Cajamarca, presentación del Libro Trasiegos

Alberto Medina Fernández <albertomefer@gmail.com>
LIMA: PRESENTACIÓN DE LA NOVELA «TRASIEGOS»  (13 DE SETIEMBRE)
COMENTARIO DE OSWALDO REYNOSO EN LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA TRASIEGOS DE MANUEL GUERRA (13 DE SETIEMBRE DE 2013)

Estimados amigos y amigas de la mesa, señoras y señores:

Quiero agradecer la distinción que me hacen esta noche para presentar esta magnífica novela. En primer lugar, quiero destacar el libro mismo; un libro es un objeto de arte, y eso me parece que algunas editoriales descuidan y no prestan mucha atención a la misma presentación del libro, y nos encontramos con carátulas horrorosas, con papel miserable y con diseño que impide la lectura agradable por parte del lector. En cambio la editorial Horizonte ha hecho un buen trabajo editorial. Como ustedes pueden ver, es un libro de presentación sobria, que es la llave para lo que vamos a encontrar en sus páginas. El diseño es admirable, es verdaderamente un cuadro. Por otra parte, el papel permite también una lectura rápida; y además los espacios, los márgenes, ayudan a una lectura rápida. Hay editoriales que por cuestiones económicas, casi casi la línea termina en el filo de la página, y eso cansa a la vista. Entonces en primer lugar yo quiero destacar el valor estético del libro mismo como un objeto de arte.

Luego quisiera referirme a dos aspectos: a la realidad real y la realidad ficcional. La realidad real, según lo que señala en forma muy acertada y con mucha claridad Alfonso Reyes, son los actos y los hechos que nosotros realizamos todos los días; todos los acontecimientos de un país, de una sociedad se dan y después mueren para siempre, no vuelven a repetirse. Todo lo que yo he hecho hoy día, si quiero repetirlo mañana, va a ser imposible. Esta serie de acontecimientos constituyen la realidad real. Y en esta novela hay una realidad real que tiene que ver con una saga familiar, con un entorno geográfico y con una historia. Esa es la realidad real.

 Pero, ¿qué es la literatura? La literatura es la construcción de una realidad ficcional; el autor toma elementos de esta realidad y a base de estos elementos estructura una realidad de ficción. Es decir el autor está madejando el tiempo, el espacio, los personajes, las historias. Y eso lo expresa a través de estructuras lingüísticas, cuyo objetivo es lograr la belleza; y además, a través de estas estructuras y de esta belleza, llevar al lector a tener una idea más profunda de esa realidad real. Entonces una novela es la manera de una lupa para penetrar en esta realidad real, pero la lupa es la realidad ficcional.

Partiendo de este presupuesto voy a ocuparme pues de las dos realidades que encuentro en esta novela. En esta novela es importante porque desde el punto de vista de la realidad real (después vamos a hablar de la verdad de las mentiras, si esta ficción es verdad o es mentira) se pone de manifiesto una serie de acontecimientos históricos de nuestra patria; además los personajes se mueven casi por todo el Perú, personajes que de pronto aparecen en Lima, en el Callao, en Piura, en Chimbote, en Chiclayo, en Cajamarca, en Celendín, en Balsas; son personajes trashumantes. O sea que es un espacio amplísimo. En lo que se refiere al tiempo, hay referencias hasta de la guerra con Chile, de la guerra con el Ecuador, de los años de la violencia; ese es el marco temporal de la novela, la realidad real.

Durante estos años de violencia que ha habido en el Perú, a partir de esos años se han escrito muchas novelas y muchos cuentos. Más o menos se dice que se han escrito más de mil cuentos y editado más de cien novelas sobre estas décadas de la violencia en nuestra patria. Pero por lo general, el espacio de estas novelas se ha centrado fundamentalmente en la zona de Huamanga, en la zona del Centro; hay muy pocas novelas o cuentos que hayan tomado como elemento de trabajo la realidad que en ese entonces se vivía en el Norte del país. Y en esta novela, precisamente se toma como elemento fundamental de la realidad real lo que pasa en el Norte del país. Y ese escenario de la sierra no olvidemos que fue tratado por Ciro Alegría, porque Ciro Alegría nos habla del Marañón, nos habla de Balsas en sus novelas. Arguedas habla del Sur, habla de Andahuaylas, habla del Cusco, de Abancay. Pero del Norte, Ciro Alegría. Además hay otros novelistas como Bazán, por ejemplo, o Peláez Bazán, que tienen hermosos cuentos precisamente de Celendín y de esa zona de la sierra del Norte que va al Marañón. Entonces con esta novela vuelve a ponerse en la ficción literaria la parte geográfica descrita; me parece que ese es un logro importante de la novela.

Ahora vamos a pasar a la realidad ficcional. En todo autor hay dos fuentes de partida. Hay la fuente de lo que podríamos llamar su experiencia existencial, todo lo que ha vivido, todo lo que le han contado, las relaciones que ha tenido con su familia, las relaciones que ha tenido con sus amigos; eso forma la experiencia vivencial. Pero al lado de esta experiencia vivencial existe la vivencia cultural, todo lo que sabe, todo lo que ha estudiado, todo lo que ha investigado. En el momento de la creación estas dos corrientes se unen y explotan, de tal manera que en cada novela, en cada cuento, nosotros vamos a encontrar estos dos gérmenes: la experiencia personal y la experiencia cultural. Y, efectivamente, en la novela podemos encontrar claramente los rastros, la historia de una experiencia personal, enmarcada dentro de una experiencia cultural. Eso es importantísimo, el trabajar estas dos experiencias en una novela es cuestión de mucho talento, y no cualquiera puede escribir una novela tomando en cuenta estos elementos tan importantes.

Entonces escribir una novela, escribir un cuento, no es fácil; todo arte necesita responsabilidad, trabajo, disciplina. Ahora podemos encontrar a muchos escritores fomentados por las grandes transnacionales, que son escritores que tienen ingenio, pero les falta lo fundamental, les falta el genio. Y en esta novela encontramos el genio; genio en el sentido de poder trabajar estos elementos de la realidad real y entregarnos una realidad de ficción. Y está muy bien tratado. Por otra parte cuando se refiere a la realidad real de las luchas políticas que hubo en la década del 60, 70 y 80, está muy bien trabajado.

Y es algo que muy pocas veces lo he encontrado en novelas y en cuentos de esa época. Por lo general el espacio lo ocupa el gobierno a través de sus órganos de represión, Sendero Luminoso, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru; pero no hay que olvidar que en ese momento habían otras fuerzas de izquierda, y estas fuerzas de izquierda no aparecen en muchos de los relatos que hablan de la violencia de estas décadas. En esta novela sí se desarrolla esto, que es importante. Ahora me dirán ustedes que simplemente es un testimonio de carácter político sociológico; no es así porque está dentro de una novela. Porque muy bien al autor ha podido escribir un ensayo, el autor ha podido escribir memorias, pero el autor ha querido presentarnos una novela, es decir el trabajo de una realidad ficcional partiendo de la realidad real.

Y eso es lo que tengo que destacar en una novela. Ahora, esta realidad ficcional para Vargas Llosa es la verdad de las mentiras, y entonces contrapone dos categorías: verdad y mentira. Yo, personalmente, creo que estas categorías de verdad y de mentira solamente funcionan en un testimonio, en un testamento, en un parte policial, en una crónica periodística; pero cuando entramos al terreno de la novela no podemos hablar ni de verdad, ni de mentira. Lo que podemos hablar es de la mirada del autor. El autor, Manuel Guerra, tiene una mirada sobre estos acontecimientos, sobre estos personajes, sobre esta familia; es su mirada, y su mirada no es mentira ni verdad, es su mirada. Y esa mirada corresponde a su ideología.

Todos tenemos una ideología, ideología en el sentido de la concepción que nosotros tenemos de nuestra historia, de nuestra sociedad, y de nuestra situación en el mundo actual. Entonces esta ideología es la que guía la mirada; el autor puede tener muchos recuerdos, puede tener muchos personajes, pero en el momento de escribir él selecciona. ¿Por qué pone esta historia y no otra precisamente?, porque inconscientemente está obedeciendo a su ideología. Pero no solamente eso. Antes se hablaba del fondo y de la forma, y se decía que en fondo estaba expresada la ideología o el mensaje. Ahora hay una forma distinta de manifestar dónde está la ideología. La forma, el lenguaje, también son expresiones ideológicas del escritor, y, efectivamente, en el tratamiento de estos acontecimientos de la realidad real está presente la ideología del autor. Hasta en las cosas más simples, en el momento que yo escribo y tengo que emplear un adjetivo, y tacho ese adjetivo y pongo otro, ¿por qué hago esta distinción?, porque tengo una concepción ideológica y porque tengo una concepción de la estética.

Entonces eso no es gratuito, y en esta novela nosotros encontramos, efectivamente, esto. Es una prosa muy bien cuidada, muy bien trabajada. No he encontrado en toda la lectura del libro ningún gazapo, ninguna incorrección; al contrario, hay un manejo, no digamos académico de la lengua (porque entonces estaríamos en presencia de un informe), sino hay un trabajo estético de la forma. Hay un personaje ※porque una de las características de las zonas del Norte son los personajes que cuentan, y a veces cuentan historias fabulosas; hay un libro de un autor cajamarquino que se llama Los cuentos del tío Lino※, en esta novela también hay personajes que se solazan en contar, y a veces los que escuchan dicen ¿será verdad? ¿Será mentira? ¿Me estará engañando? Pero están embelesados escuchando, ¿y por qué se embelesan escuchando algo que creen que les están mintiendo? Por la forma cómo lo dice, eso es literatura. Y cuando uno comienza a leer la novela ※yo no lo he podido soltar※, es una saga familiar, es una novela en el buen sentido de la palabra, de aventuras, cada personaje tiene su propia aventura, y estas aventuras se van entretejiendo, y lo más complicado, me parece, que ha tenido el autor es ordenar estas historias, pasando de un tiempo a otro tiempo, de un personaje a otro personaje, que en un primer momento puede desorientar al lector, pero cuando uno se mete de lleno a la novela, es el autor quién nos guía, quién nos guía por este laberinto de personajes y de historias. Esta es una de las calidades de esta novela.

Habría que hablar de otras partes. Hay algo que también se presenta acá, pero yo pediría que, a través de estos personajes el autor pueda desarrollar este tema, que es importante. El año pasado se premió a un escritor de Chimbote que tiene una novela, no la novela premiada, sino otra novela, en donde cuenta la historia en contrapunto de un joven que entra a la Escuela de Policía, que vive en un barrio pobre de Lima, y se enamora de una muchacha de su barrio, y la muchacha de su barrio resulta siendo una dirigente senderista. Acá también, en la novela, se da esta contradicción entre dos personajes que han estudiado en el colegio, y hay uno que va a formar escuela política y se encuentra con su amigo que tiene a su cargo el puesto policial. Este es un tema que no ha sido muy bien desarrollado en el Perú. Pero si nosotros leemos algunas novelas de la revolución rusa vamos a encontrar el encuentro de estos personajes, que de pronto se ubican en trincheras opuestas, o que tienen un familiar. De pronto hay pues un dirigente político y que su hermano o su tío es jefe del ejército, y tiene a su cargo la represión. ¿Y cómo se resuelve ese problema familiar? Entonces ese problema también está planteado acá.

Alguien ha dicho que una novela es el conjunto de detalles, y esta novela es un conjunto de detalles, de historias que se anuncian, se revelan luego, y algunas se pierden; pero el autor tiene la suficiente capacidad de guiarnos, como digo, en este laberinto. Lo único que me queda es, bueno, recomendar leer la novela y que el autor los guíe por estos hermosos laberintos de la realidad ficcional de nuestra patria.

Gracias.
Carlos Rojas Galarza Manuel, con el sólo hecho de los comentarios acerca de tu novela por parte de tan brillantes presentadores que han elogiado tu obra, es ya una valoración sorprendente. La lectura que estoy realizando de tu libro ratifica la excelente calidad que tienes para este género literario. Continúa produciendo, estimado Manuel.

Un generoso comentario de Raúl Wiener sobre mi libro que acabo de presentar:

Trasiegos

Manuel Guerra, dirigente del Partido Comunista del Perú, Patria Roja, director del periódico oficial de esa organización, presentó el último viernes una novela que podría calificarse como testimonial, en la que recrea sobre la base de sus recuerdos la historia de su familia de Celendín, Cajamarca, y el proceso de su transformación en un militante de uno de los partidos de izquierda más importantes y de los que menos se conoce.

Cuando conocí a Manuel, me dieron como referencia que era uno de los duros de un partido al que desde fuera se le ve muchas veces rígido, formalista y hasta sectario. Pero yo descubrí que se trataba de una buena persona, reflexiva, dispuesta a tratar los problemas de la izquierda y las dificultades que el partido al que le ha entregado la mayor parte de su vida, ha tenido para cumplir con sus proyectos. Al tener en mis manos el libro, que me pidió comentar al lado de nada menos que el escritor Oswaldo Reynoso y la poetisa Rocío Silva Santisteban, estuve seguro que en sus páginas traduciría su inquietud por la política.

El libro lleva por título «Trasiegos», que se entiende como ese constante cambiar de una vasija a otra de los vinos que se ven limpiando poco a poco de impurezas, y es una crónica dulce y amarga a la vez sobre la vida en la sierra norte, los sueños, los prejuicios, las supersticiones y los hechos que influyeron en la formación de la personalidad del autor y que ayudan a explicar dónde está ahora. Llama la atención que la familia: el padre, la madre, los hermanos, los tíos que van sucediéndose en pequeñas historias, recorran sus vidas sin cuestionar su destino, sus pobreza y las desgracias que caen sobre ellas.

Manuel dice que él se hizo militante cuando dejó ese mundo, pero se lo llevó grabado en sus sentimientos, se vino a la ciudad, pasó por el servicio militar y descubrió que su hermano se había relacionado con el Partido al que luego se sumaría y del que forma parte hace más de 30 años. Y cuando habla de ello se refiere al hombre de base, el que cuidaba la puerta de un evento de Izquierda Unida y el que viajaba de un lado a otro tratando de organizar nuevos compañeros. No cuenta nada sobre su ascenso en la organización que seguramente daría para otro libro de trasiegos.

Es un acercamiento honesto a la realidad real, como diría Reynoso, a partir de construir una realidad de ficción que puede ser vista con el sencillo recurso de plantearse cómo es que se forma la militancia izquierdista que ha vivido victorias, aguantado fracasos y pasado por tantas pruebas. Manuel Guerra nos está dando una lección de honestidad intelectual que vale la pena leer. Tal vez sientan como yo, que vivir honestamente cada vida es hacer un poco de historia.

15.09.13 
www.rwiener.blogspot.com

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