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Habla Pinochet

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 8:29 pm on Martes, noviembre 24, 2009

Opinión: César Hildebrandt. periodista.

Para entender al gobierno de Chile a este y a los que vengan porque Chile sí tiene visiones de largo plazo -hay que entender a sus fuerzas armadas.
Y para entender a sus fuerzas armadas hay que llegar al núcleo duro de su doctrina.
Esa doctrina tiene muchas expresiones desde Diego Portales construyera la Constitución de 1833.
Y una de esas expresiones -quizá la de mayor influencia -es la que Augusto Pinochet Ugarte, virtió en su libro “Geopolítica”.
Leamos a Pinochet (me remito a la segunda edición de ese libro, de Andrés Bello Editores,1974): “Existen además numerosos principios o leyes con respecto a la modalidad de la expansión de los Estados; así tenemos como:
-Ley del menor esfuerzo: El autor de esta ley es Otto Maull, quien expresó que la expansión de los Estados se materializa  hacia las líneas de menor resistencia, tanto física como demográfica, que presentan los Estados vecinos.
_La Ley de la oportunidad: Se realiza en cuanto a tiempo, es decir aprovechando los momentos políticamente favorables, como sucede cuando el Estado vecino o el por agredir se encuentra débil (internamente débil).
_Ley de los espacios. Los Estados de área pequeña, cuyos pueblos posean una vitalidad grande, tienden a dilatar el espacio de que disponen inicialmente…”
Màs delante, hablando de las llamadas “Leyes de Ratzel” -Friedrich Ratzel, teórico alemán creador del concepto “espacio vital”-, Pinochet abunda con absoluta sinceridad:

“También se aumenta el espacio cuando la solidez cultural de un Estado ingresa a otro de menor capacidad, pasando a constituir el segundo un granero del primero. Porque, en este caso, el Estado inferior normalmente abre sus puertas y sus mercados, estableciéndose un intercambio intenso con ventajas lógicas para el Estado de mayor capacidad cultural por cuanto será el quien aprovechará las fuentes de materias primas (explotación) y entregará en cambio sus productos elaborados (distribución)…”
Pinochet, que toma al pie de la letra la definición que de la palabra Estado hizo el acuñador del concepto de la geopolítica, el sueco Rudolf Kjellen (“Organismo biologico”, “ser vvital supraindivdual”), parafrasea la llamada quinta ley de la expansiónde los Estados -según Ratzel -con estas palabras:
“En su crecimiento y expansión, el Estado tiende a incluir secciones políticamente valiosas: líneas de costas, cuencas de ríos, llanuras y regiones ricas en recursos”.
No olvidemos que cuando escribió este libro (1968) Pinochet era coronel, especialista en Estado Mayor y profesor de Geopolítica de la Academia de Guerra del Ejército de Chile. No podía imaginar siquiera que algún día encabezaría uno de los golpes de estado más cruentos de latinoamérica y de allí probablemente, la transparencia casi conmovedora con la que se refiere a “los estados vivos” -una constante alusión tácita a la vitalidad del Chile del siglo XIX-.
“Todo Estado que incrementa su poderío siente la necesidad de extenderse”, escribe en la página 222. Y por si alguien dudara, sermonea:
“La expansión de los Estados conduce fatalmente a un conflicto que sólo puede solucionarse en dos formas:
1) Por mutua y pacífica integración; o Por subordinación de un Estado a otro, lo que puede suceder de una forma pacífica o por las armas—
Todo Estado debe vivir preparado para cualquiera de estas eventualidades”.
A pesar de lo palurdo que pudo parecer para la mayoría, Pinochet siempre fue considerado, por sus compañeros de armas, un intelectual y un referente su libro sobre Tarapacá -”La Guerra del Pacífico. Campaña de Tarapacá” -es uno de los mejores y más exaustivos estudios sobre ese capítulo decisivo de la guerra que Chile ganara.
Ysus teorías sobre geopolítica continuan impartiéndose en las escuelas castrenses de Chile.
De modo que estas citas no son las de un general exaltado ni periférico: son parte de una esencia doctrinaria que el ejército de Chile fraguó desde los comienzos de la República.
Es posible, entonces, que la política más agresiva de Chile en relación al Perú proceda directamente de los cuarteles. Y que la Concertación .traumatizada con el recuerdo de 1973 no tenga otro remedio que marchar con el paso de ganso que le marcan los uniformados. Triste papel el del “socialismo” posmoderno.
Ministros patéticos en su prochilenismo, periodistas que parecen cónsules de Santiago -la señora Rosa María Palacios, por ejemplo – harían bien en leer a Pinochet. Leerían, al fin de cuentas, al padre tutelar de ese modelo económico impuesto a sangre y fuego que tanto les fascina.

El 2011 se acerca

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 2:29 pm on Martes, noviembre 24, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Lo que no está en duda es que, si las cosas continuan su actual tendencia, el próximo gobierno del Perú volverá a estar en manos del conservadurismo. Queda por saber si esta vez nos tocará el centro-derecha o la derecha pura y dura.
En el centro-derecha pragmático están Luis Castañeda Lossio y Lourdes Flores.
Un gobierno de Castañeda sería lo más próximo al odriismo, aquella formación personalista que sembró de obra física el Perú con la bonanza del precio del cobre por la guerrra de Corea.
Castañeda y Odría tienen en común su lejanía de las ideas, su amor por el hormigón y una vena popular que sintoniza con el asistencialismo y una cierta eficacia en la gestión de los recursos.
Lourdes Flores podría dar un paso al costado, pero lo más probable es que reincida en una candidatura varias veces malograda.
Lourdes viene del centro-derecha institucionalista y democrático con casa matriz en la Alemania de Konrad Adenauer. La sucursal chilena de esa corriente, sin embargo, apoyó el golpe de Estado de Pinochet, con lo que vació de contenido la idea de una democracia cristiana reflexiva y centrada.

El problema de Lourdes no es el programa, en el que siempre abunda. El problema es que en un país de caudillos y machomanes una mujer que propone políticas de consenso parece un rara avis.
Y si su idea del liderazgo sigue siendo la de no ser explícita y clara en lo esencial, entonces será fácil que otro García la arrincone como la candidata de los ricos. En todo caso, está allí y es una carta. A menos que Cataño se entrometa con algún expediente.
Keiko Fujimori es la derecha pura y dura y encarna una vieja tradición de autoritarismo y corrupción. Keiko hasta puede creer que esa “herencia” viene de su padre, pero no es así.
Su padre -es cierto -elevó ese estilo a las alturas de las Torres Petronas, pero fue el enésimo episodio de un modo de entender el Estado como botín, la nación como víctima y el presupuesto como gran almacén.

Todo empezó cuando la recién fundada República del Perú, derogó, en 1826, la llamada “alcabala de cabezón”, un impuesto que gravaba las tierras sin cultivar y que los dueños del Perú contaban por miles de hectáreas. Con ese acto de encomenderos pasados por conveniencia a las filas de la independencia empieza la historia de la gran corrupción en el Perú.
Siguió luego con el robo de las tierras comunales a manos de un ejército de criollos y notarios que fraguaron escrituras e interpretaron a su modo las leyes dadas por Bolívar (1824) y La Mar (1829).
No es calumnioso decir que la República peruana fue, en lo que a propiedad agraria se refiere, una sucesión de despojos que encontró su clima en las leyes de Enjuiciamiento y de Procedimientos Civiles de 1852, usadas como arma letal -nos lo recuerda Emilio Romero en contra de la propiedad comunal y en favor de la oligarquía latifundista.
Inclusive la abolición de la esclavitud fue un capítulo manchado. En efecto, el decreto original lo dictó el muy corrupto presidente José Rufino Echenique. Ese decreto se publicó el 19 no noviembre de 1854.
Enterado de eso, el jefe de la revuelta que jaqueaba al gobierno, es decir Ramón Castilla, publicó el 3 de diciembre de ese mismo año de 1854 otro decreto abolicionista pero en versión mejorada: los negros serían libres sin necesidad de pasar por el servicio militar y las indemnizaciones a sus amos serían inmediatas y no requerirían de mayores trámites.
Dejamos de tener esclavos negros apartir, entonces, del astuto oportunismo de dos bandos enfrentados en guerra.
No es en una columna sino en varios tomos donde cabría apenas la historia trenzada de la rapiña y la clase dominante peruana. Bastaría con recordar que buena parte de la riqueza guanera-19 154 200 pesos sirvió como repartija de malandrines entre quienes gracias a Echenique, “demostraron”, con una declaración jurada de testigos” como único requisito, que el Estado les debía plata por los servicios prestados a la Patria en la guerra de la independencia (¡guerra en la que muchos de estos parásitos ni siquiera habían peleado!).
La instalación de Keiko en Palacio, sería no sólo la continuidad de esta vieja historia sino el premio que el país le daría, como indemnización guanera, a quien hizo lo posible para disolvernos como entidad civilizada.
Porque elegir a Keiko sería elegir a su padre. Y junto a su padre volverían las oscuras golondrinas de aquel decenio deshonrroso.
¿Cómo miraría el mundo a un país que le entrega la presidencia a una señora cuyo programa máximo consiste en liberar a su padre, condenado por homicidio y masiva corrupción?

Si las cosas siguieran como ahora, está claro que Ollanta Humala subestimado por las encuentas, podría bordear un 20 por ciento de votos, porcentaje nada desdeñable en relación al Congreso pero insuficiente para pasar a la segunda vuelta. Y si lograse pasar, todas las encuentas apuntan a que una coalición del miedo lo derrotaría.
El problema de Humala es que ya no es novedad. Lo segundo es que parece no tener una idea clara de hasta dónde debe llegar al cambio antes de convertirse en anarquía.
Lo tercero es que sus asesores -consideren este plural como una cortesía porque es Tapia quien cumple ese papel -le hacen decir cosas raras, como aquella de que en el VRAE sólo hay narcotráfico, y le hacen creer que la virtud está siempre en el terreno de la exageración -cuando no de la caricatura maniquea. Eso explica por qué Humala considera toda moderación como una ofensa.
Por último, a sus carencias como personaje se suma el hecho de que Humala no orece una salida viable, una transición ordenada hacia los cambios cualitativos que se imponen. La idea del desborde le queda cerca. La cola de una turbamulta saqueadora lo persigue.
En cuanto a Arana y Simón, pues se trata de auténticos nonatos, de modo que cualquier pronóstico resultaría tan precoz como lo son sus campañas.
Arana, sin embargo, no es el iluminado y multitudinario arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero. Y Simón tiene, políticamente hablando, el aspecto de una libra de plastelina puesta sobre una torta de gelatina color fresa.
En relación al Apra, todo depende de los petroaudios, si Jorge del Castillo sale judicialmente chamuscado pero no incinerado de sus proximidades con Canaán -que son, de por sí un golpe muy duro a su reputación-, se perfilaría como el único candidato de peso en el partido gobernante.
¿Le permitirá García esa candidatura? Está por verse, Y de darse, ¿llegaría a ser importante?
Hay mucho pan que rebanar, pero lo cierto es que Del Castillo, en todo caso, está en el campo del centro-derecha y podría ofrecerse como una suerte de “continuidad con algunos ajustes” -Un libreto que será el marco programático de todos los candidatos de ese campo.
¿Surgirá alguien que encarne la seriedad, la decencia y la valentía para reformular parte del modelo actual y lograr esto con la mayor de las anuencias y sin producir una hecatombe económica?

Siempre es posible un milagro. Mientras tanto, y por ahora, resignémonos a que las derechas continúen en el poder. Las izquierdas se lo han buscado.

Una nueva relación con Chile

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 1:30 pm on Jueves, noviembre 19, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

La verdad es que ya me aburre hablar de Chile. Durante estos años me he ocupado del asunto y, al lado de personajes de veras importantes, he tratado de advertir y recordar.
Al final, todo lo que uno puede decir de Chile es, en resumen, que nunca será un país amigo del Perú.
Con Chile, sin embargo, tenemos que entendernos. Entendernos  no como lo propone la diplomacia del doctor Alan García, desde luego.
Porque García sigue hablando de cuerdas separadas y diciendo que por un lado están los negocios y por el otro el asunto de fondo.
Es que García no entiende que para Chile los negocios son el asunto de fondo. Y los chilenos tienen razón.
El guano y el salitre fueron su negocio en el siglo XIX.
Comprar un Perú barato, de a trozos y sin tregua, es su negocio actual.

Y para defender esos negocios es que Chile se arma. No es el asunto de La Haya, lo que ha desatado la belicosidad de Chile.
Su armamentismo superlativo tiene veinte años de existencia y se ha forzado, precisamente, en los últimos seis -mucho antes de que presentáramos nuestro expediente en la máxima instancia de arbitraje internacional.
Nadie ha armado mejor y más ofensivamente a Chile que la señora Bachelet, que es una mezcla de Pasionaria con Patricio Lynch.
Porque a la hora de pensar en el Perú el socialimo de la Concertación pasa por el filtro de la historia y se impregna de esa enemistad rancia y pétrea que viene de lejos y que no terminará fácilmente.

Chile sólo nos mirará como interlocutores cuando nos mire como a iguales. Y eso quiere decir un Perú digno, erguido, serio y dispuesto a hacerse respetar sin apelar a bravuconadas ni hurgar todos los días en el resentimiento.
Un Perú militarmente respetable y económicamente floreciente es la única manera de encarar la construcción de una nueva relación con Chile.
Un Perú económicamente floreciente y militarmente cachivachero es el sueño de Chile.
Claro que el civilismo inmortal de la derecha -aquel que nos condujo a la humillación del siglo XIX -no está de acuerdo con esto.
La derecha peruana, a diferencia de la chilena, no tiene patria. Tiene sólo bolsillos.
El señor Graña, por ejemplo es tan peruano como los chocolates Costa. Tan peruano como las tiendas Wong.
Graña-no lo olvidemos fue el socio de Chile en el allanamiento del Aeroclub de Collique, vendido truhanescamente gracias a la cutra y a la desnacionalización de la agenda de desarrollo peruano.
Lo primero que hicieron en Collique fue sacar con comba el busto de José Abelardo Quiñones Arízola, el héroe de la Fuerza Aérea peruana.
El círculo se cierra: de Quiñones Arízola expulsado al subocial Ariza bien pagado.
Víctor Ariza es un traidorzuelo.
Pero, como llamar a quienes han permitido que Lan-Chile sea hegemónica en los vuelos domésticos del Perú, empleandoa pilotos militares autorizados por el ministerio de Transportes de Lima?
¿Qué nombre les damos a los que destruyeron la flota mercante del Perú y le cedieron las naves y las rutas a Chile?
Y a quienes encubrieron la presencia del capital chileno en la pestífera operación del puerto de Paita. ¿Qué nombre les ponemos?
Ariza es un traidorzuelo. Pero la verdad es que los datos que ha podido entregar en los cinco últimos años eran los datos de la bancarrota y del desarme involuntario.
No había muchos secretos, felizmente, que ofrecer desde una Fuerza Aérea públicamente inoperativa, achatarrada y necesitada de repuestos y antioxidantes.

Para decirlo con grosería: ¿Qué secretos puede esconder una Fuerza Aérea que casi no puede despegar?
Alguien podría decir, no sin cierto cinismo, que Ariza, que volaba en Lan y compraba en Saga y se remediaba en Fasa y cambiaba losetas en Sodimac, ha podido pensar que lo que estaba haciendo no era traicionar a su país sino colaborar con un hermano mayor y empoderado.
¿Será que, más que traición, lo de Ariza podría ser colaboracionismo de un nuevo Felipillo en un nuevo proceso de conquista?

A la derecha dizque peruana le aterroriza la idea de ponernos firmes con Chile.
Y es que la derecha dizque peruana no hizo a este país: apenas los saqueó.
La derecha chilena, en cambio, construyó un país serio y a veces temible donde antes hubo una remota capitanía y, más tarde, la anarquía de los primeros años de su república.
La derecha chilena no se avergüenza de su bandera ni susurra su himno. la peruana carece de bandera y bailaba minúes cuando al inmenso Grau le faltaba carbón de calidad en los calderos del Huáscar.
No proponemos el baño María eterno a la memoria herida. El pasado es inmodificable. Lo que tenemos que lograr es que también es irrepetible. Hablamos del presente. Hablamos de empezar a revisar nuestra política hacia Chile.

Primero, poniendo restricciones al ingreso del capital chileno en áreas que pueden ser consideradas delicadas para nuestra seguridad. Eso es lo que ellos hacen y harán en  relación al Perú. Si eso significa desbaratar el TLC firmado a espaldas del Congreso, pues habrá que hacerlo.
Segundo, comprando -a pesarde las rebietas “cosmopolitas” de la derecha -lo que nos falta para dejar de estar indefensos. Porque las armas, doctor García, son tambié nuna inversión. No le haga usted caso al civilismo, madrastra de todas las derrotas.
Tercero, cooperando con Chile en todo aquello en lo que podamos marchar juntos como los vecinos inexorables que somos.
Cuarto, afianzando nuestra relación con Ecuador, Colombia, Bolivia Y Brasil -más allá de los discursos y entrando al terreno del desarrollo de fronteras, la inversión recíproca y la sinergía de empresas y proyectos.
Chile es un país serio con el que tenemos que convivir. Es, en muchos sentidos, un país admirable.

Pero es también un país que ha pensado siempre que Bolivia es obviable y que el Perú es una suerte dehinterland, un súbdito comercial, una Araucanía del norte, un  peldaño de esa escalera que lo llevará ser la mayor potencia del Pacífico sur.
Es hora de entender esta complejidad y de actuar como un país y no como un serrallo. Sin aspavientos pero con la férrea voluntad que merecen las buenas causas.

Obama y la bomba.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 1:17 am on Martes, noviembre 17, 2009

Al señor Barack Obama lo invitaron a visitar Hiroshima y Nagasaki. Dado que estaba en Japón, de camino a Singapur, sonaba lógico que El Premio Nobel de la Paz 2009 acudiera a las ciudades que Truman ordenó disolver en sendos holocaustos. Era una buena ocasión para hablar de los nuevos tiempos y de las llamadas “injerencias benévolas”.
Pues bien. Resulta que el señor Obama rechazó la invitación que le hiciera el primer ministro Yukio Hatoyama.
-”Iré a Hiroschima quizá después” -dijo el presidente de los Estados Unidos.
Yo he estado en el Museo de la Paz de Hiroshima y jamás podré olvidar lo que allí vi.
Cuando la bomba estalló aquel 6 de agosto de 1945 lo hizo a unos 700 metros sobre el suelo.
Eran las 8y 15 de la mañana. La era del terror nuclear había empezado.
Hiroshima no era un blanco militar. Había sido escogida porque las colinas que la rodean encerrarían la explosión haciéndola mucho más devastadora..
El ruido inaudito -una trepidación colosal seguida de una reverberancia -se pudo escuchar a 60 Km. Hubo un resplandor enceguercedor y, de inmediato, una silueta de gelatina hirviendo -el hongo atómico, de dos kilómetros de ancho -se erguió varios cientos de metros.
La temperatura alrededor de los primeros 1 600 metros, contados desde el centro de la explosión, llegó en instantes a un millón de grados. Todo lo humano se evaporó. Los incendios brotaron como si salieran debajo de la tierra.

Un mendigo sentado en las escalinatas del banco de Hiroshima se convirtió en un dibujo de grasa que ocupó tres peldaños. Ese trozo de escalinata de mármol está  en un museo. Se muestra                                                                                                                                                                                                                          bajo un título que dice “Shadow on de stone” (la sombra sobre la piedra). Es el homenaje que la muerte le hizo al arte aleatorio. Estoy seguro de que mucho del expresionismo abstracto viene de allí.
A doce kilómetros a la redonda, desde el centro de la bomba, todo se destruyó y lo que agonizaba o latía o se mantenía en pie fue fulminado de inmediato por un huracán de fuego radioactivo.
Ochenta mil japoneses -el 95por ciento de ellos población civil, un tercio de la población de Hiroshima murieron en los primeros treinta segundos de la explosión -que equivalió como energía, a veinte mil toneladas de dinamita.
Otros miles morirían a lo largo de los meses y los años venideros a consecuencia de las quemaduras y el incremento brutal del cáncer especialmente la leucemia.
Las estadísticas hospitalarias que se muestran en la enorme edificación destinada a recordar los horrores de la bomba son conmovedoras: la curva del cáncer infantil de los diez años siguientes a la hecatombre se eleva como un cuervo negro sobre las barras de los años.
En aquel museo uno puede ver lo que puede hacer una bomba atómica: pieles colgando, un caballo que encaneció en unos segundos por la radiación ganma, una caja fuerte de acero estrujada por la onda de choque como si  hubiera sido de papel, tenedores convertidos en tirabuzón.
Y por donde uno mire, fotos de gente a medio quemar vagando entre escombros: Esos eran lo que un sobreviviente describió con precisión: “Los heridos envidiaban a los muertos”.

Cuando el espanto parecía haber terminado, media hora después de la detonación, empezó a caer del cielo una lluvia sucia de hollín y de partículas,  una lluvia de uranio y polvo que terminó de contaminarlo todo.
“Les hemos devuelto el golpe (de Pearl Harbor) multiplicado”, dijo el presidente Truman. En seguida amenazó con una segunda bomba, una lluvia de ruina como nunca se ha visto sobre la tierra”. Truman era un hombre de honor y cumplió.

Pero no se crea que es sólo el pasado. El presente también le exige discreción sobre el tema nuclear al presidente de los Estados Unidos.
Porque Estados Unidos avala la sombría política de Israel el único país del medio oriente que tiene entre cien y doscientas bombas atómicas clandestinas y listas para armarse.
Resulta que hace pocas semanas la Agencia Internacional de Energía Atómica  le solicitó a Israel unirse al Tratado de No proliferación nuclear y permitir que técnicos de la agencia inspeccionen  sus vastas instalaciones. Israel no contestó.
Estados Unidos hizo todo lo posible para evitar la exhortación y le aseguró a Israel que seguía contando con su apoyo.
Los países con arsenal nuclear que no han firmado el Tratado de no profileración Nuclear son Israel, India y Pakistán, todos aliados de los estados Unidos.
Y aunque la Casa Blanca y Tel Aviv pagan millones a sus agentes para hacernos creer que Irán es el problema, lo cierto es que India y Pakistán,  han estado a punto de pulverizarse y que Israel tiene listo el plan de ataque en contra de Irán.

Para eso acaba de recibir de los Estados Unidos lo últimoen devastación subterránea: bombas de trece toneladas que se lanzan desde bombarderos Stealth B-2 y B-52 y que pueden romper todos los blindajes de concreto conocidos hasta hoy.
Y si eso no bastara, pues siempre queda elarma atómica, que estados Unidos no dudaría en justificar.
La verdad es que es bueno que Obama no haya ido al Museo de la Paz de Hiroshima. Lo habría contaminado de mendacidad.
Opinión: César Hildebrandt, periodista.