Está vigente la concepción materialista de la historia?

¿ESTÁ VIGENTE LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA HISTORIA?:

A PROPÓSITO DE LA CONMEMORACIÓN DE LA BATALLA DE HUAMACHUCO


Luis Miguel MARAVÍ ZAVALETA *

 El debate generado alrededor de la conmemoración de la Batalla de Huamachuco, a 130 años de ocurrida, es un indicador de las heridas dejadas por la Guerra del Pacífico. Heridas que se reabren a causa de actividades vinculadas a una Historia escolar llena de informaciones específicas, pero vacía de las leyes del desarrollo social que rigen la vida de los pueblos. De allí que la discusión acerca de conmemorar o no ese hecho bélico es secundaria. Mas bien, para un estudio honesto y científico, se impone la pregunta «¿a quién benefició la guerra?». Respondiendo esta cuestión se podrá enlazar el pasado y el presente con las tareas que el futuro nos reclama para el progreso del Perú. Sin embargo, en la polémica acerca de la conmemoración se manifiestan argumentos que hacen pensar en la imperiosa necesidad del estudio de la Historia del Perú a lo materialista.

I. En un artículo aparecido en el mensuario virtual «El Espectador» de Huamachuco, el señor Antonio Campos, claramente contrario a la conmemoración de la Batalla de Huamachuco, dice:

El Perú fue víctima de las decisiones de sus gobernantes que desencadenaron en guerras absurdas para tapar su incapacidad y corrupción, por ello que (sic) apelaban al sentimiento de nacionalismo y civismo, que late en cada corazón para defender su (sic) territorio donde Dios le permitió ver la luz de la vida (Campos, 2013).

Se distinguen tres aspectos en esta argumentación: la absurdidad de la guerra, la responsabilidad de los gobernantes en los problemas peruanos y el sentimiento nacional y cívico de los peruanos de la época.

Sobre el primer tema, hay que indicar que la Guerra del Pacífico no fue un absurdo. Todo lo contrario: fue muy real, muy concreta. Sobre los conflictos militares, Clausewitz afirmaba: «La guerra es la continuación de la política por otros medios» (citado en Lenin, 1976, p. 291). Esta tesis, así como los otros dos temas planteados por el señor Campos, motivan una discusión metodológica acerca del estudio de la Historia. La teoría de K. Marx nos brinda posibilidades metodológicas ilimitadas, sobre todo cuando nos muestra la génesis del capital. Del Prometeo de Tréveris nos dice F. Engels:

Fue precisamente Marx el primero que descubrió la gran ley que rige la marcha de la historia, la ley según la cual todas las luchas históricas, ya se desarrollen en el terreno político, en el religioso, en el filosófico o en otro terreno ideológico cualquiera, no son, en realidad, más que la expresión más o menos clara de luchas entre clases sociales y que la existencia, y por tanto también los choques de estas clases, están condicionados, a su vez, por el grado de desarrollo de su situación económica, por el carácter y el modo de su producción y de su cambio, condicionado por esta. (Engels, s. f., p. 94)

La teoría que se fundamenta en esta ley para desarrollarla ampliamente es el Materialismo Histórico.  Su objeto de estudio es

(…) la sociedad y su desarrollo, (…) la vida social en su conjunto, en su totalidad, los nexos internos y la acción mutua de sus aspectos, relaciones y procesos. A diferencia de las ciencias sociales especiales, el materialismo histórico no estudia concretamente las leyes particulares y específicas que rigen el desarrollo de los procesos económicos, políticos o ideológicos, sino las leyes más generales que gobiernan el desarrollo social. (Konstantinov, s. f., p. 324)

Del tema que origina el presente ensayo no está alejado lo siguiente: en nuestros días han recrudecido ciertas tendencias que niegan la existencia de leyes del desarrollo social. Amparadas en los errores que condujeron al derrumbe del socialismo europeo, han expresado su punto de vista mediante tesis como la del fin de las ideologías (funcional a los intereses del imperialismo norteamericano) o el posmodernismo. Detrás de la justa preocupación por los problemas ecológicos o de las minorías, no se ha concedido la importancia merecida a las categorías fundamentales del Materialismo Histórico. Las consecuencias de tal abandono Kon (1962) ya las advertía con mucha anticipación:

Si se rechaza la idea del carácter objetivo y sujeto a layes del desarrollo social, al mismo tiempo se destruye el concepto de la unidad de la historia mundial y la idea del progreso, ya que nada tienen que hacer allí donde reinan el caos y la casualidad (…) La imposibilidad de comprender correctamente la historia contemporánea engendra un tratamiento erróneo del pasado histórico, y la deformación de este pasado, por su parte, hace imposible una comprensión científica del presente (pp. 20 – 21).

Resulta difícil no valorar la importancia metodológica de las siguientes afirmaciones, que serán citadas in extenso:

A los ojos de los filósofos burgueses el proceso histórico es una acumulación caótica de casualidades ciegas y trágicos errores, que no se pueden prever ni evitar. La historia es un camino sin término que no empieza en ninguna parte y a ninguna parte va, y en el cual se agita, desgarrada por las dudas y los temores, la desvalida humanidad; en cuanto a la ciencia histórica, no es más que un amontonamiento de hechos que a nadie sirven, arbitrariamente seleccionados para ilustrar a sabiendas teorías subjetivas e indemostrables

Al analizar las corrientes histórico – filosóficas de la época imperialista es menester tener en cuenta la complejidad de estas corrientes y el hecho de que, a menudo, ideas reaccionarias y nocivas son expresadas y difundidas por personas individualmente honradas y de buena fe, por intelectuales que, de acuerdo con sus convicciones, no desean fortalecer el capitalismo ni minar las bases del conocimiento científico. En verdad, muy intranquila, insegura y angustiada es la vida en la actual sociedad capitalista. ¿Quién puede saber lo que traerá el mañana? (Kon, 1962, p. 21).

51 años después de haber sido escritas, estas frases no han perdido su actualidad. Parecen haber sido redactadas para nuestro articulista huamachuquino. Para él, en último término, la historia es valorada en términos de opción constructiva (¿?) – emotiva, con huida hacia lo mítico, como cuando afirma:

Vale la pena dar vuelta a la página construyendo una historia más positiva sobre los éxitos de nuestro país. Basta de marchar a nombre del corazón cívico patriótico por los héroes caídos (…) Pongamos amor patriótico (a) la escenificación histórica de la creación de los Wamachukos, con mayor razón a la Independencia del Perú (Campos, 2013)

De acuerdo con que un desfile militarizado no es la forma más adecuada de conmemorar los eventos históricos en una sociedad como la nuestra, donde los uniformados pertenecen al aparato represivo del Estado. Pero el olvido de los hechos históricos, progresivos o reaccionarios, alegres o tristes, no tiene justificación, como tampoco lo tiene la contraposición entre una hermosa leyenda y un hecho real ocurrido hace 130 años. Ambos hechos pertenecen al acervo cultural de Huamachuco, del Perú a fin de cuentas, y son igualmente valiosos, pero es de los acontecimientos reales que se extraen las regularidades, materia prima para definir las leyes sobre las que se planificará el futuro de nuestra Nación.

Sobre el segundo tema esgrimido por el articulista, se debe señalar la inexactitud del señor Campos: tampoco está en lo cierto en cuanto al rol de los gobernantes. En realidad, la valoración de sus decisiones no significa mucho si no se tiene en cuenta a la sociedad peruana de la época. Kon (1962) establece que:

Los hombres siempre obran en nombre de determinados fines (…) La finalidad, por naturaleza, es subjetiva, manifiesta los intereses y la voluntad de los hombres, es un medio de realización de las ideas, de transformación de lo ideal en real. Sin conocer las finalidades que se plantean los políticos, las clases, los partidos, no es posible entender el proceso de desarrollo histórico. Pero las finalidades y los esfuerzos de los hombres siempre tienen un fundamento básico objetivo. Como dice Lenin, «… las finalidades del hombre son engendradas por el mundo objetivo y lo presuponen, lo encuentran como algo dado, disponible, Pero el hombre tiene la impresión de que sus finalidades están fuera del mundo, son independientes de él…» Para entender por qué distintas personas al mismo tiempo o las mismas personas en distintos momentos se han propuesto diversas finalidades, el historiador debe estudiar la situación histórica concreta, las condiciones objetivas del desenvolvimiento social» (pp. 266 – 267).

Dicho en otras palabras: podía haber surgido otra persona distinta a Mariano Ignacio Prado o a Miguel Iglesias y haberse comportado igual durante la Guerra con Chile. La única diferencia se podría encontrar en el grado de influencia casual que su participación originaba en la guerra. Aquí se encuentra una de las principales contradicciones de la Historia: la relación entre la causalidad y la casualidad. Tanto daño causa absolutizar a uno de los polos como al otro. Ni el fatalismo ni el voluntarismo (al que alude el señor Campos) explican el desarrollo histórico de los pueblos.

II

El tercer tema, relacionado con el civismo de los ciudadanos de la época, merece un tratamiento más cuidadoso y extenso. No se debe olvidar que entre lo material y lo ideal, la materia es lo primario. Eso no significa que lo ideal o espiritual no sea importante. Dentro de los innumerables nexos creados con lo material, también se registra su predominancia sobre el último aspecto, pero en última instancia es la materia la decisiva. Ello explica por qué seguimos recordando a Grau, a Bolognesi o a la Batalla de Huamachuco, a pesar de las derrotas. De lo contrario, la categoría «Héroe» no existiría y un adjetivo como «fracasado», adjudicado por el señor Campos al Cnel. Leoncio Prado (también Héroe de la República de Cuba)  en base a las circunstancias dudosas de su muerte (el episodio de la taza de café), es excesivamente irrespetuoso y poco aporta a una propuesta acerca de la conmemoración de los acontecimientos históricos. Una anécdota ocurrida durante la Segunda Guerra Mundial intentará completar la idea de la primacía de lo material sobre lo espiritual. W. Churchill le sugirió a J. V. Stalin y a T. Roosevelt la integración del Vaticano en la coalición antifascista. El inglés y el norteamericano estaban de acuerdo y, tal vez, no cometían un error cuando enfatizaban lo que significaba que el Papa (Jefe de Estado del Vaticano) se enfrentase a Hitler, Mussolini e Hirohito. Fue Stalin quien les aguó la fiesta cuando preguntó, dada la situación crítica de la guerra (recuérdese que fue la Unión Soviética el país que hizo el mayor aporte humano para la Victoria): ¿con qué va a apoyarnos el Papa?, ¿solo con oraciones?, ¿con cuántos cañones, ametralladoras, balas, etc.? … Después de esa intervención, nadie continuó apoyando la propuesta de Churchill.

Cierto enfoque materialista sobre el problema del estudio de la Batalla de Huamachuco,  es el que expone el señor Campos cuando afirma:

Chile, país abusivo, poderoso y mejor preparado que con pocos soldados ganaron la batalla a miles de soldados peruanos acantonados en nuestra tierra huamachuquina, porque no se sabe la otra verdad que lamentablemente fueron traicionados por los intereses de haciendas y la burguesía política que apoyaron con dinero y logística al ejército enemigo (Campos, 2013).

Equivoca, sin embargo, la génesis de la derrota peruana, que solo puede comprenderse en el contexto de toda la Guerra, incluyendo el amplio período previo. La verdad es una sola, pero tiene diferentes facetas y grados de aproximación. Hay que buscar las raíces de la pérdida de la Guerra del Pacífico en el estudio de múltiples factores,  como por ejemplo:

(a)   Las diferencias entre la evolución económica del Perú y Chile. Mientras Chile se desarrolló en base a las exportaciones agrícolas y minerales emprendidas luego de finiquitar su independencia, Perú (y Bolivia también) percibían ingresos debidos, en su mayoría, al tributo indígena (Guerra, 2013). Por ello no es del todo exacto referirse a la existencia de una clase burguesa en el país.

(b) Las relaciones de producción predominantes en el Perú. La hegemonía del esclavismo y el feudalismo imposibilitaba la existencia de un amplio sentimiento nacionalista y cívico, sin hablar ya de un país unido. ¿Cuál era la patria por la que podían pelear indios y negros? ¿Quiénes eran patriotas?: ¿los que se encuadraban en las tropas peruanas de Cáceres (cuyos oficiales no dudaban en aplicar severos castigos físicos o la muerte a los indígenas) o los que peleaban por su libertad? No fueron pocos los últimos casos: ante la guerra un grupo de comunidades campesinas de Lima se negó al pago de contribuciones de guerra, pues, según ellos, nada tenían que ver con el Perú. Mientras tanto en Chincha, los esclavos negros y yanaconas indios se sublevaron el 23 de diciembre de 1879. Solo con las fuerzas invasoras encontraron seguridad los esclavistas costeños (Sotomayor y Aranda, 1979). La represión peruana fue terrible. La lucha de clases dio una lección brillante y feroz en medio de una guerra de invasión.

(c) La fuerte presencia del imperialismo inglés. Inglaterra casi monopolizaba el comercio y la extracción de minerales de Chile. Cuando a partir de 1875 descendieron los precios de las exportaciones chilenas y se generó una aguda crisis económica y social, acentuada por los excesivos empréstitos y gastos realizados por los gobiernos, hubo que buscar una salida. La existencia del salitre en el desierto de Atacama, con un precio y exclusividad casi inalterable, motivó a colocar los ojos en la parte desértica que entraba en territorio boliviano. De hecho, empresas chileno – inglesas ya se encontraban explotando el caliche y el guano en ese lugar desde hacía casi veinte años atrás (Guerra, 2013). La eliminación de aduanas, lograda en 1866 y reafirmada en 1874, entre otras medidas favorables que Bolivia concedió a Chile, prepararon el terreno para el pretexto perfecto: la imposición de 10 centavos por tonelada de salitre exportada por Antofagasta gravaba a la única empresa chilena que explotaba el mineral (Ortega, 2006). Lo demás ya es conocido. Baste indicar que luego de la Guerra, los yacimientos salitreros de la zona boliviana y peruana invadida eran propiedad de ingleses (Galeano, 1984). Tanto llegó a notarse la mano de Londres que Washington se alarmó: con el Perú invadido y basándose en la Doctrina Monroe, el diplomático Stephen A. Hurlbut obtuvo del presidente cautivo García Calderón el derecho a establecer una base naval en Chimbote (Quiroz, 2013). La diplomacia española (preocupada por la intervención norteamericana en el problema cubano) y británica encendieron todas las alarmas. Afortunadamente el protocolo redactado fue rechazado en EE. UU. y su negociador falleció cuando se preparaba para viajar a su país a rendir cuentas por aquel, en 1882.

(d) No menos importante fue la corrupción de la clase dominante peruana. Así como en Chile, la exportación de guano y salitre hacia una Europa de tierras cansadas y espantada por los fantasmas maltusianos (Galeano, 1984), fue objeto de un círculo vicioso de empréstitos y adelantos a consignatarios, los que pagaban sobornos para conseguir esa función (Quiroz, 2013). La época de prosperidad falaz de la hablaba Basadre hipotecó el futuro del país que se dejaron sentir en la época de guerra: falta de fondos para la compra de armas, traidores negocios de Piérola con la Casa Grace, etc. 

III

Los factores indicados más arriba son, tal vez, los más importantes. Falta estudiar lascuestiones locales, es decir, la situación social y económica de la provincia de Huamachuco antes, durante y después de la Guerra del Pacífico. En aquellas se refractan las condiciones nacionales e internacionales. La cuestión militar tampoco es desdeñable, pero no hay que olvidar que es solo una continuación de la política. Ahora bien, ¿qué podemos aprender de todo lo acontecido? Esta cuestión ayuda a esclarecer la cuestión de la conmemoración de la Batalla de Huamachuco, así como de otros sucesos de la Guerra del Pacífico.  ¿Conmemorar? ¡Sí! Pero de otra manera, trocando el malestar subjetivo, el encono ciego o el heroísmo de cuchipanda por un enfoque histórico materialista de lo que realmente ocurrió, colocando a nuestros Héroes en las condiciones históricas donde desarrollaron sus acciones, perseverando en investigar su verdadero rol (reaccionario o progresivo) en la marcha de los acontecimientos, la influencia de la época en él. No debemos olvidar que miles de Héroes silenciosos provenientes del campesinado o artesanado, duermen el sueño eterno exigiéndonos darles el lugar que les corresponde como luchadores por una Patria que, en ese momento, no era suya. Ese también es el reclamo silencioso de los cientos de negros asesinados por el esclavismo. Esa es la valiosísima lección de Historia que nos dejan. Justamente por ellos es que, a despecho de quienes caotizan o fragmentan la Historia, debemos emprender las siguientes tareas para que una tragedia como la Guerra del Pacífico nunca vuelva a repetirse y para que la Historia salga del aula y se haga vida: Proyecto Nacional de Desarrollo (para que nunca más se hipoteque el futuro social, económico o científico de nuestra Patria), Regeneración Moral (para que nadie se enriquezca con algo distinto a lo obtenido por su trabajo), Nuevo Curso (para que las relaciones de producción sean socialistas y determinen que cada peruana y peruano se sienta dueño del país), Independencia (para que nuestro país nunca más sea una veleta movida por el servilismo a las grandes potencias) e Internacionalismo (para que el rescoldo de la guerra, generado interesadamente por las clases dominantes, nunca más encienda a las y los trabajadores de nuestros países).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CAMPOS, A. (2013). Conmemorando un fracaso, fomento de un falso civismo. El Espectador, el periódico de Huamachuco, Agosto, 18.

GALEANO, E. (1984). Las venas abiertas de América Latina. México D. F.: Siglo XXI.

GUERRA, S. (2013). La dramática historia de la Guerra del Pacífico (1879 – 1883) y de sus consecuencias para Bolivia. www.izquierdas.cl. (15), 193 – 2013. 

ENGELS, F. (s. f.). Prólogo a la tercera edición alemana de «El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte». En: Obras Escogidas (pp. 93 – 94). Moscú: Progreso.

KON, I. (1962). El idealismo filosófico y la crisis en el pensamiento histórico. Buenos Aires: Platina.

KONSTANTINOV, F. (1965). Fundamentos de la filosofía marxista. México D. F.: Grijalbo.

LENIN, V. I. (1976). El socialismo y la guerra (Actitud del POSDR ante la guerra). En: Obras Escogidas (pp. 283 – 327), tomo V. Moscú: Progreso.

ORTEGA, L. (2006). En torno a los orígenes de la Guerra del Pacífico: una visión desde la historia económica y social. Seúl: Kyung Hee University.

QUIROZ, A. (2013). Historia de la corrupción en el Perú. Lima: Instituto de Defensa Legal – Instituto de Estudios Peruanos.

SOTOMAYOR, C. y ARANDA, R. (1979). Sublevación de campesinos negros en Chincha, 1879. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

* Luis Maraví Zavaleta

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