La deuda, el proceso constituyente y el socialismo…

Sutep Trujillo
De: Hans Mejia <hansmejiaguerrero@gmail.com>

La deuda, el proceso constituyente y el socialismo

Cinco años después del estallido de la crisis, el paro, el deterioro de los servicios públicos y los salarios de 800 € asfixian a las familias. La corrupción de políticos y empresarios ha llegado a ser un elemento más del paisaje.  Y los ricos se hacen más ricos. ¿Qué alternativa se puede proponer? Algunos ven la respuesta en un Proceso Constituyente. Semejante al que aupó al gobierno a Rafael Correa en Ecuador. En el artículo examinamos los pros, contras y las limitaciones de dicha propuesta.

 1. Demasiadas mercancías para tan poco salario

A diferencia de las crisis que asolaban a las poblaciones de Europa en el siglo XVIII, en las que una sequía imprevista, la peste negra o una plaga como la que asoló Irlanda en 1845, cuando los estragos producidos por el “tizón tardío” en la cosecha de patatas diezmó a una cuarta parte de la población, la crisis actual no tiene sus raíces en una disminución drástica en la producción de alimentos o mercancías.
De hecho, en nuestro país, las inversiones no dejaron de acudir en masa en el periodo previo a 2008.[i]  Pero quienes determinan qué y cómo invertir son actores privados, guiados por la óptica del beneficio a corto plazo. Algo de sobra conocido en nuestro país. Tras la ley del suelo de 1999, ayudados por la caída posterior en las tasas de interés, los inversores privados acudieron en masa a invertir al sector inmobiliario. El negocio en alza fomenta la especulación: unos precios de los pisos en permanente aumento atraen a numerosos capitalistas. Se construyen millones de casas. Pero la gente es incapaz de pagarlos con sus salarios. Algo que se intentó resolver facilitando el endeudamiento hipotecario. Pero eso no hizo más que aplazar y agravar el problema: hoy tenemos más de 3 millones de casas vacías y decenas de familias desahuciadas al día.
En un discurso ante el FMI, el antiguo asesor de Obama Larry Summers declaraba: “tal vez no podamos crecer sin crear burbujas.” Y aunque “la escasez de confianza, la escasez de préstamos y la escasez de consumo sólo se soluciona con burbujas” (…), “increíblemente, ni siquiera una gran burbuja fue capaz de producir excesos en la demanda agregada“.[ii]  Y es que en la economía de mercado los inversores están en guerra entre sí. No se invierte en función de las necesidades sociales, de lo que el mercado es capaz de asumir, si no en base a un beneficio posible. Por eso se crean excesos de producción en sectores que tienen potencial de crecer a corto plazo. Pero el exceso de inversión, que no tiene correlato con el consumo real, hace que estos mismos sectores “burbuja “que enriquecían a los “nuevos ricos”, lleven a la ruina, tras el estallido a cientos de miles de personas que trabajaban en ellos.
Para los empresarios, el salario de los empleados, fuente de riqueza, es una “carga” en las cuentas de la empresa. Azuzados por la competencia, los capitalistas intentan disminuir al máximo los costes. El salario directo – la nómina-, y el indirecto, que se paga al estado para mantener los servicios públicos y el funcionamiento del estado, son parte de dichos “costes”. Por otro lado los empresarios quieren mantenerse en la carrera por el mercado. Y eso implica cerrar departamentos poco rentables. Introducir nuevas máquinas que precisarán menos empleados. Implica en definitiva producir cada vez más, inversiones más grandes. ¿Resultado? Una producción creciente, y unos salarios menguantes. Pero como los salarios son la base del consumo, con el tiempo se acumulan las mercancías y la gente no puede comprar. Son las crisis de sobreproducción.

En 2013, por primera vez los 17 millones de trabajadores españoles obtuvieron menos riqueza que unos pocos cientos de miles de propietarios de empresas e inversores: el 44.6% del PIB frente al 46.3%.[iii]Como vemos en el siguiente gráfico, la participación de los trabajadores españoles en el reparto de la riqueza nacional anual, el PIB, no ha dejado de disminuir:

Fuente: AMECO.

El economista Nouriel Roubini, famoso por anunciar en el FMI la crisis dos años antes de su estallido, reconoce:”Karl Marx tenía razón, (…) Pensamos que los mercados funcionaban. No están funcionando. Y lo que es racional individualmente, que cada empresa quiera sobrevivir y prosperar, significa recortar aún más los costos laborales. Mis costos laborales son los ingresos laborales y el consumo de otros. Por eso es un proceso autodestructivo[iv] Aunque el empresario individual gane más dinero eliminando convenios o despidiendo trabajadores, el resto de capitalistas hacen lo mismo. Y cuando llega el “stop” y las ventas se vuelven difíciles lo intentan resolver bajando los precios, disminuyendo por tanto el margen de beneficio, lo que les llevará nuevamente a presionar a la baja a los salarios… Una espiral destructiva.

“La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad”, pensaba Carlos Marx. Y en 2013, cuando millones de trabajadores, sin trabajo, sin salario, con deudas, son incapaces de comprar los fármacos, la ropa o incluso la comida, no podemos dejar de estar de acuerdo.

¿Será posible romper este círculo vicioso sencillamente aumentando los salarios? Marx se planteaba dicha cuestión en 1867: «las crisis van precedidas siempre, precisamente, de un período de subida general de los salarios, en el que la clase obrera realmente obtiene una mayor participación en la parte del producto anual destinada al consumo. (…) Esto quiere decir, pues, que la producción capitalista implica condiciones independientes de la buena o la mala voluntad de los hombres, que sólo dejan un margen momentáneo a aquella prosperidad relativa de la clase obrera, que es siempre, además, un pájaro agorero de la crisis[v]

Tras la II Guerra Mundial, los capitalistas, temerosos del “ogro rojo” que representaba la URSS y del pujante movimiento obrero, se vieron obligados a realizar concesiones. El llamado “estado del bienestar” fue por un lado una concesión de los capitalistas para evitar el mal mayor de una posible revolución (con las consiguientes expropiaciones), y una forma de apaciguar, adaptar al movimiento obrero. La subida salarial en el periodo de postguerra no evitó la crisis 60 años después. ¿Porque? Al intentar “hacerse” con esa capacidad de consumo extra que tenían los trabajadores, vendiéndoles mercancías y servicios, los empresarios ponen en marcha disminuciones salariales para ganar la competencia con las empresas competidoras, cierre de empresas y sectores no rentables, despido de trabajadores al introducir nueva maquinaria. En definitiva: producirán más empobreciendo a los trabajadores. La subida salarial, por tanto, no evita -más que temporalmente- el estallido de las crisis.

2. Una economía dominada por grandes empresas

2.1 El 20% del PIB son beneficios empresariales

Es bien conocido que detrás de las reformas laborales, de los recortes en los servicios se encuentran las mayores fortunas. ¿Pero quién domina exactamente la economía -y la política-? En España, menos del 0,5% del censo empresarial, unas 5.000 grandes empresas, emplean más del 40% de la fuerza de trabajo asalariada[vi] y obtienen en torno al 80% de los beneficios.[vii] De los 17 millones de asalariados, en torno al 40% estaban empleados en empresas de más de 250 trabajadores, y menos de mil empresas empleaban a más de 3,6 millones.[viii]

Las ganancias de las sociedades capitalistas han llegado a alcanzar, en lo que se refiere a beneficios declarados en torno al 20% del PIB (220.000 millones de euros en 2006). Una cifra que podría fácilmente doblarse si se tiene en cuenta que los principales responsables del fraude fiscal son las grandes empresas, cifrado según los técnicos de hacienda en 42.000 millones anuales.[ix]

En 2012 las compañías del IBEX repartieron entre sus accionistas 26.800 millones de €: el 65% de los beneficios obtenidos por las empresas. Una auténtica sangría de la riqueza generada por millones de trabajadores diariamente, que no irá a crear trabajo, si no a engordar las abultadas carteras de los grandes accionistas.[x]

Estas grandes empresas, con la pirámide de subcontratas que les acompaña, tienen un gran peso en la economía. En gran parte son quienes determinan el precio de las mercancías, quienes con sus decisiones de deslocalización asolan regiones enteras, debido al impacto en el empleo indirecto y en los servicios públicos de estas empresas.

Pese a una opinión generalizada que señala a los bancos como los principales responsables de la crisis, la élite empresarial aparte del capital financiero está compuesta por telefónica, REPSOL, constructoras,  sector textil, la venta de inmuebles, alimentación…[xi]

2.2 Las empresas se van de negocios                                                               

Las empresas españolas del IBEX obtienen el 62,4% de su cifra de negocios en el extranjero.[xii] De hecho es la parte del negocio que más crece, debido a la raquítica capacidad de consumo en España. No es pues de extrañar la agresiva política de los sucesivos gobiernos del PSOE y del PP hacia los países de América Latina que deciden aumentar los impuestos a las empresas españolas, o nacionalizar los sectores.

Y si bien más de la mitad del negocio de las empresas españolas se encuentra fuera, no es algo necesariamente bueno para el empleado español.  El ministro de economía, Luis de Guindos, afirmaba en 2012 que “España está haciendo lo que Alemania hizo hace 10 años“. Gerhard Schroeder resumía esos “deberes bien hechos” en Davos en 2005: «Hemos construido uno de los mejores sectores de bajos salarios de Europa. (…) Señoras y caballeros, este programa que hemos instaurado a pesar de la fuerte oposición de la sociedad, comienza a aportar sus frutos, en adelante, y durante muchos años, no tendremos en Alemania crecimiento de los costes salariales por producto. Podemos presentar resultados de exportaciones en el plano de la competencia internacional que son un signo de fuerza. Porque, en un periodo de estancamiento, hemos ganado mercado en vez de perderlo»[xiii] Exportar más bajando los salarios. Exportar más que tus competidores. La receta anti-crisis, “el plato de la casa” de la UE.

Pero ese éxito corre el riesgo de convertirse en su contrario: no todos los países pueden ser exportadores, algunos deben importar. La OIT lo reconocía en 2012: “la estrategia de reducción de costes laborales, una recomendación frecuente en términos de política interna para países en crisis y con déficit en su cuenta corriente, podría correr el riesgo de deprimir el consumo interno más de lo que aumentan las exportaciones. Si se buscan reducciones competitivas de los salarios en forma simultánea en un gran número de países, esto podría llevar a una «carrera hacia el fondo» en la participación del trabajo, reduciendo la demanda agregada.”[xiv]

Tal vez no sea muy provechosa esa estrategia para los trabajadores españoles. ¿Tal vez para los países donde se invierte? Hoy, los países en vías de desarrollo son más pobres en comparación con los ricos que hace 50 años. El Informe de Desarrollo mundial de UNICEF no deja lugar a dudas: “A esta velocidad, llevaría más de ocho siglos (855 años para ser exactos) que los mil millones más pobres del mundo alcanzaran el 10 % del ingreso global.”[xv]

Las inversiones de las grandes empresas no ayudan a paliar las diferencias: las aumenta, fruto del trasvase de las rentas a los países de origen de estas grandes empresas. En 2006 la ONU reconocía que:“El aumento de la desigualdad en el mundo se puede explicar en parte por el proceso de globalización (…) por imperfecciones que caracterizan a los mercados mundiales y que se tratan de manera ineficaz por las políticas y las leyes mundiales”.[xvi]

Las situaciones son por tanto bien distintas entre los diversos países. Las naciones poco desarrolladas hacen una transferencia constante de riquezas hacia Europa y EEUU, que va a parar fundamentalmente a manos de la clase propietaria. España está entre los países que se benefician de estas transferencias. Es un país imperialista.[1]

3. Democracia, República y cambio de modelo

3.1 El peso de la historia

En 1789 la Revolución Francesa da el pistoletazo de salida a un siglo dominado por transformaciones radicales en Europa. 1820, 1830, 1848… las sucesivas monarquías caen o son transformadas bajo el ímpetu revolucionario de las masas, dirigidas por la naciente burguesía comercial.  En opinión de Marx y Engels, las trabas que imponía la sociedad feudal al desarrollo de la producción, eran la causa de las revoluciones burguesas: “los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal. Al alcanzar un cierto grado de desarrollo estos medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla.”

España llegó tarde al desarrollo industrial comparado al resto de las naciones del norte europeo. Durante mucho tiempo el retraso considerable puso en primer plano la necesidad de actualizar el modelo económico y social. [2],[3]La herencia feudal debía dar paso a unas relaciones mercantiles capitalistas.

Azuzado por la crisis económica y por el movimiento obrero, el gran capital, a partir de los años 1920, comienza a apoyarse en partidos fascistas. En 1923, el patrón de la industria siderúrgica alemana Stinnes explica ante el embajador de EE.UU. su apoyo al partido de Hitler: “Tenemos que encontrar un dictador que tenga el poder de hacer lo que sea necesario. Un hombre que hable el lenguaje de la gente y que sea él mismo un civil, tenemos a ese hombre.”[xvii] Los partidos fascistas, una vez llegados al poder, eliminan las elecciones, prohíben los partidos, sindicatos, huelgas. La socialdemocracia, el partido más influyente entre los trabajadores en la época, evita un frente común con el Partido Comunista. Apenas un mes antes de su prohibición y el encarcelamiento de miles de militantes, el SPD alemán votaba a favor del golpe del partido Nazi en el Reichstag.

En ese contexto, en 1935, el VII Congreso de la Internacional Comunista hará un llamado a una amplia unidad frente al fascismo, basada en la unión sindical y de los partidos obreros, junto con las otras clases sociales que objetivamente eran dañadas por las dictaduras fascistas.[4]

Sin haberse desembarazado del todo del retraso histórico, los años 1930 vieron nacer la lucha contra el fascismo español e internacional en la Guerra Civil española. Bajo el gobierno del frente popular se alcanza una amplia unidad sindical y una victoria electoral en el Frente Popular, que reúne al Partido Socialista, el Partido Comunista, partidos de la pequeña burguesía como el Partido Republicano e incluso sectores de la CNT. Como muestra de la necesidad del frente único se forma la JSU, unión de las juventudes socialista y comunista. Es la política del Frente Único para derrotar al fascismo.

Las vacilaciones del gobierno republicano a la hora de depurar a los conspiradores de la cúpula militar, que se acabarían sublevando el 18 de Julio, de expropiar a los terratenientes[5]… junto al apoyo de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini, dejan en una situación difícil a la II República. Sometidos al embargo de armas de Francia e Inglaterra y EEUU, la resistencia republicana marcaría un hito en la historia.

Pero por otro lado, el gobierno del frente popular, que duraría 5 meses hasta el golpe fascista del 18 de Julio, y los 3 años de resistencia, dejarían en la conciencia colectiva una vinculación de República a progreso social. Por más que desde la clase dominante se intente asociar a caos y guerra: el derecho al voto de la mujer, al divorcio, la creación de 10.000 escuelas en un país con un 38% de analfabetismo, el impulsola legislación laboral, lamayor autonomía de Cataluña, Galicia y Euskadi… son sólo algunas de las conquistas de la II República.

3.2 La democracia en un triste estado

La derrota del fascismo, permitió que tras la II Guerra Mundial, se incorporasen derechos sociales y políticos a la Declaración Universal de Derechos Humanos. Derechos que seguramente serían tildados de populismo por los gobiernos de la UE:  “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.”[xviii]

Hoy, 68 años más tarde, las conquistas democráticas de la clase trabajadora se deshacen como un castillo de naipes. Desaparecidas las primeras experiencias socialistas en los países del este Europeo y Rusia, el movimiento obrero recibió un duro golpe en Europa occidental.

Apenas un mes después de que los barrenderos de Madrid, tras 2 semanas de huelga, consiguiesen evitar más de 1.000 despidos, el gobierno del PP prepara una ley con el objetivo de restringir las huelgas. En apenas un año, se penaliza animar a acudir a manifestaciones por internet, fotografiar policías en las concentraciones, manifestarse delante del parlamento…

El derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, el derecho al aborto, son cuestionados por los sectores más reaccionarios de la iglesia y del PP.

La democracia en el capitalismo se restringe al derecho al voto cada 4 años. Mientras tanto, los lobbies, al servicio de las grandes empresas influyen en la creación de leyes: en el barrio Europeo de Bruselas, 10.500 lobbistas trabajan para moldear a 732 parlamentarios europeos.[xix]  Son el poder detrás de la sombra. La democracia del lobby no existe para cuestionar los recortes, las guerras -como vimos en Irak -, o los despidos.

Los consejeros políticos crean mucho valor para las empresas por el mal tipo de razones, es decir, proporcionando una vía de acceso privilegiado al regulador“, afirma un investigador de FEDEA. Los políticos, no sólo han estudiado en numerosas ocasiones en las mismas universidades privadas que la élite económica. Cuando acaban su “función pública” cumplen fielmente la tarea de “facilitar” los negocios de las grandes empresas. Es la famosa “puerta giratoria”: 20 exministros y 2 expresidentes están hoy a sueldo de las grandes compañías.

4. Inmensas posibilidades

Responsabilidad histórica en las emisiones de CO2, por continentesEl hombre es el principal responsable del cambio climático. Pero han sido el último siglo, y en especial las últimas 4 décadas, con el desarrollo del capitalismo, cuando más han crecido las emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero.[xx] Europa y EEUU son los principales responsables, con unas emisiones históricas mucho mayores que el resto de las naciones.[xxi] The economist reconocía que el mercado es incapaz de hacer frente al problema, no se trata de enfrentarlo,”el mundo debe prestar más atención a cómo vivir con él”.

¿La solución? Des hace años existe un mercado del CO2 en el que las empresas que más contaminan pueden vender sus cuotas. Al precio de 150 € la tonelada, los expertos calculan que se podría frenar el aumento de CO2 forzándolas a investigar vías alternativas. Algo que acabarían repercutiendo al consumidor. Pero, fruto del exceso de oferta, pagan actualmente… ¡3 euros la tonelada de CO2![xxii]

Sin embargo, las posibilidades de hacer frente al cambio climático, son inmensas: transferencia de tecnología entre estados y empresas, inversiones en tecnologías de baja producción de CO2, renovables, aislamiento de los hogares… ¡El 0.3% de la luz solar del Sahara podría cubrir la energía limpia a Europa!.[xxiii] Pero nada de esto es rentable. Las investigaciones sobre energías limpias son puestas en segundo plano por las empresas energéticas. Y no es por falta de beneficios. La transferencia de conocimientos de tecnologías de bajo consumo energético es inexistente: las patentes son una fuente de beneficios. Las empresas sólo dejan de contaminar bajo sanciones. ¿Imposible una investigación que no de dinero a corto plazo? En el CERN, en Suiza, 2.400 físicos de todo el mundo han colaborado en un proyecto interestatal, sufragado con dinero público, sin patentes ni beneficios. 14 años después del inicio de su construcción, el descubrimiento del Bosson de Higs, que muchos científicos creen que podrá resultar en nuevas tecnologías en unas décadas, es su fruto. “Un buen ciudadano es aquel que colabora con otros cuando es necesario, y no alguien que se construye a costa de los demás” decía el creador del sofware libre, Richard Stallman, que hoy se usa gratuitamente en cientos de empresas y servidores como Google.

Cuba tiene un PIB per cápita que aproximadamente diez veces más bajo que los países de la OCDE, a nivel mundial está en el puesto 75. Pero su Índice de Desarrollo Humano es comparable al de Bélgica, un país conocido por tener uno de los mejores sistemas sociales y de seguridad del mundo y mejor que el del Reino Unido.[xxiv] Brasil, uno de los países más ricos del continente, se ha visto obligado a solicitar 4.000 médicos cubanos -y de otras naciones- para que den atención médica en sus pueblos pobres del interior. Más de 16.000 médicos cubanos cubren servicios en países del tercer mundo.

La democracia en Cuba se vive en cada empresa, en cada barrio, en las universidades. Las reformas económicas y sociales, los derroteros del país, se discuten en millones de asambleas de base, donde se expresan todas las opiniones. Y esas opiniones marcan el rimo de las transformaciones. El dinero y los lobbies no pueden influir en el proceso. El programa de reformas de 2013, fue discutido “por 8.913.838 personas en más de 163 mil reuniones efectuadas en el seno de las diferentes organizaciones, registrándose una cifra superior a tres millones de intervenciones.” En base a esas opiniones “dos tercios de los lineamientos (NDT: propuestas iniciales), exactamente el 68%, fueron reformulados.”[xxv]

Las primeras experiencias socialistas[6]se han desarrollado en naciones que han debido enfrentar graves problemas de subdesarrollo económico, de atraso histórico, de sangrantes dictaduras e invasiones. En su caída, presiones externas aparte, influyeron el abandono progresivo de la ideología por sus dirigentes, una democracia de base poco desarrollada, un desarrollo económico no equilibrado… Pero pese a sus limitaciones, el socialismo en la URSS transformó un país semifeudal en la segunda potencia económica mundial en apenas 30 años, logró por primera vez en la historia derechos para los trabajadores (vacaciones, paro, maternidad…), instauró un sistema social (sanidad, educación y vivienda gratuita), ayudó a la liberación de millones de personas de los países coloniales…

Europa vive otra situación. La riqueza acumulada, que se basa en gran parte en el trasvase histórico desde las colonias, es increíblemente mayor al resto de países del mundo. Una riqueza que se podría poner al servicio del desarrollo ecológico, del cuidado a los ancianos, del desarrollo de las economías más débiles, del trasvase de los conocimientos científicos… Según la FAO la cantidad a invertir para erradicar el hambre en el mundo es muy modesta, 24.000 millones de dólares: el 0,004% de la facturación del mercado de derivados financieros.[xxvi] Es increíblemente difícil imaginar cómo cambiaría la realidad de millones de personas, dentro y fuera de nuestros países, si la lógica de mercado cambiase por la lógica de los trabajadores. Si la riqueza social se destinase a mejorar la calidad de vida, no a enriquecer accionistas.

Una gran cantidad de la investigación es desarrollada por investgaciones públicas, incluso una parte importante de la que registran como suyas las empresas.xxvii]. ¿Qué inmensas posibilidades se abrirían, si libres de patentes, las investigaciones fueran dirigidas por el interés social? ¿Si miles de científicos, que hoy no pueden estudiar por falta de dinero o deben emigrar en busca de un trabajo, trabajasen en empresas, planificando las investigaciones a desarrollar sin que deban dar un beneficio económico?

Las guarderías públicas, la sanidad gratuita, la cobertura por accidente, las pensiones que permitan vivir sin estrés tras una vida de trabajo… Esas realidades, conocidas parcialmente en Europa durante 20 años, son sólo la punta del iceberg de lo que se podría hacer si la prosperidad económica se pusiese al servicio de las necesidades sociales. 

La voz de la calle, la gente organizada, debería poder decidir los derroteros esenciales de la sociedad. La democracia real es la que permite que, independientemente de tu trabajo, de tu posición social o de tu dinero, tengas posibilidad de decidir sobre el rumbo de las reformas, sobre los ritmos de trabajo, sobre el reparto de la riqueza, sobre qué dirección toma la sociedad. El socialismo, es inconcebible sin una democracia real, de base, masiva, basada en la organización de millones de personas, donde todas las ideas se puedan expresar, discutir y, donde la opinión y el debate, sea decisiva.

A diferencia de las empresas públicas gestionadas burocráticamente que conocemos, las empresas socializadas, su día a día y su derrotero general, deberían ser discutidos por parte de sus trabajadores, de los ciudadanos…

5. Etapa intermedia o propuestas intermedias

Los trabajadores despedidos, los sindicalistas, las mareas, las organizaciones sociales, aquellas creadas tras el 15 M… discuten qué hacer. ¿Cómo unir a la gente más allá de las movilizaciones concretas? ¿Cómo unir las distintas luchas? ¿Cómo lograr evitar seguir pagando los platos rotos de la crisis?

Algunos plantean que se debe recuperar el programa unitario del Frente Popular, que fomentaba una democracia lo más amplia posible con derechos sociales y económicos muy avanzados para la época. Es evidente que la unión de quienes pretenden transformar la sociedad, tal vez uno de sus principales méritos, no puede dejarse en segundo plano. Pero el frente popular no se puede desligar de su contenido, de las bases sobre las que se construyó. Es evidente que la situación de entonces es bien distinta, que hoy el fascismo no ha pasado a primer plano, que los terratenientes ya no son el principal obstáculo para el progreso de la sociedad como lo eran en los años 30. Hoy los problemas fundamentales que enfrentamos no pueden resolverse sin poner en cuestión los beneficios y la propiedad de las grandes corporaciones, prácticamente inexistentes en España de la época. Aun así no podemos olvidar que el Frente Popular, era, en la idea de sus promotores, la mejor manera para hacer avanzar la lucha de los trabajadores hacia la revolución socialista en aquella época.[7]

América Latina es quizás el continente que con más ímpetu está transformando la realidad. La “revolución ciudadana” de Rafael Correa, el gobierno de Evo Morales o el proceso bolivariano de Venezuela, están transformando el continente, sacando a millones de personas de la pobreza y dando derechos y voz a los pueblos indígenas. Muchos, en Europa aspiran a realizar los cambios de la misma manera. Frente al Chile de Allende o la II República española, ahogados en sangre, estos procesos parecen avanzar sin golpes de estado. Al menos allí donde se logran consolidar. Porque la experiencia de Honduras, el golpe de Venezuela en 2002 o los muertos tras las últimas elecciones en dicho país… muestran las caras de la reacción. En todo caso parece que la negra experiencia de décadas de dictaduras militares sangrientas en la década de los 70 y 80, tiene un peso en los pueblos latinoamericanos, y EEUU y la burguesía no tienen la misma facilidad de ahogar en sangre los intentos de cambio.

¿Representarían estos ejemplos algo distinto al capitalismo y al socialismo? En realidad los procesos latinoamericanos están intentando romper con la relación de dependencia de las grandes potencias. Viven una realidad bien distinta a los países europeos. Y por tanto las tareas, las alianzas y las etapas a atravesar son distintas.[8]América Latina debe sacar de la pobreza a millones de personas. Muchos países, desindustrializados, carecen de una infraestructura mínima. El hecho de que estos procesos, objetivamente, utilicen al mercado para el desarrollo, que lo esencial de su economía no sea pública, que haya una parte de la burguesía que se beneficia de los programas de desarrollo (la “boliburguesía“), también juega un papel en las posibilidades de utilizar al Estado, sin transformaciones radicales del mismo. Algo que a su vez supone un freno, ya que esa estructura no está adaptada a la participación popular, es ineficiente y burocrática.

Pero hablar de socialismo, incluso en Venezuela, es obviar que el mercado sigue jugando un papel central y que la mayor parte de los sectores productivos no se han nacionalizado, a diferencia de Cuba.[9]No es de extrañar que Venezuela se vea expuesta a los riesgos de una economía dependiente, con dominio del mercado. El gobierno de Maduro enfrenta una dura situación provocada por un increíble aumento los precios de muchos productos, hasta del 300%, debido a que la  burguesía venezolana se ha dedicado a importar productos en vez de producirlos.[10]

Cada país tiene su proceso histórico, un desarrollo político y económico particular. Y las tareas que los revolucionarios se plantean pueden ser distintas. Los procesos históricos recientes de cada país juegan un papel.[11]Pero en la industrializada Europa, el principal escollo para el desarrollo económico y social es la propiedad privada de los grandes grupos empresariales. La planificación, de hecho ya existe a escala planetaria: unas pocas multinacionales, con la pirámide de decenas de miles de subcontratas que les proveen, organizan la producción, ensamblaje y venta de las mercancías a lo largo de los 5 continentes. Pero esta planificación, no es democrática, y se utiliza para aumentar el mercado. Poner esta planificación  -del mercado- al servicio de la población, de los trabajadores, es un elemento clave del proyecto socialista. [12]

A diferencia de países en vías de desarrollo, en España la clase obrera es la mayoría de la sociedad. Si excluimos la población inactiva -estudiantes, labores hogar, pensionistas…- y los menores de edad, obtenemos la cifra de 17 millones de trabajadores asalariados. En España los trabajadores son la mayoría de la población, las grandes empresas obtienen el 60% de sus beneficios exterior, y nuestro país participa en las aventuras guerreristas de la OTAN. Desde un punto de vista objetivo, no parecen ser necesarias “etapas intermedias” entre la sociedad al servicio de los empresarios (capitalismo) a la sociedad al servicio de los trabajadores (socialismo).

Y a veces olvidar este punto de vista, intentado crear etapas intermedias, en alianza con sectores “progresistas” que incluyan a un sector del empresariado, puede llevarnos a justificar todo tipo de alianzas (con la socialdemocracia), o a olvidar reivindicaciones clave (nacionalizaciones pej). El hecho de no exista una correlación de fuerzas favorable a las conquistas por parte de los trabajadores, de que la iniciativa esté en manos de la CEOE, no debería hacernos perder de vista los principios. Porque la vía opuesta, la de eliminar del programa las políticas que toquen el bolsillo de la élite económica, la política de “el mal menor“, que lleva promoviendo la socialdemocracia desde hace 30 años, es la de “hacia peor, poco a poco“. ¿Por qué deberíamos gestionar nosotros la austeridad de la que no somos responsables? ¿Participar en gobiernos que no están constituidos para confrontar con la lógica del mercado, con la austeridad, con el déficit público como único eje?

Las transformaciones sociales no vienen del paso gradual de un sistema social a otro, si no de convulsiones, de momentos revolucionarios. Pero para acumular fuerzas para el cambio hace falta un programa que partiendo de los problemas concretos de la gente, intente dar soluciones, incluso dentro del marco actual. Y eso implica confrontar con los intereses y beneficios de las grandes empresas.

En todo caso lo que puede ser correcto desde un punto de vista a medio plazo (no hay etapas intermedias), puede no serlo a corto plazo. ¿La reivindicación, pura, del socialismo nos acercará a dicho objetivo? ¿Ante cada problema debemos poner en primer plano dicha reivindicación?

Los medios de comunicación, en manos de unas pocas decenas de familias, los contenidos de los planes educativos, de los grandes grupos de opinión, de los lobbies, dificultan al extremo que una gran cantidad de trabajadores cuestionen la propiedad privada sobre las grandes empresas. Tampoco facilitan el conocimiento de las alternativas, de las experiencias de las primeras sociedades socialistas (con sus errores y sus aciertos)… La libertad de expresión es formal, en realidad existe un monopolio comunicativo en manos de unos pocos grandes inversores. Por eso es necesario que quieres pretenden transformar la realidad se organicen, para facilitar la toma de conciencia.[13]

La experiencia muestra que las transformaciones sociales, los procesos revolucionarios, son el fruto de la organización y el heroísmo de cientos de miles de personas en situaciones muy convulsas. La repetición de las “grandes verdades”, reiterar la necesidad del socialismo a cada paso, por sí solo no logran movilizar a millones de personas, hace falta que la gente se haya convencido en carne propia de la necesidad de un cambio. [14]

Por eso, las reivindicaciones que se hacen en cada momento, la orientación que se da a las mismas, son determinantes para aumenten la fuerza de la población a la hora de enfrentar la lógica del mercado, o para frenarla con concesiones. Por eso las reivindicaciones que van en una dirección opuesta a la austeridad, pueden servir para promover la idea de la vuelta a la situación previa a 2008 (cosa que por otra parte la élite empresarial, a la ofensiva no está dispuesta a conceder), o a acumular fuerzas para futuras rupturas.

5.1 Proceso constituyente, ¿al servicio de qué clase?

La consigna sobre el proceso constituyente puede ser “rellenada” de muy distintos contenidos. El hecho de buscar líneas de fractura dentro del sistema actual, podría ser una herramienta útil, mientras los gobiernos recurren a medidas autoritarias, cuando desaparecen los derechos elementales de libertad de expresión y organización. Pero ¿Qué contenido dar al Proceso Constituyente? Porque, al fin y al cabo dicho proceso, sería la forma, no el contenido de la propuesta de cambio.

La experiencia de la transición tras el franquismo, en la que los pilares del poder de las clases poseedoras no fueron cuestionados, ni siquiera tambaleados, en que la memoria histórica pasó a segundo plano, es un ejemplo negativo en la historia reciente. Abandonar principios justos por mor de una “estabilidad social” hizo, en realidad, retroceder. Hoy, sin la URSS, con el movimiento sindical debilitado, los llamados a la “estabilidad social” son vistos con sorna por quienes recortan derechos. 20 años de “transición” resultaron en un movimiento obrero más débil para enfrentar la desaparición de una “paz de clases”, que en realidad era una tregua.

Los gobiernos de “progreso” en los años 1980, que basados en un alianza de los PC con la socialdemocracia intentaron “asentar las conquistas” y “transitar progresivamente hacia el socialismo”, conocidas en Francia bajo el nombre de “izquierda plural”(PS-PCF-Verdes-MDC) , el “compromiso histórico” de Italia del PCI, que había descubierto “un nuevo concepto de partido”, han mostrado su fracaso. Las privatizaciones se sucedieron a vertiginoso en Francia y el movimiento sindical no se fortaleció. En Italia llevó a la práctica disolución a las fuerzas de izquierda.[xxviii] La participación en gobiernos de coalición no tenía como objetivo la confrontación, y en un periodo en el que las luchas de los trabajadores no iban al alza, no tomaron – ni podían tomar- medidas radicales.

Mis amigos y yo hemos sido mimados por un Congreso favorecedor de los multimillonarios” decía el estadounidense Warren Buffet, el hombre más rico del mundo.[xxix] El estado no es neutral en la lucha de clases. Y no puede ser de otra manera: o se hace política al servicio de los multimillonarios, o de los trabajadores. Porque sus intereses se oponen. Los breves periodos históricos en que se reparte la carga, no son sino la consecuencia de una lucha tenaz por parte de los trabajadores. Pero cuando llega la crisis, ya ni siquiera eso vale.

Y el proceso constituyente no puede dejar este debate al margen, si quiere romper con “el congreso al servicio de los multimillonarios” debe poner en primer plano políticas que les hagan pagar por la crisis que han provocado. “La lucha de clases existe, decía Buffet, pero es la mía, la de los ricos, la que la está haciendo, y estamos ganando“.[xxx]

Las formas democráticas están desapareciendo a un ritmo vertiginoso. Pero millones de personas siguen confiando en que el Parlamento como un organismo de soberanía popular. Es evidente que ese altavoz debe seguir usándose.[15]Oponer las formas democráticas, las conquistas logradas a su deterioro muestra las contradicciones del sistema.  Pero de ahí a “dulcificar” el papel de las instituciones, que al final responden a los intereses de unas clases sociales, hay un salto. Y en esa delgada línea, en esa cuerda floja, está el carácter de la reivindicación. Poner en primer plano la táctica (constituyente), por encima del contenido se puede convertir en la justificación de lo existente.

Por otro lado, olvidar algunas reivindicaciones para alcanzar mayor consenso social, al menos a corto plazo, tampoco asegura que el proceso sea más duradero, ¿Qué pasará si no se acepta el resultado del proceso constituyente? Al fin y al cabo si la UE amenaza con sanciones, si las empresas deslocalizan, la disyuntiva seguirá siendo parecida: o se olvidan las propuestas clave, o se avanza. No es lógico pensar que las clases poseedoras no pondrían resistencia.[16]Por eso el discurso con el que se llegaría al proceso constituyente, podría, bien haber fortalecido esta correlación de fuerzas, o haber sido un castillo de naipes.

                                                                                                                                                 

6. Una estrategia, el socialismo, necesita un programa de ruptura

En los países del sur Europeo cualquier proceso soberano al servicio de la mayoría deberá integrar el impago de la deuda responsabilidad de los especuladores que se enriquecieron en la burbuja, de los intereses usureros de los bancos. Es evidente que se debe nacionalizar el sector bancario, para evitar que obtengan dinero del BCE al 0.5% de tasa de interés y se lo presten al estado al 4%. Para que no restrinjan el crédito. Para que se use para las empresas públicas y las necesidades de las familias. Y es evidente que los banqueros deben pagar con la cárcel.

Muchos creen que el impago de la deuda es el punto en común que puede aglutinar este proceso. La deuda pública, el 40% del total en España, ha aumentado drásticamente al “socializarse” las deudas de los bancos y los especuladores, las prohibitivas tasas de interés que imponen los bancos para financiar al estado no cesan de aumentar en una espiral sin fin. ¿Pero es ese el principal aglutinador de la izquierda? ¿Es el principal punto de ruptura? Hay 2 argumentos que no animan a tomar esa dirección:

  • Si las políticas de austeridad son el principal responsable del deterioro social y económico del país. ¿Acaso no serán ellas el principal escollo a superar? La austeridad, que empobrece los trabajadores, aumenta el paro. El estado debe hacer frente a más gastos sociales con cada parado, y no obtiene de ellos ingresos de las cotizaciones sociales. El déficit público aumenta. El estado se ve obligado a pedir más dinero prestado a intereses desorbitados. Y los tratados con la UE, obligan a  más austeridad para bajar el déficit y la deuda.
  • Si se lograse el impago de la deuda privada, que no es responsabilidad de los trabajadores,. ¿Habríamos ganado mucho en soberanía? Mientas la gran propiedad siga siendo la piedra angular “intocable”, las decisiones sobre las inversiones seguirán siendo asunto ajeno a la población y al estado. Países sin gran deuda pública en el centro de Europa, ven cerrar grandes empresas: Ford, Arcelor… debido a la caída del consumo en los países del Sur de Europa. Cientos de miles de empleados se van al paro, en países sin tanta losa de deuda.

6.1 Ante cierres patronales y los ERES. ¿Se puede hacer algo?

“Los empresarios quieren reiterar que existe margen suficiente para reducir las cotizaciones sociales y que hacerlo contribuirá a que podamos competir con los países de nuestro entorno“, afirmaba la CEOE en 2012.[xxxi] Subvencionar la contratación, facilitar el despido, disminuir la parte de los beneficios que se da al mantenimiento de los servicios públicos -cotizaciones sociales-… Ninguna de estas recetas ha logrado parar la sangría de desempleo y empobrecimiento.

Facilitar que las empresas consigan beneficios no aumenta el empleo. España, con salarios más bajos que sus países vecinos, vio cómo se implantaron empresas de automóviles, con los cientos de subcontratas que le acompañan. La entrada en el Euro de los países de Europa del Este, con salarios y condiciones aún peores, está haciendo emigrar a estas empresas a Polonia, República Checa… Competir hacia el alza en los regalos a las empresas y a la baja en los salarios, ni asegura el empleo -de manera duradera- ni ofrece un futuro.

Para lograr crear empleo hay que ir en otra dirección: la dirección ascendente de crear empleo público, aumentar los salarios, hacer pagar a los grandes accionistas e inversores que han creado la crisis y se enriquecen con ella. ¿Por qué seguir permitiendo que las empresas con beneficios despidan? ¿Por qué permitir la desgravación fiscal, el fraude fiscal de las grandes fortunas? ¿Por qué no crear empleo público en el cuidado a los ancianos?…

6.2 Que paguen la crisis los ricos

Elena Salgado, vicepresidenta del gobierno del PSOE, afirmaba en 2011: “La restructuración del sector bancario la pagará el sector, no los contribuyentes“. Al año siguiente, Luis de Guindos, ministro de Economía del PP, recalcaba el argumento: “Los contribuyentes no pondrán ni un euro en la reestructuración“. La realidad es que se han invertido 53.483 millones de € de dinero público, que no se van a recuperar, en salvar a banqueros y fondos de inversión.[xxxii] Mientras se deshacían a miles de familias y el crédito sólo fluye entre entidades financieras.

La crisis no ha sido creada por los trabajadores. Los trabajadores no decidían el precio de las casas, ni en qué se invertía. Los trabajadores no decidieron bajarse los salarios y aumentar los bonos de los accionistas (aunque bajo el chantaje patronal se firmen convenios laborales lesivos). Los trabajadores no decidieron crear burbujas. Pero casi 6 millones de personas se han quedado sin trabajo tras su estallido.

5 años después de la crisis el paro afecta al 25% de la población. Los salarios están por los suelos. El número de gente en la pobreza extrema se ha duplicado desde 2007. Pero las empresas del IBEX recuperan beneficios. Hay 47.000 personas más con un patrimonio superior al millón de dólares (unos 738.000 euros), según los números que recopila cada año Credit Suisse, lo que significa un aumento del 13%, el octavo mayor registrado en el mundo.[xxxiii]

¿Quién pagará la crisis, los trabajadores o los grandes accionistas, los especuladores? Responder a esa pregunta es una tarea de primer orden. Que exigirá crear un programa para que, en un primer momento, empiecen a pagar las grandes rentas, para que se use ese dinero para crear empleo público, combatir la pobreza, aumentar los salarios. Pero exigirá igualmente un plan para superar al capitalismo. Para que millones de personas, vean en el socialismo, una alternativa al mercado que les ha dejado de lado. Para que tomen el futuro en sus manos.

Alejo Mancebo

Noviembre 2013

Asociación Cultural Jaime Lago

Citas:


[1]Lenin: “Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países: los que poseen colonias y los países coloniales, sino también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, desde un punto de vista formal, pero, en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática.” El Imperialismo, fase superior del capitalismo

[2]Engels afirmaba en 1894: “España es un país muy atrasado industrialmente, y, por lo tanto, no puede hablarse aún de una emancipación.

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