Páucar y Alejandra Huamaní Chuchón, en el pueblo de Huambalpa enarbolaban la bandera de ACCIÓN POPULAR, como símbolo la lampa que representaba al campesinado peruano, especialmente al comunero de los andes, vejado, postergado, maltratado por las grandes hacendados, terratenientes, la vieja oligarquía en su mayoría aprista. Huambalpa como tantas comunidades vieron una esperanza, una salvación, una liberación, allí empezó también al lado del líder don Fernando Belaunde terry, el joven abogado don Valentín Paniagua Curazao.
    Ha transcurrido muchas décadas esperanzas que hemos visto morir, una tras otra, nos engañaron, nos mintieron, nos traicionaron. Voy a citar uno como ejemplo: Cuando el comandante Ollanta Humala se subleva en Tacna y hace un llamado a la movilización de todos los reservistas para tomar el poder del Estado peruano, y la capital Lima, La casta criolla que vive de la mamadera del Estado se aterrorizaron, y en el Congreso en 1969, se juntaron los apristas, los pepecistas, los de acción popular, los izquierdistas, los tránsfugas y toda laya de politequeros, ayayeros, para autorizar el viaje del entonces inmoral y desprestigiado presidente Alberto Fujimori, fuera del país. Para luego ungir de Presidente a don Valentín Paniagua como Presidente del gobierno Transitorio que duró 8 meses, Finalmente le dijeron a todos los reservistas que se estaban movilizando hacia la capital, que ya no era necesaria tal acción, una vez más el pueblo tragó su furia y retornaron a sus pueblos, frustrados, salvando de esa manera a la casta criolla, saqueadora inmesicorde de nuestros recursos, hasta ahora manejaron la prensa, pasando por Toledo y en las últimas elecciones, para elegir al ladrón conocido por el ladrón desconocido. Han logrado su cometido, Elegimos al ladrón conocido por Presidente, nos lamentamos, aprenderá la lección el pueblo? ¿Quiere el pueblo un mayor golpe?. Acaso somos una sociedad acostumbrados al maltrato, mientas siguen saqueando al país? Finalmente en que se contribuyó? Mientras el pueblo se debate en mayor pobreza, no hay ese cambio que todos esperamos.

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