Tordesillas y la corrupción.

TORDESILLAS Y LA CORRUPCION
fernandoarcemeza@gmail.com
alanperu085@hotmail.com

Estimados amigos:

En estos días todos los peruanos estamos preocupados por los rezagos que viene haciendo la mafia del fujimontesinismo, como es el caso de López Meneses. El Perú durante los tres últimos gobiernos, Toledo, García y OHT parece que en vez de redoblar esfuerzos, para que desaparezcan los vestigios de la mafia, todo ha sido al revés. Los mandones políticos y sus ayayeros especialmente estos últimos han seguido manteniendo relaciones con los miembros de la mafia o simplemente se han aliado para actuar juntos.

La precaria democracia peruana sufre la carga de esta alianza existen entre  los «nuevos socios» de la mafia y los operadores de Montesinos. Este tipo de relaciones convierte a las dos partes de esa alianza en enemigos declarados de la democracia, la que no puede consolidar, siguiendo débil y devaluada.

Tenemos que decidir quienes son los que en tres gobiernos, tanto militares y policías, como civiles que prestamente no sólo se encuentran y mantienen la organización maligna, convertidos en fervorosos seguidores de los autocracia  fujimontesinista, sino también comportan arreglos conspirativos y el salario del terror. Esto último agrava la corrupción en el Perú, pues hay funcionarios militares, policías y civiles que se han formado bajo las enseñanzas que en los diez años del fujimorato se vuelven legítimos representantes del amiguismo, la cutra y la conspiración. Es imposible que estos hombres se rediman y sean capaces de echar por la borda todo lo malo aprendido.

Si ahora no se investiga la red de la mafia nacida en los diez años de gobierno de Fujimori y su siamés Montesinos Torres, ya no se podrá acabar con los funcionarios públicos: uniformados y civiles, su presencia negativa continuará en las entidades públicas.

Pero, si son descubiertos estos operadores malignos se tendrá que actuar sin ningún tipo de consideraciones; el Poder Ejecutivo (Ministerio del Interior, el Fuero Militar-Policial, el Congreso de la República y el Poder Judicial incluida la Fiscalía de la Nación, son los responsables de dar cuenta de lo que han hecho y seguirán haciendo dichos operadores civiles, militares y policías.

Esta parte tan llena de mala fibra contra del Perú, nosotros continuamos la tarea de invitarlos a leer artículos que de una y otra manera tienen con el tema de las reformas estructurales y el enfrentamiento a la corrupción.

En esta oportunidad les adjuntamos dos importantes artículos publicados el día de hoy, el primero que tiene que ver con la geopolítica y la economía de la región sudamericana y latinoamericana escrito por Humberto Campodónico; y el otro artículos está relacionada con la corrupción elaborado por Jorge Bruce, destacado analista. Ambos artículos adjuntamos para vuestro conocimiento.

Atentamente,

Fernando Arce Meza

 

¿De Vuelta a Tordesillas?

Humberto Campodónico

Diario «La República», Lunes, 02 de diciembre de 2013

En América Latina, el comercio intrarregional -lo que nos compramos y vendemos los unos a los otros- se multiplicó por 9 en los últimos 10 años. A pesar del avance, estamos lejos de lo que comercian entre sí otras regiones, pues solo llegamos al 20% del total, menos de la mitad del 42% que comercian entre ellos los países del Este asiático, para ya ni hablar del 66% que los europeos comercian entre ellos.

Esto dijo el ex presidente Lula de Brasil, en un seminario sobre la integración de América Latina realizado en Santiago la semana pasada, al cual también asistió el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos. El seminario contó con el auspicio y la presencia de los presidentes del BID y la CAF, Luis Alberto Moreno y Enrique García, así como de la anfitriona Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal.

Agregó Lula que nos hemos dado las espaldas durante mucho tiempo, «mirando al Norte y a los océanos, olvidándonos de los vecinos», a veces en una «búsqueda individual» de inserción vía los TLC, sin darnos cuenta de las fortalezas que otorgan los mercados ampliados así como las cadenas de valor regional entre nuestros países, para que asumamos el rol de actores de primer nivel en la transición económica global del mundo de hoy.

Pero, nos dice Ricardo Lagos, lo que ahora se está viendo es que un país como EEUU busca establecer, de un lado, un TLC con los países asiáticos -la llamada Alianza Transpacífico (TPP), que no incluye a China- y, de otro lado, también un TLC con la Unión Europea. Lo curioso es que para el TPP, EEUU incluye a Chile, Perú y México porque «son países del Pacífico», excluyendo a los países sudamericanos del Atlántico.

Sin embargo, en el TLC con la UE -que va a sentar las bases de la «integración profunda» del siglo XXI-  si EEUU siguiera la misma lógica debiera haber llamado a los que tienen costa atlántica, como México y Colombia, lo que no ha sucedido.

La cuestión de fondo, más allá de exclusiones e incongruencias, es que la geografía no puede mandar sobre la integración comercial. ¿Acaso nos vamos a regir por otro Tratado de Tordesillas -que en 1494 dividió al Nuevo Mundo fijando coordenadas: de aquí para allá, las tierras son de España y de acá para allá son de Portugal- ? En plena era de la globalización, todos los países deben intervenir: los de la Alianza del Pacífico deben mirar al Asia, junto con Brasil. Y viceversa cuando se trata de mirar al Atlántico.

Lo que nos está diciendo Lagos es que la integración no puede estar supeditada a la geografía, ni tampoco a cuestiones ideológicas o de diferencias de políticas económicas, como lo enseña la experiencia europea y la de los países asiáticos -cuyos regímenes políticos y económicos son a veces contrapuestos-. Agregamos nosotros: si alguna empatía hay entre Lagos y Bachelet, es previsible que la política de integración chilena cambie en consecuencia.

Dicho esto, el seminario tuvo como eje buscar el relanzamiento de las iniciativas para la integración de América Latina, pues se constatan los problemas existentes. Veamos si no lo que sucede, de un lado, con los espacios de integración regional y comercial, la Comunidad Andina, el Mercosur y, de otro, los nuevos espacios para la unidad política como Unasur y la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac).

El punto de partida es que, después de un importante ciclo de crecimiento, América Latina reúne todas las condiciones para ser un polo de desarrollo económico, humano y social, sobre una base de integración regional articulada. Es el momento de dar un gran salto y entrar a las grandes ligas en los próximos 10 años, lo que no se logra solo exportando materias primas, como lo demuestran los éxitos de las políticas industriales de todo el Sudeste Asiático.

Para ello, dice Alicia Bárcena, la política macro debe ir en el mismo sentido que la política social e industrial, lo que puede lograrse a través de pactos donde participen los actores económicos, sociales y políticos.

En ese marco, debemos comenzar por reconocer, como dijo Lula, que nuestros ciudadanos no están reivindicando poder, como en los 70, sino dignidad y justicia social, por lo que la democracia debe superar la fase «representativa» para llegar a la «participativa». También que son irreversibles los vientos de cambio en la economía global y que podemos y debemos jugar un rol central ya que estamos situados justo en el centro del desplazamiento del Atlántico al Pacífico.

Por contraste, juzguen los lectores por donde van nuestras políticas de integración y si se parecen o no a las del Tratado de Tordesillas.

La Corrupción y el Psiquismo

Jorge Bruce

Diario «La República», Lunes, 02 de diciembre de 2013

Preparando una clase sobre psicopatologías sociales, dedicada a la corrupción, releí un artículo de Lía Ricón, una analista argentina, acerca de la corrupción como una forma de violencia, y sus efectos sobre el psiquismo. De inmediato pensé en el caso López Meneses. Pensé en el laberinto de altos oficiales de las fuerzas armadas involucrados. La verdad es que me resulta muy difícil ubicarme en los artículos de quienes conocen esos vericuetos: demasiados generales y coroneles para mi entendimiento. Asimismo, de seguro hay una serie de civiles en altos cargos, que acaso nunca llegaremos a ubicar con certeza, pues la impunidad suele prevalecer cuando las investigaciones las realizan allegados a los implicados. Así que, zapatero a tus zapatos, me concentraré en algunos efectos psíquicos de la corrupción en cada uno de nosotros.

El primer dato macizo es que un personaje vinculado a Montesinos y a Mantilla continúa pervirtiendo el tejido social en este Gobierno. Esto significa que ha atravesado tres regímenes, pese a haber estado en la cárcel. Esta impunidad en el tiempo nos envía una señal muy potente: la ley que debemos cumplir los mortales comunes y corrientes es la misma que permite enriquecerse a quienes la trasgreden. Podría decirse incluso que nosotros la acatamos para que ellos puedan beneficiarse. Nuestra impotencia alimenta su omnipotencia. El juez que hace la vista gorda ante los actos ilícitos  del alto mando militar, político o empresarial (esto último no hay que olvidarlo), todos aquellos que medran gracias a esa red «privilegiada» de contactos, es el mismo que nos somete al imperio de la ley.

Solemos decir que esto nos indigna. Pero la indignación no daña la psiquis, en la medida que promueve una rebelión constructiva. En cambio el resentimiento y la envidia, sí. ¿Por qué debo actuar como un ciudadano constreñido por limitaciones legales cuando otros hacen lo que les viene en gana? Un ejemplo banal: esta semana acudía al centro de Lima por una vía «expresa» abarrotada de vehículos en ambos sentidos. De pronto veo que el tránsito es detenido por un pequeño ejército de policías, para que ingrese al zanjón una comitiva de lunas oscuras y circulinas. El espectáculo de miles de autos parados para que desciendan unos ciudadanos de categoría superior indigna a niveles adultos. Pero en un registro infantil engendra rencor y te clava la pregunta dolorosa: ¿por qué yo no?

Los corruptos niegan la vigencia de esa ley y actúan como si no existiera. A eso se le llama desmentida en psicoanálisis. Su problema es que cuando eso llega a niveles maníacos les hace perder el sentido de la realidad, como les ocurrió a Fujimori y Montesinos. Pero la identificación de muchos con esa megalomanía que promete un placer sin barreras, destruye los vínculos sociales, empujando a la trasgresión, desde los actos más cotidianos como el respeto a las señales de tránsito, pasando por las coimas o el fraude comercial. Así, una lacra social a nivel público invade la intimidad de los individuos y la contamina.

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