Otorongos de la prensa.

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Los periodistas que creen en que la prensa es un poder supremo me causan mucha gracia. Aludiendo a los congresistas, hablan de los otorongos, hablan de los otorongos que no devoran otorongos, pero de ellos podría decirse que son unicornios, que no tocan a otros unicornios ni con el pétalo de una frase. Con lo que demuestran que hay también un gremialismo mafioso en el mundo del “cuarto poder”.

Dicen esos periodistas por ejemplo, que hay que despenalizar los delitos en contra del honor porque eso es lo más justo y lo más proporcional. ¿Justo para quién y proporcional para quienes? ¿Justo para los perpetradores del delito y proporcional para los dueños de la prensa!

Esta falta de pudor me asombra. Que hay periodistas que exijan la despenalización de los delitos en contra del honor es como si hubiese abogados que demandasen la impunidad para la figura de la coima y para la práctica del aceitado judicial (o su conversión en falta castigable con una sanción económica).

Es como si los médicos pidiesen que la mala práctica sólo castigase con una multa. O como si los ingenieros civiles quisieran que el colega ladrón que le puso menos concreto a la mezcla y produjo la caída de un edificio estuviese al márgen del código penal.

Siendo sinvergüenza que la prensa pida la impunidad para sí misma, lo que resulta pintoresco es que todo esto surja a partir de la aplicación de la ley vigente en el caso de la señora Magaly Medina.

Que la señora Medina sea considerada por Gustavo Mohme una colega cabal, no me extraña. Que el señor Mohme esté convencido de que el honor lesionado se paga con un cheque, no me sorprende. Que el anodino Consejo de la Prensa suponga que el honor es un asunto secundario, dice mucho de algunos de sus integrantes. Pero que algunos ilustres periodistas decididamente alfabetos -y algunos hasta editados -metan su cuchara en esto y aboguen en la misma dirección que Nakasaki me resulta muy extraño.

La prensa pide sus propios e inaceptables privilegios en relación al código penal pocos años después de que el país se enterara qué clase de podrida prensa secretaba la televisión de Fujimori, la prensa escrita del gordo Bressani y los pasquines que Pepe Olaya empleaba para ensuciar a los enemigos del régimen.

Osea que esos delincuentes sólo debieron pagar una indemniación, barrer una calle, cumplir con una multa? ¿O quién puede creer que con el poder judicial…

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