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HOMENAJE A ALBERT EINSTEIN.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 11:37 am on Sábado, agosto 23, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

“para ser miembro irreprochable de un rebaño de ovejas, hace falta ser primero oveja” (Einstein).

Alberto Einstein fue probablemente el hombre más importante del siglo XX. Y no sólo por su descomunal inteligencia sino por el rol ejemplar que cumplió en relación a los valores que harán posible, algún día, la paz.

Los judíos en general, sin embargo, no lo recuerdan como debieran recordarlo. Ni siquiera este año, que ha sido el sexagésimo aniversario de la creación del Estado de Israel, la figura de Einstein ha merecido el homenaje que las comunidades judías podrían haber programado como un modo de recordarnos qué tipo de compromiso debe adquirir la ciencia con los problemas del mundo y sus posibles soluciones.

Quizá esa conducta se deba a que Einstein jamás dejó de insitir, por ejemplo, en que la única solución para palestina era la convicencia armoniosa de árabes y judíos. En un famoso discurso sobre el tema. Einstein sostuvo que el referente ideal para esa co-existencia basada en el mutuo respeto debía ser Suiza, “que representa un grado superior en el desarrollo del Estado, precisamente porque está constituida por varios grupos nacionales”.

Y enfatizó “Establecer una cooperación satisfactoria entre árabes y judíos no es problema inglés sino nuestro. Nosotros es decir judíos y árabes, nosotros mismos tenemos que ponernos de acuerdo respecto a las exigencias de ambos pueblos para una vida comunitaria”.

Einstein fue, por su puesto, sionista. Pero fue enemigo del sionismo armado y terrorista que muchos judíos asumieron como “una penosa necesidad”. Por eso es que el 10 de abril de 1948, requerido por una asociación judía norteamericana que buscaba fondos para la llamada “Banda Stern” -organización terrorista fundada por Abraham Stern y dedicada a expulsar a los árabes de su territorio que debía ser binacional -el pleclaro judío Albert Einstein respondió de esta manera: “cuando una catástrofe real y final recaiga sobre nosotros en Palestina, el primer responsable de ella serán los británicos y el segundo responsable serán las organizaciones terroristas nacidas de nuestras propias filas. No estoy dispuesto a ver a nadie asociarse con esta gente criminal y descarriada”.

Einstein era judío y sionista, pero entendió siempre el movimiento fundado por Hersl como una solución y no como una fuente crónica de odio y crímenes recíprocos. ¿Qué hubiera dicho Einstein de los crímenes de estado perpetrados de manera sistemática por israel? ¿Cómo habría reaccionado ante lo sucedido en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, donde el general Sharon permitió el asesinato de unos dos mil palestinos civiles y desarmados, incluidas decenas de niños, mujeres y ancianos?

Einstein habría sido, como muchos judíos pacifistas, un escandalizado enemigo de la “solución militar” que hoy secuestra a los políticos israelíes.

Porque Einstein odió doctrinariamente el militarismo y fue un instigador elocuente de la objección de conciencia y de la desobedencia ante el llamado al servicio militar. En una declraración sobre la conferencia del desarme de 1932, dijo explícitamente: “El Estado debe ser nuestro servidor y no nosotros esclavos del Estado. Este principio es negado por el Estado cuando nos obliga a hacer el servicio militar o participar en una guerra, sobre todo considerando que con ello se pretende la destrucción de otros hombres…”

-Ah eso era en 1932 -dirá alguien. La verdad es que Einstein mantuvo su consistencia de pacifista luego del holocausto perpetrado por el nazismo y aun terminada la segunda guerra mundial. Invitado a hablar sobre la paz por la viuda de Roosvelt, en 1951, leyó, desde Princeton, una declaración que parece haber sido escrita para estos días sombríos del los Bush y sus guerras:

“Toda la política exterior está dominada por un único punto de vista : ¿Cómo actuar para un caso de guerra, vencer al enemigo? Estableciendo bases militares…armando y apoyando…a los aliados potenciales. Y en el interior de los Estados Unidos, concentrando gran parte del poder financiero en manos de los militares militarizando a la juventud, controlando la lealtad de los individuos y sobre todo de los funcionarios, intimidando a quienes piensan políticamente de otro modo, e influenciando en la mentalidad de la población por medio de la prensa, la radio y la escuela, así como poniendo en práctica una creciente censura de las comunicaciones bajo el pretexto del secreto militar”.

Einstein siempre creyó que la mejor religión consistía en amar la vida, todas las vidas, las de todos los prójimos. “El judaísmo no es una fe -escribió en unas líneas dedicadas a separar la religión judía de todo parentesco con cualquier fanatismo. Está claro -añadió que servir a dios es lo mismo que servir a los seres vivientes…La comunidad de los vivos es sentida hasta tal punto como un ideal, que los madamientos que rigen la satinficación del Sabbat incluyen expresamente a los animales. Más prístina se destaca todavía la solidaridad entre los humanos y no es un azar si las reinvindicaciones socialistas salieron sobre todo de judíos…”

A Einstein el capitalismo tragaldabas y la economía puramente de mercado tampoco le convencieron:”Es posible conseguir es menos horas de trabajo la cuota de alimentos y de bienes que la gente necesita. En cambio el problema de la distribución de esos bienes y del trabajo se ha vuelto más difícil. Todos sentimos que el libre juego de las fuerzas económicas, así como el desenfrenado afán de riqueza y poder por parte de los individuos, no ofrecen salidas al problema”.

El creador de la teoría de la relatividad, el hombre que había ampliado el horizonte intelectual del ser humano hasta rozar con la lógica de las estrellas y la niebla de la materia oscura, siempre tuvo un pie en tierra para pensar en sus semejantes y en las injusticias. Por eso ironizó respecto del “sacro egoísmo ilimitado que conduce a consecuencias funestas en la vida económica…”

Y por eso, siendo un hombre con una enorme vocación por la soledad, no huyó de su responsabilidad social y luchó siempre por ideales que hoy parecen, fatalmente, ensuciados por la pasión, desterrados por el dinero o abolidos por el odio.

Sionista y democrático, judío y socialista, más agnóstico que otra cosa en materia de religión, pacifista y justiciero, Einstein merecería ser, otra vez, el mayor orgullos de la nación judía. Él y no Ariel Sharon, ese Karadzic del sur libanés. Él no aquellos que sembraron vientos para luego cosechar tempestades que llamarán a otros vientos y a otras tantas tempestades, y asi hasta la náusea y hasta la muerte, siempre.

LA HISTORIA DE VÍCTOR JO

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 9:44 am on Sábado, agosto 23, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

Víctor Jo Guai estaba contrabeando opio en la frontera rusoafgana cuando lo llamaron para asesorar a Boris Yeltsin. Jo Guai había asesorado antes a Enver Hoxha, contribuido a la educación moral de Pinochet en su calidad de tutor y era en ese momento el oráculo infalible de Chino Maldito, el único soldado nipón que desertó de Iwo Jima apenas empezaron los tiros y llegó nadando hasta Rapa Nui, donde empezaría una cerrera política coronada en el Perú con el llamado Shogunato de los Mil Cerezos.

La mafia rusa se había enterado del talento inmenso de Jo Guai para la política porque el dueño de las mejores plantaciones de amapola en el sur afgano era Dimnitri Vomitoliv, jefe de la campaña electoral de yeltsin y amigo de Jo Guai desde los tiempos en que ambos hacían medicinas chinas en el patio trasero de sus casas.

Así que Yeltsin y Jo Guai se reunieron. -cuénteme algunos detalles -dijo Jo Guai con tono muy profesional.

¿Podemos hablar en confianza? -preguntó Yeltsin mientras Jo Guai asentía con la cabeza. -Mire usted -añadió -hemos matado, hemos robado, hemos hecho doscientos atentados para culpar a los chechenios y hemos enviado nuestra plata negra a Marbella. Ahora necesitamos ser reelegidos para seguir tapando todo esto. -¿Y cuál es el problema? -preguntó Jo Guai. -tengo a mi alrrededor a muchos pusilámines que quieren concenso y moderación -dijo yeltsin. -Ese sí que es un problema -dijo Jo Guai. -Yo si creo en lo que hago dijo Yeltsin. -Pero es necesario más que eso -dijo Jo Guai. me refiero a verdadera convicción, a ese entusiasmo que podría confundirse con la felicidad -filosofó.

-¿Cómo hicieron en el Perú? -preguntó Yeltsin. -Chino Maldito, por ejemplo, nunca dejó de creer que el Perú debía ser un guáter, una cisterna averiada, un atoro de tamaño amazónico. Y nunca dejó de creer que las almas de los peruanos debían de ser aplastadas por toneladas de basura venérea y periódicos sucios. Y que los valientes o los inadaptados deben ser vomitados por el sistema. Y nunca dudó, fíjese bien señor Yeltsin, nunca dudó de que el Perú sería, al final un país de noche, un trozo de nada navegando a la deriva, un país maravilloso donde las mulas mandaran y las ratas recibieran descanso posnatal.

-Lo que dice me confunde un poco -dijo Yeltsin. -Es que es una visión cósmica del mal -dijo Joi Guai con la frialdad de un académico que describe la teoría de los fractales. Eso es lo que hace falta aquí, señor Yeltsin: matar al último escrúpulo de la pútrida conciencia.

Yeltsin se quedó pasmado. Nadie le había hablado así. Ni siquiera vladimir Chavetovich, el mayorista de la mafia rusa, el que mataba estadios enteros y sinagogas en actos de celebración. Alguna vez, recordaba, Chavetovich había tratado de reflexionar sobre la inutilidad de la decencia pero eso era muy poca cosa frente al discurso de este peruano de ojos mongólicos que no parecía adular al mal sino encarnarlo.

-Eso en primer lugar -añadió Jo Guai. -Lo segundo es actuar. Las elecciones no son elecciones: son una confirmación, una clonación fotográfica de la elección anterior. No son elecciones: son una redundancia. Por lo tanto, camarada, arreglas las computadoras. Eso se llama modernidad. ¿Alguien te ataca por la prensa? Lo desapareces. ¿El periódico entero entero se suma al ataque? La madre del jefe de la Unidad de Investigación resulta atropellada por un tren de carga que se desvió de ruta y fue a parar a una carretera.

-¿Te jode una radio, con el perdón respectivo por esa palabra, querido camarada? Te llevas el transmisor por la noche. ¿Sale un candidato amenazante? Lo sepultas en mugre lanzada desde la televisión que controlas, es decir toda. Por que lo único que hacen estos brutos que gobernamos es ver televisión. -¿Pero eso no es…volver a Stalin? -balbuceó Yeltsin hincado por el último milígramo de pudor que le quedaba.

-Es peor. Stalin fue un reo primario porque no tenía satélites ni computadoras ni interceptores telefónicos. No tenía ni siquiera rayos infrarrojos para burlarse de la noche, ni GPS para saber que pisas ni Internet para difamar a escala planetaria. Permíteme decirle, señor Yeltsin, que Stalin fue un pobre diablo. ¡Stalin no tuvo nada de lo que el mundo se merece! -gritó Joi Guai.

-¿Cuánto le debo? -preguntó Yeltsin, mareado sin haber tomado una copa de vodka. -nada, Su Exelencia. Sólo quiero comprar más medicina en la frontera.

Será escoltado hasta allí para protegerlo. Le agradezco mucho sus consejos. -terminó Yeltsin. Tenía la cara de quien había vuelto al estado de gracia de los inocentes.

(Del libro “Biogtrafías Apócrifas” . de pronta aparición)

SECRETOS DEL APRA.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 12:37 am on Lunes, agosto 18, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

Víctor Raúl Haya de la Torre no es sólo el ser mítico, infalible y profético que la religión aprista ha puesto a la cabeza de su iglesia.

Como puede uno comprobar leyendo parte de la correspondencia que Haya mantuvo con Luis Alberto Sánchez (1), el fundador del Apra albergó, como todos, grandezas y miserias. El Apra jamás ha admitido la espesa humanidad de su líder y ha pretendido imponerle al Perú la imágen de un santo agnóstico que todo lo supo y casi todo lo pudo.

Para el Apra de hoy, Haya es refugio y paraguas, coartada y pretexto. Pero las cartas que aquí recordamos furtivamente señalarían que las debilidades pactistas, las claudicaciones doctrinarias y las surtidas mezquindades de la actualidad vienen de lejos, se diría que de la diestra del dios-padre.

El 9 de febrero de 1937, Haya le escribe a Sánchez y le presenta una lista de “indeseables” respecto de los cuales hay que proceder con cautela: “…José María Arguedas, comunista, empleado de correos y uno de los registradores de correspondencia; Augusto tamayo Vargas, comunoide, empleado de informaciones de Palacio…Palabra (una revista de la época nota de C.H.) está bajo los auspicios de Xavier Abril, “fugitivo de España” como Sassone, Pablo Abril de RREE y una banda de intelectuales y universitarios de media agua…”

¿Arguedas censor de correos? ¿Tamayo topo de Palacio? ¿Xavier Abril intelectual de media agua?. La avaricia de Haya para reconocer a otros fue legendaria.

En abril de 1937, en otra carta dirigida a Sánchez, Haya pasa de la pequeñéz a la calumnia e insulta por la espalda a César Vallejo un año antes de la muerte del ilustre paisano: “Yo creo que en cuanto al Congreso aquel de España, aunque se trata de evidente maniobra comunista, debes ir…Esos Congresos son siempre inicuos y como los paga Moscú, tienen plan de redada, pero ya tú estás crecidito para que te aprovechen…Vallejo es un agente pagado para eso…”

Haya no quiere pronunciamientos en favor de la Republica española herida mortalmente por el fascismo alzado en armas. Lo dice en varias cartas y lo repite indirectamente en otra dirigida a Sánchez en marzo de 1937: ” A mí me tendieron la red cuando el Frente Popular. Conozco el poder mágico de un señor delegado de la II (La tercera Internacional Comunista, nota de C.H.)…Pero de esos delegados he visto ha centenares por todas partes, tantos como los mercachifles judíos. No. Yo no seré nunca un Azaña. A mí ni me atraparán…”

Queda claro: su escandalosa “abstención” en el asunto de la guerra española se debe a que está convencido de que la República traicionada es un gobierno copado por los comunistas. Espantoso horror moral que lo hará aprobar, más tarde y sibilinamente, “la lección” que franco le dio a sus enemigos.

Haya era pro chileno hasta la médula. En la carta ya citada le escribe a Sánchez: “Me dicen que Américo largó bilis amarga y limeña… contra los sureños. ¿Por qué? ¿Qué piensa ese hombre? ¿Hasta cuando no van a liberarse de lo mezquino, de lo pequeño, de lo limitado? Si los del sur intrigan ¿Por qué no sentirse grandes y dominarlos por la grandeza como hombres y no como comadres?”

Algún parecido con discursos actuales? En todo caso, ese párrafo me concierne en lo personal. El “Américo” de la misiva es mi tío materno Américo Pérez Treviño, hermano de mi madre, periodista, escritor y diputado aprista de la Asamblea Constituyente y, como muchos exiliado en Chile.

Lo peor no es el tono de cueca tarapaqueña que ensaya la prosa epistolar de Haya. Lo peor es que lo que dice procede de un chisme idiota (es sí que limeñísimo). Cuando Sánchez le responde desde Santiago le suelta esta línea: “…Informe sobre antisureñismo de Américo es mentira vil. Calificola a sabiendas: mentira vil. Transmisor es individuo que nunca hizo nada aquí ni en Concepción…” Poco tiempo después Américo partiría a Venezuela, donde moriría en la plenitud de su vida, devorado por un cáncer.

Si el Apra pacta hoy con Fujimori, Haya, en plena dictadura de Benavides, se reúne varias veces con Manuel Prado-vocero de uno de los más recalcitrantes del conservadurismo peruano- y recomienda a los desterrados en Chile que se entrevisten con Luis flores, el secretario general de la abiertamente fascista Unión Revolucionaria.

Haya y Sánchez se distancian en 1943. El carácter de ambos los colocaba en trayectoria de colisión, es cierto, pero la explicación menos subjetiva para este pleito de colosos es la arbitrariedad creciente y el narcisimo sonámbulo con que Haya pretende subyugar a todos. En una carta del 9 de enero de 1943, Sánchez le reprocha a haya haber puesto al Apra de furgón de cola en el tren de los Estados unidos de América: “…esa resolución nos coloca en una apresurada y exagerada posición de gonfaloneros de Estados Unidos y compañía”.

No sólo eso separa ahora al político del escritor. Sánchez asaetea a Haya con este reproche: “…me ha mostrado M un párrafo de una carta tuya respecto a Waldo Frank, en que le tratas de judío, traidor, mentiroso, etc. linda cosa: precisamente a un hombre que escribe un artículo en defensa nuestra para 3 millones de lectores…se le pone en la picota…Y luego, mientras de un lado nos llamamos los judíos del Perú a causa de maltrato que nos dan, se le enrrostra como un delito el que sea judío”.

¿La eterna escopeta de dos cañones, el invento más socorrido de la tecnología aprista? Sánchez lo afirma en este párrafo: “Hemos llegado ha despertar una sistemática desconfianza. A través de conversaciones con distintas personas de diverso tipo, el criterio dominante que se percibe sin dificultad es éste: Pero, ¿se puede confiar en la palabra del Partido?…Tenemos que reconquistar la confianza en nuestra lealtad…”

El autor de “América: novela sin novelistas” pone el dedo en la llaga recordándole a Haya pasajes ingratos de su pactismo algunas veces promiscuo: “Se trata de nuestras relaciones con la Unión Revolucionaria. Recuerdo que hace unos buenos tres años recibimos vehementes reiteraciones a abrir conversaciones con esos señores. De mis peores recuerdos es una entrevista con alguien de ellos, que me produce una terrible sensación de asco y una invencible inclinación al odio…”

Haya de la Torre se quedó atrás y casi tres meses después, el 29 de 1943, le respondió a Sánchez. En relación de la desconfianza, Haya le escribe: “El Partido ha cumplido con su palabra de no traicionar a su línea, de mantenerse firme y moral en un país podrido por el Civilismo leguista(en 1976, sin embargo, Haya le dice a Barnechea que Leguía “fue el mejor presidente del Perú”, nota de C.H.)…Que ellos nos llamen hombres sin palabra es un elogio…Nunca he creido en mi infalibilidad y estoy seguro de que tú no aceptas ninguna porque tienes bastante con la tuya, cada vez más acusada y enorme…La vanidad del escritor…lo lleva a avergonzarse de creer en algo, a perder calor y emoción, a sentirse como esos intelectuales españoles precursore de la guerra civil, azorados, o, como dice graciosamente un emigrado gachupín en México, “azorinados”. ¡No hay que azorinarse!”

Enfurecido por una alusión bajuna de Haya a su esposa doña Rosa Dergán. Sánchez replica el 6 de mayo de 1943: “Algunas veces te he oído y leído que los chismes son cosa de proxenetas. Hay tantos chismes y además inexactitudes y hasta calumnias en tu carta del 29 de marzo, que forzosamente tengo que suponer que te hallas materialmente sediado de proxenetas…”

Sánchez va directo al corazón: “…debes sentirte muy amargo al no poder uncir a la victoria tu carro. Todos hemos experimentado esa amargura…Dias de sabor a ceniza y hiel en la boca, que convidaban a vomitar injurias con acritud de profeta fallido…”

Haya ha insinuado que Sánchez ha coqueteado con Leguía. Sánchez le recuerda que ha sido detenido tres veces durante el gobierno de Leguía y añade: “…además en el peor de los casos ser leguista es menos delictivo que estar al lado de quienes no vacilaron en 20 meses de poder en asesinar a algunos centenares de compañeros nuestros (se refiere a la dictadura de Sánchez Cerro y a su brazo político, la fascista Unión Revolucionaria chilena, nota de C:H:)”.

Luis Alberto se ensaña: “De todos los sectores llueven críticas sobre la versatilidad y hasta “la claudicación aprista”…”

Pocos meses más tarde la relación entre el fundador del Apra y su intelectual más prominente se renaudaría. Aunque dicen los que estuvieron cerca que, tras ese intercambio de iras, ya nada sería igual. En todo caso hemos reseñado esta correspondencia como una manera de entender, con cierta perspectiva histórica, de dónde viene el pragramatismo sin remordimientos del partido que heredara Alan García Pérez. El Psicoanálisis afirma que, si lo permitimos, la infancia se convierte en destino. Pasear por la infancia del Apra, por eso aclara muchas cosas. (1) Primer tomo de la correspondecia Haya-Sánchez. Edición de 1982/Mosca Azúl Editores.

ENCUESTAS, PRENSA Y EL APRA.

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 10:32 pm on Domingo, agosto 17, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

La baja en la popularidad de Alán García no está en relación proporcional al apoyo que buena parte de la prensa le brinda.

El diario “El Comercio”, por ejemplo, es un bastión del régimen que terminó pensando como sus editorialistas, escribiendo como sus colaboradores y demonizando a los adversarios como sus fantamas de siempre.

¿Qué escribió “El Comercio” al día siguiente del último paro? Escribió lo siguiente: “En Lima (el paro) fue casi nulo y en el interior se apeló a desmanes y bloqueos para forzar una paralización con consecuencias graves en heridos y destrozos de propiedad pública” (Editorial del 13 de julio del 2008).

En resumen para “El Comercio” no hubo paro sino chantaje extremista violencia. Sin embargo, como la consistencia es escasa virtud en la página editorial del diario en cuestión, a párrafo seguido se admite que algo de protesta hubo (y a escala nacional). Ahora, claro, esos reclamos no estaban dirigidos en contra del régimen solamente:…”las protestas no sólo fueron contra el Poder Ejecutivo, sino también contra la ineficiencia y desidia de los gobiernos regionales y locales, asi como contra el Congreso, todos los cuales deben asumir su responsabilidad”

¿Ya ven? El paro fue un fracaso pero fracaso y todo -dizque “El Comercio”- el Ejecutivo, los gobiernos regionales y locales y hasta el Congreso “deben asumir su responsabilidad”, ¿Qué responsabilidad, si el paro fue un deastre proletario y un duro golpe para la CGTP? No es que Aristóteles sea amigo de “El Comercio” como se ve.

Cuando “El Comercio” indaga en las motivaciones de la “abortada” movilización popular encuentra que la principal de ella es “la opinión de los principales involucrados (que) reacciona frente a la intención de modernizar el país” y esta modernización tiene nombres, según el diario. Esos nombres son la llamada “Ley de la Selva”, la de utilidades mineras” y las normas sobre propiedad y venta de tierras comunales…”

¡Ajá! Es la teoría del perro del hortelano bryceanamente copiado en el editorial de “El Comercio”: los que protestan quieren oponerse a la modernización del país. Y esos protestantes resultan azuzados por la izquierda anarcoide de siempre.

Así lo dice “E l Comercio” “…somos conscientes de la persistencia de grupos radicales, felizmente minoritarios, a quienes molestan los avances del país y que deben ser desenmascarados, denunciados y sancionados con los instrumentos que provee el Estado de derecho”. Entre estos instrumentos, como se sabe, está el uso de las armas y las nuevas leyes que tienden a criminalizar la protesta social.

¿Le ha servido de algo de gobierno un apoyo como el de  “El Comercio”?

Viendo las últimas cifras de la Universidad Católica, los que situan en 31% el apoyo al régimen se diría que de poco.

¿Le sirve de mucho al doctor García el control evidente que ejerce sobre la telivisión y la tierna comprensión que la radio, en general, le dispensa?

No parece que le sirviera de mucho, aunque la verdad es que el padrinazgo de la TV y la radio, los medios más poderosos por su influencia, sí están evitando un detrioro mayor de las cifras que las encuenstas están revelando. Se diría que sin una TV y una radio tan amigas, la aceleración del descenso gubernamental en los sondeos de opinión llegaría a la velocidad de las desgracias.

Lo que no se ha dicho en relación a las encuestas es que éstas no apuntan sólo a Alan García Pérez sino al Apra y a sus más rudos mentores.

Nadie se ha preguntado, por ejemplo, cuál ha sido el aporte de Mauricio Mulder en la caida de la popularidad del régimen.

En opinión de este columnista, el “factor Mulder” ha sido desvastadoramente decisivo. En las últimas semanas, este desaforado operador de la calle Alfonso Ugarte ha puesto a Montesinos como fuente de la verdad, ha reconocido que -violando la ley de bancarización -pagó al contado 18,ooo soles al Canal 4 por la difusión del inmundo spot montesinista, no ha aclarado el enredo del Pnud apareciendo como fracturador y se ha permitido acusar a la CGTP de estar implicada en un plan subersivo para “bolivianizar al Perú”

Pocas veces se ha visto visto una densidad mayor de metidas de pata, cinismo profesional. sentimiento de impunidad y voluntad de provocación.

Para atenuar el asco producido por el uso de Montesinos, Mulder se ha preguntado: “Cuando Montesinos imputa a Fujimori el haber ordenado el asesinato de los estudiantes de la Cantuta, ¿eso es verdad o es mentira”?. Y en seguida argumenta que si creemos en esas palabras también deberíamos asumir como verdad lo que Montesinos dice sobre la presunta cobardía del Sutep durante la dictadura.

¿Qué torpeza estará adquiriendo Mulder para argumentar de esa manera? Porque, precisamente, lo que no dice Montesinos es que Fujimori ordenó matar a los estudiantes de la Cantuta. Como géiser de mentiras. Montesinos vocifera o susurra mendacidad sin pausa alguna. Por lo tanto, a Montesinos sólo podemos juzgarlo por los hechos que lo comprometen y por el cúmulo de indicios que lo sindican como el más sombrío asesor de la banda encabezada por Alberto Fujimori Fujimori, banda a la cual se acercó Agustín Mantilla y a la que ahora se ha aproximado el secretario general del APRA ¡ante el silencio anuente de casi toda la prensa!

Pero el telón de fondo de las cifras en las encuestas es la subida anualizada del precio de los alimentos, que ya va por el 9.5% Es cierto que en eso hay un compenente exterior, pero es también cierto que todo sería más manejable si el gobierno hubiera puesto a la agricultura nacional entre sus prioridades. Por lo menos si la hubiera puesto al mismo nivel en el que se encuentra su explícita vocación pro chilena.

Y, por si acaso, al despedirse del puesto, el ex ministro de economía Luis Carranza ha admitido con todas sus letras: “Ahora tienes un contexto en el cual la inflación es una amenaza…”

Un mensaje nada cifrado en relación al gasto píblico mal hecho y a punto de desbocarse. Un gancho de derecha que nos remite al exterminio del Inti como moneda. Un recuerdo que ojalá no sea del futuro.