HABLANDO PESTES:

Matices : César Hildebrandt.

    La peste ha vuelto pero sin Camus.

   Ha vuelto la bubónica, señor Ministro de Salud. ¿Qué hacer?. En Chota hay un muerto y dieciséis infectados por la plaga que viaja en las pulgas de las ratas más oscuras. De las ratas de verdad, digo, aquellas que chillan en dos patas cuando quieren imponer el temperamento de cloaca que se manejan.

   Ha vuelto la bubónica, ha reincidido el dengue, recomenzó la verruga peruana su multiplicación de pústulas. Y todo esto con el fondo de tuberculosis que galopa, de la mortalidad infantil que mantiene sus marcas y de los servicios de salud que sólo prestan auxilios de emergencia cuando hay una cámara de TV. Un micrófono de la radio o un periodista colgado del departamento de relaciones públicas del sector.

   Éste no es un país: es un vademécum, una colección de tifoideas -enfermedad que consiste, como nos lo recuerda Uriel García, en comer caca, -una torta gigante de mayonesa con salmonelosis -que es arte del huevo podrido, -un tornado de ácaros en banda, una nata de smog flotando en el aire donde se dibuja la carota impune de Luis Castañeda Lossio, el hombre concreto de cemento.

   Con razón somos tan hospitalarios. Con razón tenemos un ojo clínico para encontrar las oportunidades. Con razón nos ha gobernado tanto enfermo. Con razón somos los pacientes ejemplares de la América cobriza. Con razón un oncólogo trata de salvar lo que queda del sistema de salud.

   Dice que la flora intestinal que adquiere un niño peruano es sólo comparable a la de ciertas etnias africanas que no han abandonado el tapabarro. Dicen los especialistas que, dada la inconcurrencia al dentista, un dragón del archipiélago de las islas Comoro temería una mordedura de un peruanito. Dicen que las cepas bacterianas en las salas quirúrgicas del Perú tienen el blindaje pánzer que dá la solera y el linaje, con lo que debemos tener estafilococos nobiliarios y bacilos de título pontificio por lo menos. Como en el vals, somos limeños de pura cepa.

   De 1348 a 1350 la peste bubónica, la plaga de las ratas negras, mató al 25% de la población europea continental y a un tercio de la de Inglaterra y Escocia. Su presencia letal ayudó a fundar el derecho laboral, pues fue tal su mortandad que la escasez de mano de obra trajo consigo un estatuto del jornalero bastante menos esclavista y abusivo que el que rigió sin haber sido escrito en épocas de salud. Aunque a España llegó a través de Cataluña, Valencia y Murcia -llevada por barcos con procedencia en el mar negro -se ensañó a partir de 1348 con el reino de Aragón, que vió tambalear su poderío militar mientras se propagaba el Bacillus pestis, cuyos puertos de arribo europeo fueron los de Italia.

   La peste negra cambió la historia y la demografía del Occidente y sobre su influencia se han escrito centenares de libros. Pero aquí llega, mata y amenaza a decenas y nadie dice nada. Ni una primera plana. Ni una explicación de Vallejos, que no es el César como creen los burros sino el meramente Carlos que debemos aguantar. Es que el Ministro (del ramo, del palto) está ocupado tratando de comprar aspirinas en conjunto. Como ocupada está la prensa en otras pestes y en ratas diferentes, las pestes y ratas que van creando el equipo de cazafantasmas que tiene Alan para apartarnos de la agende de verdad.

   En el fondo, ¿por qué habría de conmover demasiado un rebrote de peste negra a un país que ha visto gobernar a Fujimori, contratar a Montesinos, regatear a Genaro, cobrar a Ivcher, bailar a Susy Días, vender a Shultz, matar a los colina, bailar a Macera, prometer a García, fajarse a Valle Riestra, veranear a Delgado Aparicio, tocar la faluta de Kukczynski, regir el gusto literario a Bryce and Company, mangonear a Elianne  Karp, silbar a Matute, preguntar a la Chichi y eructar con ecos al mismo Epichán de las cavernas?

   QUÉ PESTE NI QUE OCHO CUARTOS. YA NADA NOS PUEDE AMENAZAR.

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