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Lobistas para Honduras

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 10:43 am on Miércoles, agosto 19, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Si se preguntan por qué andan tan lentas las cosas en relación a Honduras, parte esencial de la respuesta la acaba de dar la notable periodista estadounidense Amy Goodman: la gorilada derechista hondureña ha contratado, a nivel de gobierno, al cabildero Bennet Ratcliff, un especialista en presiones sobre el Congreso muy próximo a esa señora que dice ser experta en relaciones internacionales y que se llama Hillary Clinton. Sí la misma estatua de sal y silencio que susurra frascecitas cada vez que Israel se dice que seguirá construyendo asentamientos ilegales en la ribera oeste del río Jordán.
La señorita Goodman nos informa también de que un grupo empresarial hondureño ha arrendado, por su cuenta y riesgo, los concurrentes servicios de Lanny Davis, ex asesor jurídico especial del presidente Clinton y archiconocido de la secretaria de Estado del gobierno de Obama. Enroque perfecto.

Y tanto Ratcliff como Davis han empezado a hacer su trabajo desde hace diez días. Con el aplomo que se les reconoce, el dinero que no les falta y el apoyo internacional de intelectuales como Mario Vargas Llosa, convertido en el Pound prosístico de La Caverna Global (que no es el nombre de un periódico sino el club tácito de los hijos de Milton Friedman).
Y vaya que las cosas les están saliendo bien a esos filibusteros contratados por “la nueva Honduras”. Ya vendieron la idea de que el golpe simiesco en contra de Zelaya fue una respuesta (“condenable pero comprensible”) a la “provocación inconstitucional” del depuesto presidente hondureño.
¿Y cuál fue esa provocación inconstitucional?
Pues convocar a una consulta popular “no vinculante” sobre una hipotética y reforma constitucional.
En efecto, el día anterior al golpe de Zelaya se había encargado de apaciguar los ánimos subrrayando que la consulta era “no vinculante”.
De modo que no había como seguir acusándolo de promover un referéndum no previsto en la legislación de Honduras.

Pero a Zelaya le pasó lo que le sucedió a Allende. Cuando Allende le dijo a Pinochet, 72 horas antes del 11 de septiembre de 1973, que iba a plantear un referéndum para que los chilenos decideran el destino de su país, firmó su sentencia de muerte. Pnochet, comandante general del “ejército constitucionalista chileno”, adelantó la fecha del golpe, que estuvo previsto, originalmente para el día de la independencia (18 de septiembre).
El lobismo puesto en marcha en los alrrededores de la casa Blanca y en los pasadizos del Cogreso de Washington, explica por qué ahora el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, le pide a Zelaya la paciencia de Job y por qué la presión sobre los golpistas ha disminuido tan considerablemente y ha salido de las agendas noticiosas.
No voy a decir desde luego que Zelaya ha sido un gran presidente. La verdad es que fue un charlatán izquierdoso que dejó a Honduras casi tal como lo había recibido. Pero lo que me parece repulsivo es que la derecha hispanoescribiente, con “El País” a la cabeza, abandone todo principio y hable de golpes “preventivamente democráticos” (los que inspira La Caverna Global) y golpes “del todo inaceptables” (los que ponen en peligro el inmovilismo oligárquico de América latina).

Y que escritores como Vargas Llosa se remanguen la camisa y laven con sapolio la reputación de los golpistas hondureños da una idea de qué y cuánto está en juego en ese pequeño y secuestrado país.

Uno y el universo

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 3:19 am on Miércoles, agosto 19, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

El problema de la prensa es el que mencionaba Borges con aquella desvastadora frase: “los periodistas deben fingir que todos los días sucede algo importante.
En perspectivas astronómicas, y peor aun siderales, el hombre es como se sabe, un pequeño asco aferrado a una roca que da vueltas alrededor de una estrella que se habrá de morir.
Basta observar las estrellas una noche clara para llegar a la conclusión de que todo lo que le pase a esta inmensa manada de mamíferos crueles es bastante menos que la nada, mucho menos que la insignificancia y bastante menos que el brillo de una estrella que titile apenas a diez millones de años luz.
Pero si la historia de esta especie de grafómanos narcisistas es como la viruta de lo inexistente, pensemos que puede significar la historia de un país, de una aldea, de una familia y -más escalofriantemente -de un hombre. Si la vacuidad tuviera gradaciones, la historia de un individuo no podría aparecer ni en la más prolija de las mediciones.

Ahora bien,, la prensa desde un sentido filosófico, alimenta el romanticismo de nuestra pretendida trascendencia, sostiene la uotpía de una cotidianidad que alineada, más tarde, se convertirá en “historia” y contribuye a la locura de imaginar que la humanidad es inmortal como si la palabra inmortal fuera antídoto suficiente paranuestra banalidad.
De otra manera no se puede uno explicar el entusiasmo del periodismo por hacer una antología diaria  de la estupidez humana y proponer ese menú como contribución a la posteridad.
Fingimos que damos cuenta de lo importante cuando cuando lo que hacemos, en realidad, es cavar más profundo el hoyo donde el avestruz meterá la cabeza.

A mí me fascina acudir a escalas cósmicas y a cálculos aplastantes sobre galaxias distantes y estrellas binarias que tardan millones de años en devorarse y ser una, y luego, de inmediato, aterrizar en una primera plana de cualquier periódico.
Es una experiencia alucinante comprobar la rediculez humana sobre el fondo escenográfico del universo y sus oceános gaseosos de materia oscura.

Guerras apasionadamente criminales, odios míseros, sentimientos de superioridad basados en supersticiones religiosas, dioses invocados para matar niños, ladrones que presiden países, homicidios surtidos: un nanosegundo de alguna estrella del billón de estrellas que tiene la galaxia de la Andrómeda resultaría mucho más importante que todo aquello que la Enciclopedia Británica ha compilado y exhibe, hinchadamente, como historia de la humanidad.
Porque, al final, nadie recordará a nadie y nadie merecerá ser recordado. La última vez que tuvimos la oportunidad de darnos cuenta de nuestra condición fue con Nietzsche y su utopía sobrehumana. Después de él, a nadie se le ha ocurrido pensar en serio respecto de la “condición humana” como condena.
Les recomiendo amablemente hacer esta prueba: escuchen al doctor García hablar desde su vientre, al señor Velásquez Quesquén desde su harapo, al humorista en planilla desde su sobre, y luego piensen esto: La galaxia de la Andrómeda se acerca a la Vía Láctea a un promedio de 140 kilómetros por segundo y, en un período que oscilaría entre tres y cinco mil millones de años, tenderá a chocar con ella.

En ese momento, la porción del Universo en la que nunca nos cansaremos de matarnos será un big bang de hierro triturado y atmósfera desvanecida. La humana inmortalidad habrá llegado a su fin.

Dante en los suburbios

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 2:48 am on Miércoles, agosto 19, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Se ha muerto Enrique Congrains, el Dante que nos llevó a conocer los arrabales a los muchachos que estábamos seguros de que Lima no tenía marujas ni infiernos, el de Sicca del realismo urbano que nos paseó por los parajes negados y que hizo por el descubrimiento del mundo andino.
La cruel descripción que de él hizo vargas Llosa en su auntobiografía precoz la devolvió Congrains diciéndole a todo el mundo, la última vez que estuvo en Lima, que para él quien mejor escribía en el Perú era Gregorio Martínez.
Vargas Llosa lo pintó, con cuatro crayolazos maestros, como un fenicio chiflado que lo mismo podía vender pulidores de ollas que novelas y que escribió desde los cuentos de “Lima, hora cero” hasta la novela breve “No una sino muchas muertes” con el único propósito de ir de puerta en puerta ofreciendo su mercadería textual al contado o en cómodas cuotas mensuales.

La verdad es que Congrains nunca fue un escritor al que le sobraran brillos y también es verdad que su asilo en el realismo seco y duro parecía más una coartada que un modo de entender la literatura. Y es que el realismo tiene que ser el de un Dos Pasos o el de un Solztjenitzin-realismo-río, plenitud mediocre, laborioso retrato de penurias -para llegar a ser arte. Y lo de congrains tenía enormes méritos pero como que dejaba ver costuras, propósitos de conmover, trucos dramáticos.
También es cierto que nuestra crítica oficial fue siempre roñosa con Congrains. Pero eso no es de sorprender. Con la excepción del Oviedo original y del González Vigil de siempre, ¿de qué? crítica podemos hablar que no sea esa que Clemente Palma podría reclamar como suya?
Como los críticos con diplomas lo ignoraron, Congrains se reafirmó desapareciendo. Y un día partió míticamente a venezuela, donde hizo negocios inverosímiles que terminaban tas con tas con el fracaso, y otro día acoderó en Cochabama, donde escribió sus dos últimos y olvidables libros: La última vez que estuvo en Lima, hace dos años un sector de escritores reconoció su deuda con él y la saldó con algunas semblanzas y uno que otro ágape más bien chifoso. Las “autoridades” brillaron gracias a su ausencia.

Congrains tuvo el mérito de descubrirnos proféticamente, el infierno de Lima. Necesitaríamos cien Congrains para novelar la pesadilla que es Lima hoy. Porque si los críticos jamás homenajearon a Congrains, quien le rindió culto y tributo fue Lima, que cada año se pareció a sus libros y que hoy es como el borrador del libro crispado que Congrains debió escribir.

En todo caso, prefiero como lector, a Congrains y su rudeza de arenal y estera que a los escritorcitos ovejados (meeeeeeee) que hacen todo lo posible por seguirle la corriente a los que cortan el jamón. El jamóm serrano, claro está. Porque hablamos de una promoción de evasores que el viejo Lara y sus pandillas han domesticado desde el Planeta del entretenimiento. Porque para Lara todos los libros debían ser para el bolsillo. Y Planeta jamás hubiera editado a Congrains.

El cielo como castigo

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 6:15 pm on Sábado, agosto 8, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

A Robert McNamara, graduado en matemáticas, economía y filosofía por la universidad de Berkeley, le parecía fascinar el efecto que sobre el ánimo de las poblaciones civiles podía causar un bombardeo aéreo.
Cuando colaboró con el general Curtis LeMay, durante el último tramo de la segunda guerra mundial, se dedicó a la estadística de los vuelos aliados y descubrió que un 20% de los pilotos dejaban indemnes sus objetivos militares por no exponerse a las baterías antiaéreas que los protegían.
De modo que McNamara ajustó tuercas y tornillos y los resultados mejoraron considerablemente, aunque no tanto como él esperaba. Su fama de hombre brillante e implacable, con cuadros estadísticos siempre a la mano, empezó en esos años.
Distintos y mucho más exitosos bombardeos multitudinarios, indiscriminados y anchurosos en los que Mcnamara tuvo alguna participación como asesor de LeMay.
Ese bombardeo fue el de Tokio y se realizó en una sola noche y madrugada: la del 9 al 10 de marzo de 1945, Tresientos treinta y cuatro bombarderos B-29 de la aviación estadounidense partieron de su base en las islas Marianas y arrojaron sobre Tokio un infierno bíblico de metralla y fósforo expansivo.
Cien mil fueron los muertos el  95 por cento de ellos civiles.

La orden de Lemay y de su equipo fue aquella noche la misma que se daba tratándose de ciudades japonesas volar lo más bajo posible para evitar que los vientos del pacífico desviaran las bombas. El bombardeo de Tokio redujo Gernika a ensayo diminuto y preparó al gobierno de Truman para el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, decisión que contó, desde luego, con la entusiasta aprobación de Curtis LcMay.
Esa experiencia en el arte sombrío de desaparecer ciudades con sus habitantes incluidos, fue muy valiosa a la hora en que Robert McNamara, luego de presidir Ford Motors, encaró el desafío de Vietnam.
Convencido de que Hanoi era Tokio y Ho Chi Min era Tojo, McNamara, secretario de Defensa nombrado por Jhon Kennedy en 1961, planteó esa guerra sin ideales también se decidiría desde el aire. Y aunque el napalm era el mismo, los B-52 eran auténticas maravillas porque podían llevar 32,000kilos de bombas en cada incursión.  además ahora había visores nocturnos, bombas guiadas y todo lo que la naciente tecnología de la informática podía darle a la ind´sutria de la guerra.
De modo que McNamara alentado por el presidente Lyndon Jhonson, concibió, diseñó y opero la escalada de la guerra de Vietnam. Estudioso y detallista, fijó 57 blancos estratégicos situados en Vietnam del Norte -la mitad de ellos con población civil “colateral” y los bombardeó metódicamente. Los cientos de blancos situados en territorio de Vietnam del sur estaban fuera de la jurisdicción de McNamara y podían ser bombardeados a discresión por el general Estmoreland y sus jefes de línea.

Hay que recordar que Estados Unidos jamás la declaró la guerra a Vietnam y que fue Mcnamara el hombre que, en 1964, aprobó la conspiración de Tonkín, una mentira que consistió en hacerle creer a los estadounidenses que dos de sus destructores -el Maddox y el Turner Joy -habían sido atacados por torpederas notvietnamitas.
De resultas de este invento, el Congreso de los estados Unidos dictó la llamada “Resolución del Golfo de Tonkín” que autorizó a Jhonson (y a McNamara) a proceder militarmente en contra de vietnamitas.
Pero regresemos al tema principal, que era esa extraña capacidad de McNamara de imaginar el cielo punitivo, el diluvio infernal de la metralla. Cuando el fracaso de sus bombardeos se hizo evidente y cuando hasta su hijo, que estudiaba en Stanford, marchaba en contra de la guerra, McNamara renunció a su cargo y no fue a ningún Nuremberg sino que fue premiado con la presidencia del Banco Mundial.

Era febrero de 1968 y para entonces ya se había lanzado sobre Vietnam diez (10) millones de toneladas de bombas y 55,000 toneladas del llamado agente naranja, un defoliante que mató el 20% de los bosques de Vietnam del Norte e hizo inapto para la agricultura el 32 por ciento del territorio contiguo a la frontera entre ambos vietnam.
Tuvieron que pasar un millón y medio de norvietnamitas muertos, 56,370 soldados estadounidenses abatidos, 18 millones de desplazados, 184,000 survietnamitas caídos en combate para que Estados Unidos empezara a aceptar su primera derrota del siglo XX.

Y todo eso se lo debemos a Robert Mcnamara, un hombre de muchas luces que en la Florencia de los Médicis hubiera sido amigo de Maquiavelo, pero que en los tiempos de Lyndon Jhonson y del brutal imperialismo yanqui tuvo que resignarse a ser jefe del Pentágono y a planear uno de los más abultados crímenes de guerra de la historis. Que no descanse en paz.

Michael Jackson

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 5:17 pm on Sábado, agosto 8, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Nunca se sabrá que personaje será el que fue enterrado hace unas semanas, en el cementerio Florest Lawn Hollywood Hills de Los Angeles.
Ese ilustre cadáver tenía la identidad de quien había nacido en Indiana como Michael Joseph Jackson pero se parecía sólo de un modo remotísimo a quien todos habían admirado en los años 80.
Empecemos por el comienzo. Cuando la muy pobre familia Jackson apostó por la música como atajo al ascenso. Michael sólo tenía cuatro años. Era, sin embargo, tan maravillosamente precoz que un año después ya era el vocalista de  The jackson Five.
Como la infancia le fue arrebatada, Jackson (Michael) hizo lo que muchísimos niños secuestrados por la fama llegan a hacer para vengarse: decidió congelarse emocionalmente en una edad que lo exonerara de las miserias de ser adulto.

Genial y desquiciado, no sólo se pasmó en ese estado de gracia sino que empezó a jugar con su identidad y su género. No sería negro como el papá abusivo que manejaba una grúa y siempre estaba escaso de dinero ni sería del todo el hombre de la casa que sus padres habían ideado – parásitos de su talento -desde las primeras grabaciones en el sello Motowon.
De modo que se puso a trabajar en ello y los resultados asombraron al mundo. Ese negro original, apuesto y bien plantado, se iba suicidando hasta llegar a ser un mosntruo de luz de neón, un blanco a punta de descamados sucesivos, una pesadilla de nariz respingada.

O sea que el Micahel Jackson nacido en agosto de 1958 en Gary, un pobre pueblo de Indiana, sólo quedó el armazón. Todo lo que cubría aquel esqueleto prodigiosamente ágil y dúctil para el baile fue cubierto por una piel falaz, unos labios que dejaron de ser belfos a cuchilladas, un mentón de niñita y una peluca androide terminada en un lacio robacorazones.
Claro que le quedaba la agilidad, el talento y la voz y con todo ello pudo seguir haciendo música y dinero, pero lo que jackson no supo es cuánto lo odiaron los negros de todo el mundo que no se avergonzaban de serlo, los que en su país habían sobrevivido a siglos de desprecio y a la triple K del sur infante, aquellos por cuya liberación Abraham Lincoln había librado una guerra espantosa, aquellos que a pesar de su liberación, siguieron siendo, hasta 1965, los apestados de Alabama.

Jackson no sólo desacreditó al gremio de los cirujanos plásticos sino que deshonrró las luchas de Stokely y Carmichael, la música de Mirian Makeba y los discusos que construyeron la autoestima negra de Martin Luther King. Fue, en suma, alguien que se hizo ex negro en el quirófano.

Por eso el entierro tuvo una atmósfera de redundancia.

León en su casa.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 12:11 pm on Sábado, agosto 8, 2009

El problema no es que Rómulo León Alegría haya pasado de la cárcel real a la cárcel simbólica de su domicilio. El problema es que el juez prevaricador y cómplice que sigue el caso, y que a todas luces obedece a intereses apristas, ha hecho todo lo posible para que el proceso no avance, la leonina computadora no sea abierta ni descifrada y los daños colaterales del Caso Petroaudios no se produzcan.

Porque esos daños colaterales no tienen nada de colaterales y podrían ser, más bien, centralmente palaciegos y nuclearmente alanistas. Total, ¿no era Nava quien hablaba con León sobre lo que quería Canaán? ¿No estuvo Canaán en Palacio después de declararse el financiador de la campaña para el 2011 de Jorge del Castillo?
Lo que quiere decir todo esto de León Aegría es que el APRA vuelve a hacer ostentamiento grosera de su dominio de la judicatura y de su peso decisivo en esta república contraria a Montesquiu.
Los que dicen que Rómulo León merecía salir de la cárcel porque ya estaba bueno eso de permanecer en ella sin acusaciones formales parecen olvidar que la responsabilidad de eso la tuvo y la tiene el juez Barreto, que tiene apellido de búfalo y conducta de fan de Alfonso Ugarte.
La figura es esta: te tengo preso pero no te acuso, congelo el expediente, cambio de jueza y de fiscal, apelo a los trucos más sucios del hampa judicial, desobedezco al mismísimo abogado del acusado que me pide abrir el CPU de la computadora, rechazo a los peritos nombrados por el Colegio de Ingenieros y le pido a la Universidad de Ingeniería que nombre a otros, etcétra, etcétra, etcétra.

Entonces claro, claro creo las condiciones para que una sala especial de la Corte Superior, corte presidida por el compañero Vega vega, decrete la excarcelación del sujeto que se jactaba en un audio, precisamente, de sus influencias en el Poder judicial.
Mientras tanto, las sobras color rosa de un crimen folklórico -folklórico sobre todo por el empleo de la puñalada por la espalda -ha entretenido a la prensa, ha subido las sintonías, ha obligado a “El Comercio” a pelear en el barro, y hasta Michael Jackson ha servido para que el Congreso, sobornando a cinco congresistas, logre que el gabinete cadavérico “pase la prueba de la censura”.
De modo que un “premier” que pregona su renuncia en público se siente respaldado por un Congreso que hace tiempo sólo produce náuseas.

Todo lo suficientemente depravadillo y cochino como para recordarnos aquel quinquenio en el que los ministros robaban, los jefes de Enci robaban, los mandamases del Ice robaban, los directores del BCR robaban, los altos mandatarios robaban, y Bettino Craxi metía sus naríces empolvadas en los asuntos del tren fantasma. ¡Qué tiempos aquellos!

Opinión: César Hildebrandt, periodista.