2009: EL AÃ’O QUE ESTUVIMOS EN PELIGRO.

Transcrito del Diario La primera.

POLÍTICA EXTERIOR: Sumisión y aislamiento.

La patética imagen exultante del presidente Alan García elogiando a Chile por haber asumido una actitud de país civilizado al aceptar colaborar con el esclarecimiento del caso del espionaje del traidor Ariza y el inmediato y gélido aclare del canciller chileno, Mariano Fernández, en el sentido que Chile no ha aceptado ningún espionaje ni ha accedido a las exigencias peruanas, resumió, al filo de fin de año, el carnaval de papelones y frivolidades que, con el canciller José Antonio García Belaúnde como actor secundario, ha sido nuestra política exterior en el año que termina.
Los papelones se reiteraron teniendo como telón de fondo la adunolería constante a Estados Unidos, a cambio de una que otra palmada en el hombro por mantener el neoliberalismo y la democracia de mercado a cualquier precio -baguazo, paros, marchas, desempleo, hambre y descontento-, servilismo que alega desembozadamente la supesta ventaja de ponerse bajo la proteccion del más gande, pese a que este sigue preferiendo la más confiable alianza con la élite militarista chilena, a la que Washington arma hasta los dientes sin ningún reproche salido de la incontenencia verbal de García. Fue con Chile que el inevitable contraste entre la cabeza agachada y el puntapié en el trasero se repitió como una letanía, por ejemplo cuando nuestra diplomacia -es un decir proclamaba aquello de las cuerdas separadas y del encapsulamiento del diferendo limítrofe gracias a que optamos por la ruta prencipista de usar el mecanismo de la solución pacífica en la Haya y los gobernantes sureños respondían con dureza, palabras más, palabras menos, que nada, ‘que haber llevado a la corte nuestro letigio fue un atrevimiento que pone en peligro toda la relación bilateral’

El caso del traidor Ariza llevó la relación bilateral a su punto más crítico y, más allá de aciertos de conyuntura en el tema, mostró desde un principio la falta de coherencia y el alegre carnaval en que se ha convertido la política exterior en el segundo gobierno aprista. El asunto, reventó, por un juego por investigar que sorprendió a García, cuando nuestro presidente estaba en la Cumbre de APEC en Singapur. Lejos de encarar a la señora Bachelet y discutir directamente con ella el problema, García canceló su cita con la mandataria vecina y salió corriendo, haciendo evidente ante la prensa internacional y el mundo entero, que el asunto estaba fuera de su control.
Ya en Lima, él y su canciller extendieron el certificado de defunción a la política de cuerdas separadas, debido a que, al habernos espiado con fines ofensivos durante varios años, Chile evidenciaba que no quería una agenda constructiva de paz y desarrollo. nada de retiro de embajador ni de congelamiento del TLC tan conviniente para santiago. Luego, apenas con una notita de respuesta que era casi un simple acuse de recibo del informe enviado por la Cancellería peruana sobre el caso Ariza, García y el otro García, su canciller, se dieron por satisfechos, volvieron al sonsonete de las cuerdas separadas y mandaron de vuelta al embajador Carlos Pareja de vuelta a Santiago.
El penoso desfile de debilidades y yerros incluyó las maniobras Salitre 2009, en la que Chile consiguió la participación de numerosos países en un ejercicio de una intervención multnacional a un país al norte de Chile -el único allí ubicado es el Perú- sin que nuestra diplomacia hubiera actuado preventivamente en forma eficaz para disuadir la presencia en esos juegos de guerra de países como Argentina y Brasil. con los que se supone tenemos buenas relaciones.
Tampoco ha habido resultados en la propuesta de reducción del armamentismo -absurda, cuando Chile ya se ha armado con demasía, que sólo ha recibido saludos a la bandera, debido a la falta de presencia peruana en citas y proyectos regionales de trascendencia como las cumbres de Unasur o la creación del banco del Sur, en los que participan gobiernos de todas las tendencias; ausencia criticada fraterna pero firmemente por el presidente de Brasil Luz Inacio Lula da Silva.
La sumisa anuencia de García y Torre Tagle al auspicio de Estados Unidos al golpe de Honduras y el vergonzoso reconocimiento del régimen paria surgido de las elecciones convocadas por los golpistas en ese país, confirmó un alineamiento con Washington y un consiguiente aislamiento regional y mundial que nos deja prácticamente solos en un horizonte geopolítico erizado de peligros, pues el gobierno sólo tiene como aliado y no muy confiable ni sólido, a la Colombia de Álvaro Uribe, cada vez más despristigiado por su política de violación sistemática de los derechos humanos y sus conexiones con los paramilitares y el narcotráfico.
El asilamiento, acompañado por la obsesión de lograr más tratados de libre comercio que la mayoría de los vecinos no cotiza, se acentuó por los pleitos manejados sin eficiencia ni pragmatismo por el gobierno y exacerbados por el neoliberalismo y los celos de García, con Venezuela y Bolivia, países a los que se debió aplicar la misma lógica que a  Ecuador: buena vecindad a pesar de las diferencias ideológicas, en lugar de exacerbar esta con el otrogamiento de asilo a elementos repudiados en esos países, a quienes nadie quiere recibir.
La política mantenida con Ecuador, junto al viraje de fin de año en el caso de Bolivia, a donde el gobierno decidió a recomponer las relaciones al nada oficialista Manuel Rodríguez, parecen expeciones en el lamentable panorama de nuestras relaciones internacionales del 2010.

Deja un comentario