QUE SE LLEVEN A ALVA EN PATRULLERO:

Matices: César Hildebrandt.

Si una empresa tuviese que comprar masivamente algo que necesita con urgencia, le haría el encargo a la gerencia de compras y adquisiones.

Bueno, ¿qué pasaría si la gerente de compras -digamos, una señora apellidada Mazzetti-permitiese, por negligencia o interés, que nunos subalternos metieran la mano para subir el precio de los bienes en combina con los proveedores?

Digamos que el presidente de la compañía-un señor apellidado García-le despide y todo el mundo, o casi todo el mundo, aplaude ese gesto correctivo.

Entonces, el señor garcía nombra a uno de sus más allegados ejecutivos nuevo gerente de compras y le encarga de comprar ya no N de esos productos sino N más el 50% de N. ¡Todo un desafío! ¡Esta vez nada puede fallar!

El nuevo gerente de compras-un señor apellidado Alva Castro-recibe toda la confianza del señor García y empieza la tarea. La acomete con aplomo y la resuelve en un dos por tres, como buen ejecutivo que es. Y, por su puesto, y recibe todo el apoyo del presidente de la compañía, el señor García quien defiende la adquisición hecha por tratarse de «productos garantizados», responde a los impugnadores diciéndoles que tienen  intereses mezquinos en favorecer a otros proveedores (los tradicionales), y asegura la limpieza de la operación afirmando que «es una de las operaciones más transparentes que haya visto, entre otras cosas porque nos hemos ahorrado once millones de soles en compra».

Entonces los impugnadores retroceden, los escépticos se callan, la portátil aplaude, la gente se olvida del asunto y las secretarias de intendencia regresan a su lima de uñas con más chismes que nunca en la cartera.

Entonces ocurre lo increíble. Una tarde, cuando todos creían que los bienes comprados estaban ya siendo embarcados en algún puerto de la nueva China (la de Mao o menos), LA SECRETARIA DEL SEÒOR ALVA -NO EL SEÒOR ALVA-ANUNCIA EN UN MEMO DISCRETO QUE LA COMPRA QUEDA ANULADA PORQUE EL PROVEEDOR NO HA PRESENTADO, EL DÍA SEÒALADO, UNA GARANTÍA ADICIONAL CONSIDERADA COMO IMPRESCINDIBLE.

¿Qué cosa? ¿la secretaria de Alva comunica algo tan grave? ¿Y el señor Alva, que había defendido ante el directorio del Congreso la compra? ¿Y el señor García, que había defendido al señor Alva ante la asamblea de accionistas, o sea todos los cojudetes de la patria (la inmensa minoría de todos nosotros)? Ni Alva ni García aparecen en estas primeras horas.

Y mientras tanto, estallan los rumoes, Entonces era cierto que el tal proveedor era un sirvergüenza que en vez de plantas de mantenimiento tenía un tallercito de auténtica mala muerte. Entonces era cierto que el tal proveedor había vendido armas en vez de patrulleros y reclutado mercenarios para Irak en vez de técnicos en planchado y pintura. Entonces era cierto que los bienes en cuestión estaban sobrevaluados en 40%. Entonces era cierto que ni siquiera China usaba esos vehículos como patrulleros,. Entonces era cierto que el asunto apestaba.

Y entonces por extensión, resulta perfectamente entendible por qué este gobierno de tantos incapaces juntos, está haciendo del shock económico un aborto, de juntos un  proyecto nobilísimo que no termina de aterrizar, de crecer un folleto en papel plastificado, del chorreo un sueño de Sahara, de la compra de patrulleros una interminable película de Hitchock y del teremoto una demostración de cómo se puede desafinar de modo tan sinfónico cuando se quiere ayudar con el propósito pero no con la cabeza.

La pregunta es, entonces: ¿qué hacemos con el presidente de la compañía, el que metió sus manos al fuego tal como lo hiciera hace años con los remigios del primer reinado? Ya no pregunto que hacer con el señor Alva, por su puesto, porque su destino como el de los yanquis, es manifiesto: que se lo lleve un patrullero y lo devuelva a las puertas del Congreso.

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