No vivimos en una Democracia.

NO VIVIMOS EN UNA DEMOCRACIA
                                                                         Escribe César Hildebrandt

 

A la derecha le preocupa que los fetos anecefálicos nazcan porque así lo exige Cipriani. Le preocupa se hable de la elevación del sueldo mínimo. Le preocupa hasta el desvelo que haya peruanos que opongan a las empresas mineras trasnacionales que nos dejan hoyos colosales y ríos enfermos.

       Pero a la derecha no le preocupa que Humala haya producido uno de los volteretazos traidores mas espectaculares de la historia peruana, tan pletórica en felonías. No solo no le preocupa: usufructúa esa traición, parasita a ese traidor. Lo mismo hizo con Fujimori a quien convirtió en héroe de la imposición neoliberal y corrupta que luego Paniagua, Toledo, García y Humala han considerado un legado impertérrito. ¿Somos idiotas o solo gallinas? ¿No nos hemos dado cuenta de que el discurso monótono sobre el modelo económico liberal fue decidido por la fuerza por Fujimori y Montesinos, cuando la democracia estaba extinta, el congreso auténtico cerrado, el poder judicial bajo secuestro? Y ahora nos vienen a decir que ese modelo no se puede tocar, que a los cholos hay que abaratarlos aún más, que los intereses del país son los bancarios.

     Hay que decirlo: no vivimos en una democracia. Vivimos en el golpe de Estado vitalicio de una derecha que gobierna cuando gana, cuando pierde, cuando empata. ¿No se aburren? El Perù es como un mundial de futbol arreglado de antemano. No importa como juegues: el team de la CONFIEP, heterónimo de la vieja Sociedad Nacional agraria, ganara y se llevara la copa.

    No sé si a ustedes, pero a mi me harta vivir en un país de broma.

    Un país donde resulta que el presidente no cumple con el programa por el que fue votado y donde al final, ni siquiera es él quien gobierna sino un dúo vigilante conformado por su intrusa cónyuge y el omnipresente ministro de Economía, mandado por los grandes intereses.

     ¿No se aburren? Yo si. Me aburro y me asqueo. ¿Qué no hay otro menú que no sea el que decretan los Miro Quesada, los Graña Montero y los Rodríguez Larraín, esos panchos de voz guarapera atrincherados en «El Comercio»? ¿No es posible pensar en un país menos maniqueo, menos desigual, mas industrioso, más creativo, más protagonista? ¿No los aburre depender de los chinos? ¿No les da grima vivir vendiendo cerros? ¿No hay otra opción que ser un Potosí con claro y telefónica y canales de TV que parecen difundir un solo noticiero?

    Salvo excepciones (Francke, Durand, para citar sólo dos ejemplos próximos a esta revista) la izquierda ha decidido jugar el papel de rabona. Pregúnteles a los maoístas de la Derrama Magisterial si están involucrados en temas que no sean los fueros financieros y su margen de beneficios.

  Sostenemos este semanario, gracias a ustedes, lectores, porque creemos que páginas como estas son parte del escaso antídoto frente a la intoxicación general.

La derecha quiere que que pensemos que el Perú es inmutable, que el tiempo no existe, que el futuro será notarialmente sucesorio, que caminamos en círculos. Jamás aceptaré esa monserga. El Perú cambiará cuando los montes paran a un líder y no a un mequetrefe. Ese día que no será Armegadón sino del renacimiento, el Perú será un país. Porque si: no somos democracia ni somos país. La derecha no construye países sino bolsas de valores. No está en su ADN plantear el horizonte para todos. Después de examinar el colaboracionismo francés pro nazi, Sartre decía que sólo con su muerte dejaría de odiar a la derecha. Por eso soy sartreano. Y me viene a la cabeza pensar en quienes ya festejan que el gas peruano nutrirá las usinas de Chile situadas en terrenos robados al Perú y Bolivia. Se parecen aquellos limeños de alcurnia que presentaban a sus hijas a la alta oficialidad del ejército invasor en 1881. No fuera a ser que la ocupación se convirtiera en anexión.

  Pienso en todo esto y oteo el 2016. Qué desolación, cuántos fraudes disfrazados con la ayuda de una marquetería ilusoria, cuántos repitentes, cuántos mismos de sombras semejantes, cuántos ladrones. Francke, Pedro, ¿por qué no te animas? Desde aquí modestamente , te lanzamos

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