HACIA UNA RESISTENCIA MUNDIAL:

                                             Matices: César Hildebrandt

   Cuando una mayoría elige a un presidente de la República, ¿elige al que corta la jamonada o al que simula cortar la jamonada? Si Alan García se atreviera a enfrentarse al poder de las corporaciones y a la vigilancia a las entidades que monitorean el modelo global impuesto -Manco Mundial, Organización Mundial de Comercio, la propia ONU, FondoMonetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo BID, la Unión Europea, los bancos de inversión, las entidades que miden el riesgo país-, la economía peruana colapsaría en plazo breve.

   Fugaría los capitales y las inversiones -lo que implicaría un ataque desvastador sobre la moneda y la credibilidad financiera del país-, se eclipsarían la cooperación técnica, la asistencia crediticia, la compra de nuestros bonos, el otorgamiento de facilidades arancelarias aunque proveniesen de tratados ya en ejecusión, se agotarían las reservas y sobrevendrían despidos masivos, huelgas patronales, represión, desorden, anarquía y golpe de Estado restaurador.

   La cortina de hierro existe pero ahora protege al capitalismo salvaje, la inmutabilidad existe pero no como norma canónica sino como regla social.

   A partir de 1970 la derecha mundial, con Washington a la cabeza, comprendió que si no capturaba los medios de comunicación y las universidades mundialmente hegemónicas no podría realizar su viejo sueño: convertir su extremismo reduccionista en fórmula global y levantar los muros de su fortaleza con las entidades de cobertura mundial que la segunda posguerra mundial creó para evitar crisis generales y mantener el ritmo de crecimiento en el mundo capitalista.

   Fue así que el Banco Mundial o el FMI, hechos para la coerción más o menos discreta desde sus orígenes, se convirtieron en agentes del fascismo financiero a partir de los años 70 y la primera gran crisis de la deuda externa. Y fue así como Estados Unidos entendió que si el tramado de entidades internacionales coincidía plenamente con el modelo a imponerse éste sería invensible a punta de carecer de alternativas reales.

   Todas las alternativas de cambio en un solo país son retóricas, quejas más o menos grandilocuentes o agudas de un modelo que no conoce de rivales viables sino se plantea como fórmula de vocación universal.

   Podrán clamar en Davos, gritar en Oaxaca, morirse en Bagdad, pero el modelo que hace felices a los BUSh no cambiará mientras la izquierda no entienda que a una extorsión mundial sólo puede oponerse una resistencia internacional gigantesca.

   O el capitalismo salvaje, y su soldadesca mediática, son derrotados en el escenario mundial o no habrá forma de salirse de este libreto grotesco que convierte a las huelgas en revitalizantes para el modelo y a las opiniones críticas en coartadas que el sistema se traga como engorde.

   ¿No entiende la izquierda peruana, por ejemplo, que Ollanta Humala no existe sin Evo Morales y sí sin el propio Hugo Chávez ejes de una temeridad que debería de servir de ejemplo y no de púdico deslinde, deslinde que, además, exigen los que no tienen ninguna autoridad moral para exigir nada?

   ¿Es tan provinciana y tan legendariamente antitroskista la izquierda peruana que no asimila que el alzamiento que merece el neoliberalismo – el único que podrá derrotarlo en el largo plazo será mundial o no será? ¿Dónde están los profetas latinoamericanos de la Internacional y del humanismo, de la internacional de los trabajadores reajustados y flexibilizados hasta su laminación y su regreso a la tuberculosis? ¡Qué tragedia que no haya un Mariátegui gramsciano y plural, hospitalario con las desidencias y de timón férreo rumbo al horizonte, conduciendo la flota de los ofendidos! ¡Qué enorme la lucha que espera a los que no se habrán de resignar a que Texas sea una nueva Roma y la universidad de Chicago la nueva Atenas y el modelo laboral de las pirámides de inspiración de los ministros de Trabajo!

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