El fiasco de Obama

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Eso de que Obama ha ordenado cerrar Guantánamo, la mazmorra estadounidense más global, es marketing puro destilado con el más astuto de los estilos.

La orden de Obama es «cerrar Guantánamo» en el plazo de un año.. Pero si Guantánamo es una vergüenza y un aprobio, ¿por qué no actuar de inmediato? ¿O es que en Estados Unidos los crímenes son al contado y las rectificaciones a largos plazos?

Un año puede parecer poco pero es un siglo para las víctimas que hoy están enjauladas en ese enclave que Estados Unidos mantiene en tierra cubana. Y cuando se trata de cambiar de rumbo ético, someterse a las lentitudes tramposas impuestas por el Pentágono resulta patético.

Y eso de que ha empezado una «nueva era» es para que se lo crean el pato Lucas, la mami de Tarzán y Murmullos, el enemigo de Dick Tracy. Vamos a ver la «nueva era» Barak Obama acaba de decir, en relación a Gaza, que «lamenta la baja de ambos bandos» (1325 palestinos y 11 soldados israelíes) y que cree firmemente «en el derecho de Israel a defenderse» . Es decir Cheney en función de noche, Bush interpretado por Harry Belafonte. Mismísima chola y con las mismas bragas.

O sea que lo del secuestro de Obama por el lobby Isaraelí que lo ha financiado parcialmente tiene ahora todos los visos de ser cierto.

¿Y el departamento de estado? ¿Ha cambiado su discurso de dóberman imperial?

No. Ha empeorado.

Ahora la Casa Blanca dice lo que la banda de bribones de Bush no se había atrevido a decir. Que Venezuela y Bolivia, por ejemplo, contribuyen al atraso político de la región y que sus gobiernos «no sirven a los intereses de sus pueblos». Más todavía: de las oficinas de Hillary Clinton ha salido un repulsivo mensaje que huele a desembarcos y a Noriega y a Grenada: «Venezuela es aliada de la FARC y es complaciente, en tanto que ruta estratégica, con el narcotráfico internacional»

En resumen de la gran esperanza negra al gran garrote de toda la vida. Otra vez la Roma chusca ajustándole las clavijas a sus colonias. Y un mensaje para Bush: fuiste demasiado tolerante con Chávez, es hora «de actuar».

¿Y sobre Cuba?. Nada nuevo, Que no se levantará el embargo, por ejemplo. Y que no se levantará si no se ven gestos de «liberalización democrática». Y eso lo demanda el país que auspicia la masacre de Gaza, respalda las dictaduras corrompidas del golfo pérsico y destruye las institucionalidad internacional sacando a la ONU de la escena.

Ese brillante intelectual judío que se llama Noam Chomsky ha escrito un artículo urticante en relación al nuevo presidente de los Estados Unidos.

Entre otras cosas subrraya el hecho de que dos de las estrellas del equipo económico de Obama padecen de un pasado lleno de vergüenzas.

Robert Rubin, que fue parte del team de Clinton luchó agresivamente, como Secretario de Tesoro, para que se aboliera la ley Glass-Staegall, que separaba a los bancos comerciales de las instituciones financieras dedicadas al riesgo.

Señala Chomsky, citando al economista Tim Canova, que Rubin «tenía un interés personal en el asunto». En efecto, apenas salió del puesto de secretario del Tesoro Rubin fue llamado a ocupar, en 1999, uno de los puestos más altos en la jerarquía de Citigroup, un trasantlántico de las finanzas que coincidía plenamente con la prédica de Rubin y que se «benefició» enormenete . sin saber que estaba cavando su fosa -con la desregulación auspiciada desde el Tesoro.

Summers, que ganó 119 millones de dólares de salario en sus diez años de ejecutivo mayor de Citigroup, es uno de los responsables del desastre actual de la firma porque desde que entró lo único que hizo fue apostar a las audacias más extremas y a los empaquetados de hipotecas más especulativos, esos que terminarían pudriéndose en la bodega.

Tanto es así que hay quienes han acusado a Rubin, hoy consejero oficial de Obama, de ser el Bernard Madoff de la «banca seria». El hijo de Rubin, Jamie, ha sido el cajero de la campaña de Obama en wall Street.

Cuando Rubin dejó el tesoro su reemplazante fue Lawrense Summers, que ahora está en la marquesina, con letras enormes del nuevo teatro Obama; es el director del Consejo Económico nacional.

El señor Summers, que alguna vez dijo en Harvard que los hombres eran mejores que las mujeres en matemáticas «por razones biológicas, fue el que propuso la nefasta ley que prohibió la regulación federal de los llamados productos financieros derivados, las armas químicas responsables del colapso ecnómico que hoy sacude el mundo.

Chomsky recurre al economista Dean Baker para calificar a Summers como uno de los más destacados villanos de la saga de las hipotecas basura, Baker afirma que «poner la política financiera en manos de Rubin y Summers es como poner a Osama Bin Laden a la cabeza de la lucha en contra del terrorismo».

Chomsky cita en su artículo a Jonathan Weil, redactor del Boomberg News, quien piensa que la mayoría de los llamados por Obama a enfrentar la crisis económica «lo que debrían es haber recibido citaciones judiciales».

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