Recordando a una bestia.

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Al bruto de George Bush le hicieron, cuando candidateaba en nombre de lo peor del Pentágono a la presidencia de los Estados Unidos, una pasada memorable. Un humorista canadiense, que podría haber pasado por socio del argentino Tinelli, fue hasta Michigan -donde Bush pastaba en plena campaña junto a Cheney- y a boca de jarro, le hizo la más perversa de las preguntas.
le preguntó qué opinaba respecto del «apoyo expresado a su candidatura nada menos que por el primer ministro canadiense «Jean Poutine»

El primer ministro canadiense en aquel año 2000, se llamaba jean Chrétien (no Poutine) y era un liberal nacido en Quebec que, además, se había hecho famoso por una carrera política construida sobre la base de una tremenda desventaja: de niño había sufrido una enfermedad que le paralizó para siempre el lado izquierdo de la cara, hándicap que Chrétien había sublimado con este sologan: «Un político que sólo puede tener una cara·
En fin, lo que quiero decir es que Chrétien era una figura mundialmente relevante.

Preguntado Bush sobre el supuesto apoyo de «Jean Poutine», el citado solípedo contestó textualmente lo siguiente (está en los registros de la época): «Aprecio esa vigorosa declaración. Ël (Poutine) comprende que yo creo en el libre comercio».
Hasta allí todo era espantoso, pero Bush tenía el propósito no sólo de derrapar sino de estrellarse y morir en el redículo. Porque después de la respuesta que hemos citado, el aspirante al cargo más poderoso del mundo, cargo que llegaría a travez del fraude de La Florida y la idiotez de los demócratas, añadió:
«Ã‰l (osea de nuevo el inexistente e inverosimil «Jean Poutine») entiende que deseo asegurarme de que nuestras relaciones con nuestro vecino norteño más importante, los canadienses, sean fuertes y trabajaremos en estrecha unión».
Dios mío, más bestia no se podía ser.
El que entonces era, para vergüenza de los descendientes de El älamo, gobernador de Texas, no sólo creía que un primer ministro de Canadá podía inclinarse por un candidato a la presidencia de los Estados Unidos -jamás Canadá se ha metido en asuntos tan delicados sino que encima llamó a Canadá «el vecino norteño más importante», cuando, como todos sabemos, se trata del único vecino que tiene estados Unidos en su frontera norte.

A no ser que el herrado cuadrúpedo, ensillado y dopado por las corporaciones, haya pensado que Alaska es una república sobreviviente de la guerra fría (más bien helada) o que el Oceáno Glacial Ártico es la monarquía de «Iceman».
Por si acaso, lo que estoy recordando en este febrero del 2010 sucedió hace diez años y fue obra maestra de Rick Mercer, periodista productor y humorista de la telivisión canadiense.
Y el jumento patriótico que respondió dándole las gracias a «jean Poutine» era el mismo que hacía poco tiempo no había podido identificar a algunos dirigentes mundiales y el mismo cuyos gentilicios fueron el chiste recurrente de la prensa humorística norteamericana.
Como se recordará, Bush decía que los griegos eran «grecianos», los kosovares «kosovianos» y estaba convencido-así quedó acreditado también en una conferencia de prensa -de que Eslovaquia era lo mismo que eslovenia.
Dios mío. Y este héroe del Animal Planet tuvo en sus manos, durante ocho años, el maletín nuclear del que dependía que la tierra siguiera existiendo.

Y cuando invadió Afganistán quemó Irak y avaló todo lo del fascismo israelí en palestina, supimos que era mucho más «kosoviano» que «greciano».En fin que la ignorancia resulta casi siempre de naturaleza criminal.

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