Niego…luego existo…

Apuntes para una Reflexión:
Rosa Marconi Natural romana1@live.com 

 
                                                 NIEGO, LUEGO EXISTO
                                                                                                              Por: Manuel Guerra
 
Es un recurso conocido que quienes detentan el poder manipulen los hechos, falseen la memoria colectiva, escriban la historia según convenga a sus intereses. Pero pocas veces se ha pretendido hacerlo de la manera tan torpe como en el Perú de hoy, al mejor estilo de una derecha verdaderamente bruta y achorada. Lo irónico es que la iniciativa de la Ley del Negacionismo no provenga de la jauría que componen personajes como Lourdes Alcorta, Rafael Rey, Cecilia Valenzuela, Fernando Rospigliosi, Hugo Guerra o Aldo M, sino de un gobierno cuya victoria se debió, entre otras cosas, a que contó con el respaldo de amplios sectores asqueados ante la posibilidad que retorne el fijimorismo y su estela de crímenes, corrupción, violación sistemática de los derechos humanos. Esto es insólito, pero a estas alturas ya nada puede sorprendernos de un gobierno como el de Ollanta Humala, capaz de cualquier cosa para ganarse la confianza de los poderes a los que sirve.

La derecha cavernaria viene trabajando desde hace bastante tiempo para lavarle el cerebro a la gente. Se aprovechó de la debacle del «socialismo real» para endiosar al capitalismo y proclamar la muerte del socialismo; del mismo modo sacó ventaja de la insania senderista para desatar la guerra sucia, meter en el revoltijo de terrorista a toda la izquierda y el movimiento popular. Pretendía esta derecha que toda su obra macabra pasara desapercibida, que las fosas comunes nunca fueran descubiertas, que torturas, desapariciones, crímenes extrajudiciales o secuestros fueran ignorados.

Y cuando empezó a salir la putrefacción esta derecha se puso más bruta y achorada que nunca y se esforzó por convertir en víctimas y héroes a quienes habían delinquido en nombre del Estado, contando con operadores políticos, mediáticos y judiciales para garantizarles impunidad. Por ello se sintió agraviada con las conclusiones de la CVR y se dedicó a desprestigiar a sus miembros, a quienes tildó de «caviares» que hacían juego al terrorismo. De esta ira no se salva ni la Corte de Costa Rica, organismo que imagina parte de una conjura destinada a perseguir sin razón alguna a sus preciados «héroes». No perdona esta derecha que muchos de estos «héroes» estén hoy tras las rejas, aunque gocen de escandalosos privilegios. Las acciones de Villa Stein para aminorar las penas y excarcelar a los miembros del grupo Colina son parte de este tinglado reaccionario.

Asistimos en el presente a una ofensiva en toda regla por parte de los sectores cavernarios con el propósito de imponer el autoritarismo y la intolerancia. Basta leer a Hugo Guerra de El Comercio  -quien clama para que se declare el estado de emergencia en todo el territorio nacional, se destituya a Gregorio Santos, se acuse a él y todos los dirigentes cajamarquinos por el delito de terrorismo, se aplaque a sangre y fuego a toda protesta popular-, para darse cuenta lo que pretende esta derecha bruta y achorada. Este proceso de reaccionarización está alimentado por diversas fuentes que operan en el mundo empresarial, en el Parlamento y el Ejecutivo, en las fuerzas armadas y policiales, en el Poder Judicial, en la jerarquía eclesiástica, los medios de comunicación, los sectores académicos e intelectuales, en la esfera de la cultura, etc, etc. No es poca cosa si tenemos en cuenta los inmensos recursos con que cuentan.

La burda Ley del Negacionismo no es un hecho aislado, sino parte de este proceso. Usando nuevamente a Sendero Luminoso, se trata de negar los hechos, imponer un pensamiento lineal, acrítico, adocenado, poner una mordaza para evitar expresiones disonantes con la verdad oficial, condicionar la mente de la población para que se trague el cuento que vivimos en el paraíso por obra y gracia del neoliberalismo. Y que quien dice lo contrario sea reprimido sin contemplaciones. La burguesía peruana vive de la negación: niega la historia, niega el porvenir, niega la capacidad de discernimiento de la gente, niega los derechos de la población, niega las enormes potencialidades de las masas para abrir un nuevo rumbo al país. Instaurada la república se negó a sí misma como clase dirigente y prefirió el servilismo al capital foráneo, convertirse en intermediaria de sus intereses y contentarse con migajas, y con ello negó las posibilidades de un desarrollo independiente para nuestra patria.

Corresponde desenmascarar y cerrarle el paso a estas maniobras reaccionarias, afirmar la más amplia unidad del progresismo y la izquierda, afirmar la lucha por la democracia, la soberanía , la defensa de nuestros recursos, afirmar que es posible un modelo de desarrollo independiente, en cuyo centro esté el bienestar de las personas en armonía con el medio ambiente.  

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