Es decir, de esta forma los norteamericanos serán dueños de los seres vivos, de una especie, de una raza o de individuos (hombres o animales) y hasta de un híbrido. Esto ya lo han implementado como es el caso de los ratones de laboratorio para el estudio del cáncer y que fue desarrollado en la Universidad de Harvard hace 14 años y todo aquel que quiera hacer estudios para salvar a la humanidad del flagelo del cáncer utilizando a dichos ratones, deben contar con el permiso de los norteamericanos previo pago. Los norteamericanos han patentado la fibra de Alpaca peruana, los austríacos los alcaloides de la uña de gato peruana, los alemanes los dibujos de las líneas de Nazca peruana, los Chilenos la papa. Los objetivos de los norteamericanos se hacen más claros si tenemos en cuenta que el Perú es el país con la mayor biodiversidad del mundo.

   Se trata de robarnos no sólo los minerales, el oro, la plata, el hierro, la pesca, las maderas, las plantas medicinales, sino también las ideas, las producciones culturales etc. Se trata de un saqueo total.

   Hernán Garrido Lecca (actual Ministro de Vivienda del APRA, apuesta por el TLC), en un artículo titulado “Propiedad Intelectual: ¿El Caballo de Troya del TLC?, diario El Correo 14/07/04, hace referencia a la famosa trampa de las patentes de “segundo uso”. La trampa consiste en que las patentes y su protección se dan por 20 años según las leyes de los EE.UU. En el caso de los productos farmacéuticos, según refiere Garrido Lecca, debido al desarrollo de la Ingeniería Recombinante, se dió un giro en la tecnología. De esta forma se cambió el paradigma en I&D (Investigación y Desarrollo) en la industria farmacéutica. Se dejó de lado el paradigma de la síntesis química para dar paso al paradigma de la Ingeniería Genética.

   Lo que ha ocurrido es que el número de patentes por Ingeniería Genética en la industria farmacéutica es mucho menor que las patentes que ya están cumpliendo con los famosos 20 años, lo cual es una pérdida económica para los grandes laboratorios norteamericanos.

   De esta forma en el año 2000 se vencieron 53 patentes y sólo se lanzaron nuevas patentes en un número de 36. En el año 2001 se vencieron otras 53 patentes y sólo se lanzaron 34 nuevas patentes farmacéuticas. En el año 2002, se vencieron 41 patentes y sólo se lanzaron 26. En el año 2003, se vencieron 58 patentes y sólo se lanzaron 21 nuevas patentes farmacéuticas. Es decir, los EE.UU. han ido perdiendo el monopolio de las patentes farmacéuticas.

   Es cuando inventan las llamadas “Patentes de Segundo Uso”. Estas consisten en un método para prolongar la vida de las patentes. El método es muy sencillo y revela el carácter gansteril de las empresas norteamericanas. El ejemplo que pone Garrido Lecca, es que si un producto se vendió por 20 años para el dolor de cabeza y ya está por vencer su patente o bien ya venció, entonces el laboratorio declara de que tal producto también es bueno para el dolor del cachete y por lo tanto piden la “Patente de Segundo Uso”, de forma de prolongar por 20 años más el monopolio y así seguirán por 100 años más y si quieren por 1000 años más, para evitar el uso de cualquier tipo de tecnología por los demás países.

   Y esto es un crímen tratándose de medicinas, de la vida de los pacientes, de millones y millones de pacientes, de gente que sufre. EL TLC, es un instrumento para lograr aquello y desaparecer los medicamentos básicos.

   Una Quinolona que se utiliza para combatir las infecciones, en la cadena comercial cuesta hasta 5 nuevos soles, pero en medicamento básico, la misma quinolona, cuesta apenas 15 centavos de nuevo sol.

   El África es el continente con más SIDA en el mundo y se calcula que puede desaparecer a toda la población negra. Los laboratorios norteamericanos se frotan las manos pensando en el gran negocio que significa vender los llamados antiretrovirales, para el tratamiento del SIDA, a todo un continente. Hasta que país de Sudán resolvió fabricar ellos mismos los medicamentos antiretrovirales para atender a su población y a los demás países africanos, arrebatándoles el negocio a los norteamericanos.

   La respuesta de los EE.UU. fue decir que en dicho laboratorio se fabricaban armas de destrucción masiva y luego bombardeó el laboratorio hasta sus bases, no dejando ladrillo sobre ladrillo y matando a todos los científicos y técnicos que participaban en la fabricación de los antiretrovirales. Cuando se demostró que no había ninguna arma de destrucción masiva, ni siquiera pidieron disculpas y como era de esperarse, puesto era eso lo que se buscaba, se quedó como dueño único del mercado africano para los antiretrovirales.

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