Por qué los paros en la Región Andina?

LUIS MARAVI ZAVALETA <taurusx1000@hotmail.com>
16:37 (hace 5 horas)

para CUBA-CORAJE, Cinco, EL, Nicaragua, suteptrujillo

¿POR QUÉ LOS PAROS EN LA REGIÓN ANDINA?

Luis Miguel MARAVÍ ZAVALETA

3 de junio de 2013

I

En los últimos días, casi todas las provincias andinas de la Región La Libertad se han ido uniendo a un paro indefinido en reclamo de diversas cuestiones: vías de comunicación por asfaltar, administración de justicia deficiente o cuestionada, remoción de autoridades presuntamente corruptas, contaminación ambiental por parte de las empresas mineras, etc. Dicho paro se ha manifestado con el cese de la actividad comercial y educativa, bloqueo de carreteras, marchas de sacrificio, petitorios colectivos para instalar Mesas de Diálogo, etc. Las estaciones de radio y televisión de las ciudades andinas y de Trujillo han transmitido diversas opiniones de respaldo a esta medida de lucha y, por boca de periodistas u otras personalidades, se ha intentado determinar la causa de este movimiento, mayoritariamente impulsado por las rondas campesinas: la corrupción en el poder judicial, la venalidad de las autoridades de transporte, la ambición de ganancia de empresas de transportes y empresas mineras, etc., han salido a relucir y han pintado un cuadro sombrío de la -aparentemente- tranquila región serrana. ¿Qué es lo que está pasando en ella? Al escribir estas líneas, el paro en la provincia de Sánchez Carrión se había levantado y parece que el paro en Santiago de Chuco corre la misma suerte. En el primer caso, del que sabemos un poco más por nuestro trabajo allá, una Mesa de Diálogo que debe ser instalada en los próximos días y con un año de duración (según la Resolución Ministerial publicada en el Diario Oficial) ha sido la solución momentánea de la medida de lucha. Los transeúntes y la población citadina de Huamachuco han respirado aliviados… hasta el próximo paro.

II

Para que un problema social sea realmente resuelto, hay que definir su causa esencial. Todos debemos saber que la raíz de la problemática por la que los paros andinos son cíclicos en todo el país, es el antagonismo históricamente desarrollado entre la ciudad y el campoque en nuestro paístambién se ha manifestado en la contradicción histórica entre costa y sierra, agravado por la intensificación de un modelo primario exportador impuesto al Perú desde hace cinco siglos, lo que ha implicado la formación de una sociedad neocolonial. Vayamos por partes.

Marx (1973), indicó que «toda división bien desarrollada del trabajo, producida por el intercambio de mercancías, tiene como base fundamental la separación de la ciudad y el campo. Se puede decir que la historia económica de la sociedad se resume en el movimiento de esta antítesis (…)» (p. 346).  Dicha antítesis, no antagónica en sus inicios, mostró hasta donde podía llegar bajo el capitalismo. Fedoseev (1986) describe los rasgos de esta contradicción antagónica tal como la podemos apreciar hoy en día:

«en la esfera política: dominio político de la ciudad sobre el campo;

En la esfera económica: la ciudad domina económicamente al campo y lo explota;

En la esfera cultural: en la ciudad se concentran los fundamentales valores culturales, entidades de la ciencia, la educación y el arte. El campo, en cambio, tiene un acceso limitado a ellos, por lo que queda condenado al atraso cultural;

En el plano existencial, esta contraposición se manifiesta en la conservación del viejo modo de vida, en la limitación de los medios de comunicación y de transporte en el campo, mientras que la ciudad avanza mucho en este aspecto. Por otro lado, se acentúa el hacinamiento de la población urbana y se contamina el aire de las ciudades» (pp. 251 – 252)

Todo lo dicho también es válido para explicar las contradicciones entre ciudad andina y campo andino: las contradicciones parecen más atenuadas, pero subsisten. Con relación a los intelectuales rurales (abogados, maestros, etc.), por ejemplo, Gramsci (1967) dice: «Los intelectuales tipo rural son, en su mayoría, «tradicionales», ligados a la población campesina y a la pequeña burguesía de la ciudad (particularmente de las pequeñas) aún no atendidas y puestas en movimiento por el sistema capitalista» (p. 33) Por estar un poco más arriba en la escala social capitalista, el campesino anhela que sus hijos lleguen a ese status, pues lo admira, pero a la vez puede envidiarlo o hasta despreciarlo. De esa manera se originan las migraciones (conocidas mediante los tristes cuadros de invasión y desalojo de terrenos) y, en el plano espiritual, los dramas causados por la alienación, el desarraigo o el arribismo que caracterizan a quienes han olvidado su procedencia y los problemas que antes tenían. ¿La selva está ausente de la contradicción ciudad – campo? La abominable crudeza del «atractivo turístico» del barrio de Belén en Iquitos o la explotación sexual de niños en Madre de Dios responden que no.

A la contradicción ciudad – campo y su desarrollo objetivo – subjetivo, se le suma otra, vinculada al relieve y la idiosincrasia de nuestro país: la rivalidad existente entre costa y sierra. Desde los mitos más remotos, recogidos con rigor por M. Rostworowski hasta los programas cómicos actuales, la relación entre habitantes andinos y costeños está llena de prejuicios..  Sin embargo, lo que podría pasar como una cuestión «típicamente» folklórica se ve exponencialmente incrementado con la subsistencia del modelo primario exportador: desde hace 500 años el Perú es conocido en el mundo por las materias primas que vende. Ayer (hoy también) minerales y madera; hoy, la comida. ¿En el fondo no lo mismo? Los compradores internacionales han cambiado, pero seguimos siendo una neocolonia de España, Inglaterra o EE. UU., en orden cronológico. Por más que se les compre a los campesinos a precio de «comercio justo», el éxito de estos (que los convierte en «winners») y las penalidades de cien de sus hermanos que no tuvieron acceso (los «losers») en un país donde la actividad campesina todavía depende en buena medida del clima por su bajo desarrollo científico – técnico, acentúa y eleva las contradicciones entre ciudad y campo. Para «superarlas» es que la juventud rural copia los esquemas citadinos, aspira a ellos o termina mudándose a la ciudad, como mano de obra barata o subempleada.

III

¿Qué hacer? En cualquier circunstancia, hay que atacar el problema principal. ¿Significa ello considerar la entrada a la política, territorio más amplio que lo simple y llanamente reivindicativo? Sí y mil veces sí. Sobre esto, una aclaración previa.

En nuestro país se ha vuelto «in» decir «yo no soy político» o «yo no me meto en política», mejor aún «la política es sucia». Estas afirmaciones son válidas para la política al servicio de mezquinos intereses. Cuando se hace política en grande, como nos enseñaba el Amauta Mariátegui, no hay temor a ensuciarse si no es con toda la porquería que hay que remover para obtener el pan y la belleza. En todo movimiento social amplio, como lo es un Paro, no hay que extrañarse ni atemorizarse al ver a las diferentes tiendas políticas en afán de expandir su influencia. Cómo y para qué deben ser los criterios que nos permitan evaluarlas: ¿con dinero de los contribuyentes o con esfuerzo condensado en una pequeña alcancía? ¿Con dádivas comprometedoras o con cuotas sufrida y disciplinadamente pagas por los militantes? ¿Para beneficio de desmesurados apetitos individuales o para mejorar la vida del pueblo? ¿Para el continuismo neoliberal y clientelista o para el Nuevo Curso que nuestra Patria reclama? De acuerdo con ello, las Mesas de Diálogo no aportan a resolver el problema principal, aunque si constituyen tribunas de la Lucha de Ideas. Hay que ser ilusos o descaradamente mentirosos para creer que una Mesa lo resuelve todo. No es con MARCS (Métodos de Resolución de Conflictos Sociales) sino con Marx y Mariátegui que hay que analizar y resolver  los Paros andinos. Tampoco lo es con el utilitarismo anarquizante y aventurero de Sendero.

Resolver la contradicción entre ciudad y campo no es un sencillo: muchas experiencias históricas, muchos libros y no pocas desilusiones o retrocesos ha tenido que sufrir la Humanidad en ese camino. La experiencia de la antigua URSS, por ejemplo, atestiguó que el campo socialista alcanzaba un gran desarrollo cuando se le vinculaba con la industria y la ciencia. Sin embargo, cuando el PCUS distorsionó su Línea de Masas, la industrialización del campo socialista comenzó a originar terribles problemas sociales y ecológicos, como los conflictos interétnicos o la agonía del Mar de Aral. La RPD de Corea, en la actualidad, tampoco descuida el vínculo del campo y la industria, muy necesaria en un país pequeño, bloqueado y con poca tierra fértil, pero la Línea de Masas del Partido del Trabajo permite una relación fluida con  los Comités Populares (auténtica organización social de base del Poder Popular) y es bastante cuidadosa del medio ambiente. Se pueden extraer algunas regularidades de estas y otras experiencias: es necesaria una nueva estructura de poder popular, desde la villa más pequeña hasta la más grande y de acuerdo a los múltiples vínculos existentes entre los diferentes pisos altitudinales y las diversas etnias que habitan nuestro país; hay que crear organismos y sistemas que relacionen la ciencia, la técnica y la gran industria con el campo, zonificadas, sin faltas al medio ambiente y que permitan a las comunidades gestionar sus ingresos para la elevación de su nivel de vida; no se debe descuidar la labor de la educación y la cultura en el campo y en la ciudad, generando las condiciones para que el país entero sea un País de Estudio. Pero, sobre todo, considerando que la Política está al mando de la Economía, es absolutamente indispensable crear las condiciones para que un auténtico Partido al servicio del pueblo y que luche por Nuevo Curso y Nueva República, asuma las riendas del Poder. Para ello, no basta con organizarse y votar: también hay que prepararse para gobernar.

REFERENCIAS

·                    FEDOSEEV, P. N. (Dir.) (1986). Comunismo científico. Moscú: Progreso.

·                    GRAMSCI, A. (1967). La formación de los intelectuales. México D. F.: Grijalbo.

·                    MARX, C. (1973). El Capital, tomo I. Buenos Aires: Cartago.  

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