Los sofismas de Mulder…

¿HACIA DÓNDE LLEVAN LOS SOFISMAS DE MULDER?

Luis Miguel MARAVÍ ZAVALETA

26/V/2013      

En una entrevista aparecida el día de hoy en «Domingo», revista de La República, el Sr. Mulder, parlamentario aprista, se atreve a afirmar lo siguiente:«(…) El Apra es un partido democrático de izquierda (…) Los comunistas son de derecha, son reaccionarios, porque creen que todo lo puede hacer el Estado. Creen que lo que hay que hacer es que el Estado reparta, son asistencialistas. (…) El gobierno auténticamente revolucionario entrega de manera directa a los sectores desfavorecidos los recursos económicos» (p». 5 – 6).

Los sofismas de Mulder son peligrosos porque corresponden a la humeante cacofonía triunfalista que reinó en el país entre 2006 y 2011, ritmo monótono que no ha cesado todavía. En un país donde se consume «Mistura», «Combate» o «Esto es Guerra» los seudoconceptos mulderianos confunden, desinforman y atemorizan, tal como Alan García lo hace cuando denuesta al pensamiento vivo del Comandante Chávez (a veces hay gente que siente placer en injuriar a los difuntos) Siendo así, ¿acaso el ideal comunista no estaba bien muerto bajo los cascotes del Muro de Protección Antifascista? ¿Por qué tantos saltos si el suelo está presuntamente parejo?

Hay un criterio incorporado dentro de los métodos del Partido Comunista que dice: «Partir de la realidad, de los hechos concretos». Veamos: ¿existe en la actualidad algún sector desfavorecido al que se le haya entregado la administración de cierta rama de la economía y, por lo tanto, haya superado su condición de pobreza? …  ¡Maestros, contesten!… ¡Pescadores, hablen!… ¡Campesinos, respondan! … ¿Por qué se oye el silencio?

Si el epígono alanista – aprista  entiende por «entregar recursos a los sectores desfavorecidos» a la transferencia de dinero a gobiernos regionales para «hacer obra», a la intensificación del programa «Juntos», a las dudosas construcciones de colegios «emblemáticos» y hospitales registradas durante el quinquenio 2006 – 2011, pues no hay nada más asistencialista ni paternalista que ello. Y el socialismo, primera etapa del comunismo, con eso nada tiene que ver. Mas bien, una atenta lectura de los libros – recetarios  editados desde el 2004 por el Banco Mundial para el Perú nos advertirá la presencia de ciertos conceptos: empoderamiento de las comunidades locales, gestión participativa por resultados y rendición de cuentas. Todo bonito ¿Socialismo democrático? ¡Nada de eso!: es la orientación neoliberal de siempre, con menos Estado, pero más participación de las comunidades locales, en un presunto acto de respeto por su tradicional sentido de cooperación solidaria… para sufragar compartidamente los gastos de los servicios públicos. Allí está el caso del muerto viviente de la municipalización educativa, derrotado (nuevamente) por el SUTEP.

Si hay algo que los comunistas siempre han cuidado es la lectura del escenario real actual para no quemar etapas y romper la Línea de Masas. Lenin enseñó con el ejemplo cuando reconoció, con realismo, que todavía haría falta mucho tiempo para que el Estado desapareciese, bajo el comunismo. Ante el cerco y la animosidad de los países capitalistas vecinos, orientó correctamente la necesidad de un Estado fuerte, para defender y desarrollar las conquistas revolucionarias, estrategia que le sirvió a la URSS, bajo el liderazgo de Stalin, para derrotar al nazismo alemán y al militarismo nipón. En este sentido, la Unión Soviética aprendió la lección de la experiencia histórica de la Comuna de París, tal como más tarde lo harían otros países. La ruptura de la Línea de Masas por parte de las dirigencias soviéticas posteriores, originó el gigantismo estatista y otros problemas ideológicos y prácticos, que significaron el final de la Unión Soviética y del socialismo «real» en otros países. Pero la orientación estratégica leninista acerca del Estado no ha sido impugnada, como lo demuestran en nuestros días la resistencia socialista de Cuba y la RPD de Corea. En este último país, inclusive, las colectividades laborales, se dan el lujo de equiparse con gimnasios, periódicos y cafeterías propios. Solamente cuando la gente se siente dueña del suelo donde está pisando puede comenzar a soñar sobre su futuro. Tal vez por allí debería empezar a cumplirse el ideal de una sociedad educadora: el lugar cimero de la educación en los países socialistas lo demostró y sigue demostrando.

De ser posible la recusación de la tesis leninista sobre el Estado, ¿quién sería el portavoz? ¿El anarquismo, que pretendía (o pretende) la destrucción inmediata del Estado y, por ende, la disgregación de las sociedades humanas en manadas o robinsones? ¿O el neoliberalismo, su hermano gemelo por las consecuencias que trae aparejadas, orientadas al predominio mundial del imperialismo? ¿Cuál es la posición por la que apuesta el APRA? Dudo mucho que sea por su matriz anarquista: nada une al APRA con el pensamiento de Don Manuel González Prada, de quien Haya de la Torre se sentía discípulo. A la luz de lo ocurrido entre el 2006 y el 2011, partiendo otra vez de los hechos, la respuesta es clara, ¿verdad?

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