AYHUALA.COM

Sitio Personal de Luis Ayala Huamaní, ayhuala@hotmail.com

LA RABIA DE LA DERECHA

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 11:44 am on Sábado, abril 11, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

La condena a 25 años de Alberto Fujimori no sólo es una obra maestra del derecho y de la lógica, una construcción mental de impecable claridad y un encadenamiento irrefutable de hechos, documentos y testimonios.

La condena al hombre que confederó los vicios de la república y las peores flaquezas de la sociedad peruana, es un momento histórico pero tambien y fundamentalmente, una manera de recuperar la decencia nacional.

Somos bastante mejores como país desde el día de ayer. El fujimorismo gutural quería que siguiéramos siendo en muchos sentidos una tribu sin ley que festejara la infamia y que sólo tuviera por norma la conveniencia de su cabecilla.

La sala penal que ha juzgado y condenado al usurpador de nombre Alberto Fujimori nos devuelve al mundo civilizado. Podemos decir ahora que, a diferencia de Chile, hemos aplicado la ley a quien jamás la acató. -porque si Pinochet sufrió ciertos aprestosj udiciales inflingidos sobre todo gracias al juez español Garzón y al fuero londinense -murió sin embargo, de larga vida y muchas muertes y jamás fue condenado.

La historia del Poder Judicial en el Perú ha sido una historia de corrupción general y de muy pocas grandezas. La mayor de esas escasas grandezas, la grandeza mayúscula, ha ocurrido ayer. Y gracias a estos jueces con vocación de historia, tendremos que mirar de un modo distinto la judicatura.

La corrupción no es inexorable. Los jueces paradigmáticos que ayer le han lavado el rostro al Perú demuestran que, al final, la elección entre el honor y la sordidez será siempre un asunto personal. Y dignas, más allá de las presiones y las turbas amenazantes, producirán siempre actos dignos.

Frente a tantos años de canalla abogadil y jueces no sólo sin rostro sino también sin honra, la sala penal presidida por César San Martin e integrada por los vocales Víctor Prado Saldarriaga y Hugo Príncipe Trujillo nos reconcilia con la esperanza: los jefes de Estado no son impunes, la democracia también es depuración y limpieza, no es una fatalidad aceptar el crimen ni resignarse ante la inmundicia.

Si hubo San Martín importado y amable que juró la independia en 1821, ayer ha habido un San Martín nacional que nos ha librado de una dominación tan indeseable que España impuso en estas tierras: la dominación del deshonor.

Fujimori es la interpretación más cabal y el resumen biográfico más perfecto del deshonor que le fuera ajeno ni traición que lo asqueara ni felonía que le mereciese algún reparo.

Traicionó la democracia que juró respetar, a la Constitución que debía cumplir, a la esposa que lo catapultó, a los evangelistas a quienes debía la victoria, a los apristas a quienes había amado tanto, a los tontos que lo creyeron “populista”.

Y cuando la ola de podre lo salipicó, traicionó a los traidores Montesinos y hermoza Ríos, lo que es un refinamiento no sé si romano o delicadamente oriental.

Y cuando la cobardía lo ensilló por enésima vez -porque la cobardía es madre de la crueldad, -según Michel de Montaigne, y Alberto Fujimori fue cruel hasta con los cadáveres, -cuando la cobardía lo azuzó, digo, perpetró la que sería la traición más transoceánica de su historia personal: renunció a la presidencia desde Tokio (“porque temía por mi vida”, diría después), se hizo japonés extrayendo la nacionalidad secreta que siempre había negado tener, se vinculó a círculos mafiosos y fascistas de la política del Japón, apareció de pronto en Chile creyendo que en el Perú los esperaban las masas y, cuando la policía chilena lo detuvo, candidateó sin éxito al parlamento nipón para blindarse.

Esa trayectoria ha terminado ayer con una condena que nos enaltece como país. Y esa condena se yergue como un aporte de los jueces peruanos al derecho internacional y a la lucha que Latinoamérica ha librado en contra de la barbarie.

Sendero Luminoso y el MRTA le declararon la guerra al país. Pero, como lo demostró Antonio Ketín Vidal, enfrentarse al salvajismo marxista de Sendero y del MRTA no implicaba convertirnos en gentuza que celebrara en una playa militar una fiesta borracha tras el asesinato de nueve estudiantes y un profesor.

Fujimori vivió a sus anchas cuando Sendero y el MRTA le permitieron actuar como si todo lo estuviese permitido. La captura relativamente precoz de Guzman, debida al GEIN y no a los sicarios mandados desde Palacio lo desconcertó.

Pronto, sin embargo, encontraría nuevos motivos psrs comtinuar su campaña. destinada a “prolongar” la guerra todo lo que fuera posible. Un país normalizado no era conveniente porque podía permitir que la gente mirara el otro lado de la luna: el masivo latoricinio del presupuesto militar, las coimas grandiosas que irían a parar a Suiza y a la banca sucia del Caribe, la venta mafiosa de las empresas públicas, la compra de tractores chinos, sobrevaluados y de aviones de guerra que costaban la mitad de lo que se decía que costaban, el uso de dineros públicos para comprar a los congresistas tránsfugas y sostener la prensa de estercolero dedicada a denigrar a “los enemigos”.

En estos días hemos visto y oído al fujimorismo, en todos sus matices, expresarse con plena libertad. Desde las objeciones de Valle Riestra, ese tribuno de “La Tribuna” y ese primer ministro goloso de la dictadura, hasta la señora Keiko Fujimori, que hasta ahora no nos dice cuándo devolverá el dinero sucio que recibió de su padre, pasando por Jaime Bayly, ese fujimorista que salió del clóset para anunciar que votará por quienes siempre lo asustaron y a los que siempre aduló.

Fujimori condenado. Las turbas que Raffo recolecta entre el lumpen harán lo suyo. “La Razón” gritará lo previsto. Martha Chávez, Martha Hildebrandt, Luz salgado y Carmen Lozada de Gamboa regurgitarán sus viejos argumentos. Valle Riestra usará, más que nunca, la corbata de luto por sí mismo. Los canales que le deben a la Sunat lo que la Sunat jamás permitiría a otros que se le debiera, seguirán reciclando chicharrones de prensa.

Pero todo eso será episódico. Desde ahora, el condenado Fujimori ya no es la víctima de una persecusión que sus parásitos jamás pudieron demostrar. Desde ayer, Fuhimori es un reo. Y el Perú ha amanecido distinto. El Perú ha jalado la cadena.

Es importante no olvidar algo que podría ser fundamental. No sólo los Saravá están de duelo. Está también de duelo, aunque quisiean aparentar lo contrario, los empresarios que apostaron todo por Fujimori.

No sólo la “La Razón” el diario que justifica la masacre de Gaza tanto como la matanza de Barrios Altos, están de duelo. También lloran como viudas y viudos repentinos en “Eisha”, en la Confiep servil, en la oficinas de Dionisio Romero, en las gerencias de Saga Ripley.

Porque Fujimori no fue sólo Barrios Altos y La cantuta. Fujimori fue también la ejecusión del consenso de Washington y del liberalismo en dosis de caballo. El liberalismo no llegó a América Latina demandado por los pobres, como dicen los pobres diablos. El liberalismo llegó a Chile de la mano ensangrentada de Pinochet y a Argentina de la zarpa de rafael Videla.

El Perú no podía ser distinto. Una política de persecusión de los derechos adquiridos por los trabajadores, de supresión de los sindicatos, de ajuste para los de abajo y ganacias exepcionales para los de arriba y para las corporaciones que los de arriba muchas veces representan, sólo podía ejecutarse en medio del estado de exepción, la Constitución suspendida y la democracia quebrada.

La condena a Fujimori tiene connotaciones políticas. Pero no son las que el fujimorisnmo pretenderá esgrimir estos días. El sustrato político en todo esto es que la condena de ayer no sólo alcanza al tutor mediato de crímenes abominables y al cómplice encumbrado de asesinos sombríos, sino al operador de una política que hoy, con la crisis mundial desatada, se muestra no sólo como injusta sino también como insostenible en el largo plazo.

La derecha llora por Fujimori. ¿Quién dijo que los cocodrilos no lloraban de verdad?

Otorongos de la prensa.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 10:32 pm on Domingo, abril 5, 2009

Opinión: César Hildebrandt, periodista.

Los periodistas que creen en que la prensa es un poder supremo me causan mucha gracia. Aludiendo a los congresistas, hablan de los otorongos, hablan de los otorongos que no devoran otorongos, pero de ellos podría decirse que son unicornios, que no tocan a otros unicornios ni con el pétalo de una frase. Con lo que demuestran que hay también un gremialismo mafioso en el mundo del “cuarto poder”.

Dicen esos periodistas por ejemplo, que hay que despenalizar los delitos en contra del honor porque eso es lo más justo y lo más proporcional. ¿Justo para quién y proporcional para quienes? ¿Justo para los perpetradores del delito y proporcional para los dueños de la prensa!

Esta falta de pudor me asombra. Que hay periodistas que exijan la despenalización de los delitos en contra del honor es como si hubiese abogados que demandasen la impunidad para la figura de la coima y para la práctica del aceitado judicial (o su conversión en falta castigable con una sanción económica).

Es como si los médicos pidiesen que la mala práctica sólo castigase con una multa. O como si los ingenieros civiles quisieran que el colega ladrón que le puso menos concreto a la mezcla y produjo la caída de un edificio estuviese al márgen del código penal.

Siendo sinvergüenza que la prensa pida la impunidad para sí misma, lo que resulta pintoresco es que todo esto surja a partir de la aplicación de la ley vigente en el caso de la señora Magaly Medina.

Que la señora Medina sea considerada por Gustavo Mohme una colega cabal, no me extraña. Que el señor Mohme esté convencido de que el honor lesionado se paga con un cheque, no me sorprende. Que el anodino Consejo de la Prensa suponga que el honor es un asunto secundario, dice mucho de algunos de sus integrantes. Pero que algunos ilustres periodistas decididamente alfabetos -y algunos hasta editados -metan su cuchara en esto y aboguen en la misma dirección que Nakasaki me resulta muy extraño.

La prensa pide sus propios e inaceptables privilegios en relación al código penal pocos años después de que el país se enterara qué clase de podrida prensa secretaba la televisión de Fujimori, la prensa escrita del gordo Bressani y los pasquines que Pepe Olaya empleaba para ensuciar a los enemigos del régimen.

Osea que esos delincuentes sólo debieron pagar una indemniación, barrer una calle, cumplir con una multa? ¿O quién puede creer que con el poder judicial…

FUJIMORI EN EL PARAISO.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 10:29 pm on Domingo, abril 5, 2009

Opininón:  César Hildebrandt, periodista.

Escucho a Alberto Fujimori describir su paraíso de opio y compruebo que gente como él sólo puede prosperar en un país que tiene a un 40 por ciento de ciudadanos a los que le da lo mismo -lo dicen reiteradas encuestas -si los rige una democracia o una dictadura.

Osea que en el Perú hay un 40 por ciento de ciudadanos que casi aspiran a no ser ciudadanos y que quieren ser, a veces con fervor, vasallos tristes y alegres siervos de la gleba.

Detrás del fujimorismo está la capacidad de sumisión y la arrolladora ignorancia que lastiman el alma del Perú.

Escucho a Fujimori y me digo que si hubiera géisers de cinismo sonarían como su voz.

Habla de coraje el hombre al que le temblaba la voz cuando se dirigió a buscar refugio an la embajada del japón la noche del fallido golpe del general Salinas Sedó.

Habla de Honor el hombre que emputeció a la Fuerza Armada, hizo del Congreso un chiquero, suprimió el orden constitucional, desconoció su firma y hasta su huella digital con tal de no pagarle una deuda a la madre de sus hijos.

Habla de orgullo de sí mismo el sujeto que quiso ser senador japonés para obtener la inmunidad que lo librara del alcance de la ley.

Habla de responsabilidad el hombre que llenó 45 maletas de videos, dinero y botines diversos, tomó el avión presidencial y pasó de Brunei a Tokio, donde pidió asilo y desde donde renunció por fax a la presidencia de la República.

Habla de amor por la patria el jefe de una banda que saqueó las cuentas del tesoro público por un valor que los más conservadores estiman en dos mil millones de dólares.

Habla del veredicto de la historia el sujeto que estaba pescando en Iquitos cuando la policía de la Dincote, sin ninguna ayuda de Montesinos, capturó a Abimael Guzmán, el hombre que huyó del país tras descubrirse cómo es que Montesinos compraba esos congresistas que hoy deben estar frotándose las manos.

Qué patético pobre diablo es Fujimori. Se atribuye todos los poderes para las cosas que salieron bien y se pinta como un presidente sufrido desinformado e irresponsable cuando le mencionan los asesinatos que cometían los criminales a los que él felicitaba y amnistiaba.

“Yo era comandante de la Fuerza Armada en el sentido en que un entrenador de fútbol comanda el equipo”, dijo ayer destilando la esencia de su legendaria conardía.

O sea que debemos alabarlo por haber “comandado” las fuerzas armadas que derrotaron al senderismo, pero debemos exonerarlo de toda responsabilidad cuando esas mismas fuerzas armadas mataban ancianos, niños y mujeres en las alturas de Ayacucho.

Debemos agradecerle el haber sacado al país de la crisis económica en la que nos hundió Alan García -quien hizo tanto para que Fujimori lo sucediera, pero tenemos que olvidar que con él todos los derechos del trabajador fueron abolidos, todo asomo de equidad fue perseguido, toda corrupción en el proceso de las privatizaciones fue posible.

Tenemos que decirle gracias por la Paz con Ecuador-Tiwinza incluida, derechos de navegación ecuatorianas en ríos peruanos incluidos -pero no podemos recordarle su repugnante papel en la derrota peruana del Cenepa, cuando nuestros soldados carecían de logística, comunicaciones y, en muchos casos de rancho y de zapatos.

Debemos ser gratos con si régimen porque “refundó el país” (Fujimori dixit), pero tenemos que olvidarnos de que quince de sus ministros o están presos o están con orden de captura por ladrones.

Debemos ser fujimoristas por las escuelas que sembró el Fonades, pero no debemos evocar la prensa unmunda que él creó para ensuciar a sus adversarios y, seguramente, “elevar el nivel cultural”.

Este demócrata que cerró el Congreso, este honrrado que permitió la rapiña más grande de la que se tenga noticia, ese ciudadano ejemplar que convirtió a un edecán en fiscal para entrar a robar maletas en la casa de Trinidad Becerra, este hombre decente que tuvo como socio a Montesinos, este estadista al que defienden sujetos como Saravá, este ángel que vivió entre alimañas, este hombre ejemplar que dió un golpe de Estado cuando su esposa, en un rapto de bendita locura, denunció los asaltos de la hermana Rosa y del cuñado Aritomi a la caja de Apenkai, este probo encubridor de Miyagusuku, esta vergüenza que grita lo que lee y juega con la voluntad de olvidar de los peruanos, este señor Fujimori, en suma, sigue siendo exactamente el mismo miserable que la miseria moral adora y hace suyo.

El secreto de Fujimori es que se ha convertido en socialmente exitosos los peores vicios de la “peruanidad”: la crueldad en el tumulto, el cinismo como método y, sobre todo, la cobardía elevada a la categoría de función vital-

El triunfo de Keiko Fujimori, de darse, será el resumen vistoso de la tragicomedia nacional y una prueba de que hay países económicamente pujantes y moralmente inviables.