CINCO SIGLOS DE «HORA PERUANA»

                Apuntes para una Reflexión: Luis Ayala Huamaní.

   El APRA, ha denominado este año 2007 como «Año del cumplimiento del deber», enmarcado en eso, Alan García-siempre sediento de «cámaras y cerveza», ha inaugurado una campaña para abolir la «hora peruana o Cabana» en un ceremonial en la que varios de sus ministros llegaron tarde… Obviamente el criollismo gubernamental ignora que la «TARDANZA SUB-DESARROLLADA» es parte de la cultura del complejo y la subyugación inabolible por decreto, sino-más bien-abolible sólo mediante transformaciones sociales.

   En la novela de Ciro Alegría «Los Perros Hambrientos», hay un pasaje en el cual «Don Cipriano» -hacendado de «Marcabal Grande»- cita a «su»  indiada al patio de la hacienda, haciéndose esperar por el espacio de varias horas y que al ser requerido por su capataz sobre la tardanza y la subsecuente mortificación de la peonada, responde: «Así debe ser. Han de esperar siempre al patrón como pedagogía de subyugación».

   He ahí la explicación de la denominada «hora peruana», instaurada desde que los pizarros y almagros arribaron a estas tierras con ánimo de distribuirse el reino en reparticiones y encomiendas. Así, al igual que el negro en äfrica, al amarillo en Asia y al cobrizo en América, el patrón blanco debía por «necesidad colonial» hacerle siempre esperar su presencia como parte del protocolo de denominación.

   Este detalle explica el porqué tal como se habla de «hora peruana» («modernizada hasta hace poco con la hora cabana en el gobierno de Toledo»), enrostrando la «impuntualidad genética» del peruano, se habla también de la holgazanería mexicana (estereotipada bajo el típico cuadro del cuate durmiendo al pie de un cactus y con un inmenso sombrero sobre la mitra), el «fatalismo hindú» (baste ver las películas de Raz Kapur, como joker o Madre india, en la que el público sale llorando a moco tendido) o «la brutalidad negra» (analícese a un Tarzán blanco «rey de la selva» que en una sola generación domina totalmente al milenario «pueblo de brutos» africanos en su natal floresta tropical) Ergo: los humanoides no son iguales a los humanos.

   Y es que «entre iguales no se hace esperar»; ahí rige la puntualidad estricta «digna de caballeros», tal como se autopromociona Inglaterra («hora inglesa»). Entiéndase que un Lord no podía hacer esperar a un Conde, como que tampoco-en la antigua Atenas-un Aristóteles no podía hacer esperar a un Demóstenes… mas si a sus esclavos carentes de ciudadanía.

   Algo de lo que precisamente fueron despojados los pueblos originarios del submundo «de color» sobre quienes incluso se dudaba que poseyeran alma (¡fuimos descalificados por «desalmados»). Por supuesto que en cuanto a jerarquías se refiere, por lo común el subordinado espera al superior. Cosa que se refleja crudamente en el cuartel, en donde toda parada castrense se caracteriza por el «plantón previo» de varias horas por parte de las tropas hasta la llegada del generalísimo de turno («el recluta está de pie desde las 4.00a.m., el sargento desde las 5.00a.m. los oficiales subalternos desde las 6.00a.m., el mayor desde las 7.00a.m. el Comandante llega a las 8 y los coroneles a las 9 para rendir honores al Mariscal que se acaba de levantar a la 10…»).

   Sin embargo, debe entenderse que la sociedad no es un cuartel, por más que se le asemeje en ciertos aspectos hipocritónamente disimulados. No obstante en tanto persistan los cimientos culturales de la globocolonización, aquella «hora peruana» se mantendrá invariable por más que un presidentillo criollo pretenda abolirla «por decreto».

   En un país donde el cholo se cree medio cholo, el medio cholo alucina con ser medio blanco y el medio blanco se asume blanco, hacer esperar al «prójimo» es una tara propia del complejo etnocultural asentado por siglos. ¡Cuán distantes están los usos de la moral incaica! en la que, como reconoce el propio cronista español Cieza de León, el inka «era el primero en la siembra, labrando él con su parentela los andenes sagrados del Qollqampata, inaugurando así el tiempo de la labranza en todo el reino».

   Por último, un detalle importante e histórico, cuando se da la entrevista pactada entre Pizarro y Atahualpa (que el primero felonamente trastocaría en emboscada), el Inka, pese a su jerrarquía, llega puntualmente al compromiso. Y es que el tawantinsuyo, sociedad en la que predominó la meritocracia, los dirigentes o Qollanas no eran tal como estilaban los marqueses, duques, condes, y reyes en Europa. «los únicos entre inferiores», sino «los primeros entre iguales».

   Por ende, la puntualidad tenía que ser una expresión natural. Algo que recién se restaurará en nuestra patria cuando el Etnonacionalismo se torne poder político. Cuando retorne el INKARI.

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