EE. UU. NO NECESITA OTRO PRESIDENTE.

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Para quienes creen que el mundo es y ha sido una porquería (tango cambalache dixit), no hay ídolo mayor que George Bush coronando una montaña de bosta texana.

Empeñado en que el mundo se le parezca, el señor Bush ha llegado a extremos que ni siquiera su padre, autor de algunas operaciones encubiertas que hoy avergonzarían a la propia CIA, pudo imaginar. Extremos que nos regresan a la guerra fría y ponen al mundo en peligro.

Porque es necesario que los norteamericanos que no han sido corrompidos por el patriotismo imperial, que lo que está dejando Bush como legado no permitirá mucho margen de juego al nuevo inquilino de la casa Blanca, sea éste el ex prisionero de guerra republicano o el demócrata Kennedy y sin grandeza que hoy derrota a la mujer de Clinton.

Y dos de sus peores legados son Kosovo e Israel. Con Kosovo y su irrita independencia, Bush ha querido castigar a Putin y la política exterior rusa. Su estupidez sin mácula, sin embargo, le impide ver que con Kosovo él y su servidumbre europea han abierto la caja de Pandora por los que deberían salir todos los fantasmas de las naciones que tienen la convicción de estar oprimidas y todas las furias de las identidades que no obtuvieron nada en la lotería de los territorios.

Bush piensa en Chechenia -que ya perdió dos guerras y está exhausta -pero el mundo alfabeto piensa que Bosnia, donde los serbobosnios tendrán el derecho de reclamar el principio étnico que ha primado en Kosovo, o en Macedonia, un país recientísimo que también «padece» una población albanesa con una tasa demográfica insuperable. Algo parecido podría ocurrir en Azerbaiyán, Moldavia, o Georgia. Para no hablar de la nación Kurda en Irak y Turquía y la siempre afligida Cataluña en el seno de una España que odia tanto como necesita.

El sueño de este jinete pálido y matón que es Bush parece cumplido: el Derecho Internacional es ahora una sombra; la ONU ve burlado hasta a su propio Concejo de Seguridad -cuando de defender a los estados Unidos se trata -y la Unión Europea estira la resolución 1244 de la ONU para crear este protectorado parásito en el corazón de los Balcanes. Bush mata pasíses pero también los crea.

En relación a Israel, el asunto es más serio todavía. Prisionero de los intereses israelíes, padrino de los mismos pistola en mano. Bush ha tolerado y/o instigado la más oscura etapa de la política internacional de aquel pequeño país que alguna vez fue el sueño de demócratas e idealistas judíos.

El último agravio israelí a la paz mundial es la continuación de la política de construcción de asentamientos en la Cisjordania, algo que el primer ministro israelí Ehud Olmert se comprometió a parar el 27 de noviembre del 2007 en Annapolis. Enésima mentira del hombre que destruyó parte del Líbano sólo para demostrar que podía dar órdenes salvajes sin un solo temblor de mano.

Como lo señala Juan Miguel Muñoz, corresponsal de El País en Jerusalén, sólo en los últimos días los colonos del Gran Israel han creado una nueva colonia a la vera del río Jordán y han acrecentado otra igualmente ilegal al norte de Ramala. Tanto la nueva como la que se está ampliando cuentan con que los palestinos expropiados no podrán defenderse en ningún foro porque ellos son los apestados de la Tierra.

En boca de los colonos ortodoxos vuelven los nombres bíblicos de Judea y samaria y retorna, con el apoyo del gobierno de Olmert, la idea de que no habrá devolución de territorios y de que la Palestina salpicada y cautiva con la que se resignaba el triste Abbas ya no es ni siquiera necesaria.

Mientras tanto, Israel sigue matando a domicilio a los dirigentes de Hamas en la franja de gaza y a los que pueda alcanzar de Hezbolá en Beirut. El occidente vomitivo que nos proponen como civilización mira hacia otro lado. Y Bush convalida y aplaude. Al final de cuentas, al criminal de guerra que bombardeó la cuna de la civilización esgrimiendo premeditadamente una mentira debe parecerle poca cosa que los palestinos sean, para siempre, los judíos de la Alemania nazi en 1933.

Quien saturó de cohetes Tomahawk las campiñas del edén y las ciudades donde sumerios, babilónicos y asirios crearon la escritura y la agricultura, no puede ser inquietado por ningún remordimiento. Y eso hace de las elecciones norteamericanas el sainete seguidita que es en verdad. Estados Unidos no necesita un nuevo presidente. Requiere de una nueva guerra por su independencia. De una guerra que termine con el secuestro que la banda de Bush y Cheney ha perpretado en contra deJefferson Washington y Lincoln.

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