REINVINDICACIûN DE LA PEREZA:

                                                                                    Opinión: César Hildebrandt.

   Se ha celebrado en el Museo de Bogotá la llamada Semana de la Pereza, una apología pública del repantingue, la hamaca con tumbao, la almohada salvadora, la echada inocente y el justo cojín.

   hasta hace unos pocos días la gente iba de visita al museo y podía tirarse en un sofá a ver algo en DVD -algo que uno mismo podía llevar: una película un corte, una simpsonada, documentales, abstenerse -o coger una gafas de sol y desplegarse sobre una cobija a practicar el arte más difícil del mundo: el de no hacer nada.

   Me encanta Colombia. No sé cómo se hace para no perder el humoR entre las FARC y los paras y admiro la creatividad y audacia de su cultura, La Semana de la Pereza, por ejemplo, ha sido ocurrencia genial del grupo G-15 de la Universidad Nacional y su éxito ha sido tal que sus organizadores piensan llevar la experiencia a París, quizás como una respuesta al hecho de que sarkozy, ese play boy de vinilo y Paris Match, quiere meterse con las semana de 35 horas.

   Y es que la derecha, como buena bruta, odia «ildolce far niente», que es el talento de pensar en las musarañas y en la luna de Paita y ama «la dolce vita», que eso lo hacía hasta Anita Ekberg montando a Mastroianni.

   El desprestigio de la pereza es una labor de zapa de la revolución industrial. Las calumnias contra el ocio vienen de la Iglesia, que siempre vigiló el pionaje para que cayera exhausto por las noches y no tuviera tiempo de pensar en que eso que vivía no era vida.

   Y el odio de los tiempo libres dedicados a uno mismo es común a todos los imbéciles que no conciben otra vida que no sea una sucesión de sudores, un frenesí de fresadoras y un hormigueo de humanidad en overol y con escoba.

   Bueno, eso ha cambiado un poco con el invento de la televisión, que garantiza a los patrones que todo el tiempo libre de los trabajdores servirá para embrutecerlos más, para mineralizarlos más y para hacerles creer que ya viene el chorreo y el maná unánime del cielo.

   Pero lo cierto es que la pereza es una palabra maldita y sociedades de consumo como la nuestra la señalan como madre de todos los vicios y fuente de todas las desgracias. ¿Eso es verdad? Por su puesto que no.

   Sólo horizontal y plácido se te puede ocurrir algo genial viendo una manzana caerse de madura. Sólo con muchas horas de paseo aparentemente inútil puedes imaginarte que la tierra es redonda. Y es mayormente en el goce de una duermevela que se te puede ocurrir, de pronto, la palabra que buscabas, sin fortuna, en vigilia.

   Akio Morita, el fundador de Sony, ha contado en «Made in japan» que un día se puso a pasear por las calles de Nueva York. Paseando él sin rumbo y viendo a tanta gente con rumbo y sola. decididamente sola rumbo a sus cubículos, Morita tuvo la idea del Wlkman. «Lo concebí como una compañçia para gente que la ciudad somete a la soledad». diría después. Fue uno de los inventos que más dinero le dió a Sony Corporation y surgió del vagabundo de su líder.

   No diré, como Nietzsche, que quien no dispone de dos terceras partes de su tiempo es un pobre diablo. Diré sencillamente, que ha sido en los intervalos entre trabajo y trabajo cuando la felicidad se me ha presentado con su cara de pocas amigas, su visita de médico y su síndrome de piernas inquietas. Y diré también que nunca aprecié más el ocio y la propensión a la pereza antisistema que cuando supe que J.P.Morgan, ese monstruo, dormía poco para irse temprano a su banco.

   Y no amanece todvía cuando las fábricas abren sus hocicos de hormigón y se tragan a sus esclavos. Nada es más trabajoso que hacer del ocio un gran momento. 

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