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CONTINENTE DESPRECIADO

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 2:46 am on Viernes, junio 20, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

Comentando el libro de Michael Reid “Forgotten Continent: The battle for Latin America’s Soul”, Francis Fukuyama admite algunas de las cosas más duras que conservador alguno haya tenido que admitir en relación a esta región:

“…América Latina no merece ningún respeto para Washington. Mencione la región en una reunión de letrados en política exterior que no sean especialistas en América Latina, e inmediatamente dejan de prestar atención. Puede haber un rápido debate sobre Hugo Chávez, de Venezuela, pero la atención pronto volvverá a Medio Oriente, Rusia o China.

Si eso les parece fuerte, escuchen a Fukuyama citando el consejo de Richard Nixon le daba en 1971, al por entonces joven Ronald Rumsfeld: “América Latina no importa… Hoy a la gente le importa un comino América Latina”.

¿Ha cambiado la situación en estos últimos años? ¿Somos menos despreciables los latinoamericanos?, aunque solo fuere porque somos una minoría étnica de creciente importancia electoral en territorio de los Estados Unidos? Que cada uno de su respuesta. Yo, modestamente, ensayaré la mía.

Creo que nunca como en estos días hemos sido tan mal vistos por Washington los latinoamericanos.

No quiero decir que no nos vean suculentos como inversión, apetecibles como tierra fácil, comprables a granel, teleceables al martillo, dúctiles como Menem, rentables como García, sociables como Uribe, Bueno, la verdad es que, desde Monroe, desde el zarpaso sobre México, desde el invento ocurrente de Panamá, desde la primera ivasión de Nicaragua, es decir desde siempre, América latina ha sido el Oeste  del sur y/o el apéndice inflamado del gigante norteamericano.

Lo que quiere decir que, para dolor de nuestros “estadistas” formales, estos paisajes de malaria y grandes mayorías preteridas no han sido vistos ni como interlocutores ni, por supuesto, como pares.

El problema es que el desdén académico, que no nos debería importar, tiene un correlato político y eventualmente militar. En ese sentido los disciplinarios como Nixon o Reagan -digamos que nombrar al señor Bush en esa lista es insultar la seriedad del imperialismo- siempre estarán dispuestos a “intervenirnos” si nos descarriamos lo suficiente o a “sepultarnos en vida” si no nos pueden intervenir (que lo diga el leprosorio que dirige el doctor Castro en el Caribe).

Y el otro problema es que la globalización de la economía y de las recetas para el desarrollo -tal como las entiende la Casa Blanca desde que las tropas del asalto del Cato Institute abolieron toda desidencia -exige un planeta más terso, regímenes mejor orquestados, consensos más esparcidos.

¿Cómo hacer, entonces, en un continente dividido hasta el desgarro? El asunto sería muy fácil si estuviésemos hbalando de países que debaten entre iguales. En este caso, la prudencia y el derecho internacional aconsejarían el trato diferenciado, la persuación de la diplomacia y la batalla de las ideas.

El asunto es que cuando en América Latina hay síntomas de alguna singularidad irritante -de Sandino a Chávez de Perón a Evo Morales de Martí a Arbenz, siempre ha sido lo mismo-, Estados Unidos no procede ni siquiera como una gran potencia sino como actúa como si fuera el sistema inmunológico de la región. Y esos glóbulos blancos baleando a la intrusa relojería bacteriana creen estar actuando en nombre de la salud, los fueros de la vida y los designios de Dios.

Así no se puede hacer nada que no sea responder como Chávez, parapetarse como Castro, quejarse como Evo Morales, amenazar como Correa, Estados unidos está tan convencido de la minoría de edad de esta región que deside cuándo las elecciones son dignas de acatarse y cuándo son errores en los mecanismos de defensa de nuestros ganglios.

Uribe está bien elegido, Correa no. García, el recién reclutado, es una buena decisión colectiva. Morales es, en cambio un impromptu tumultuario. Y ya no hablemos de Chávez, que ha llegado a ser actualmente, el único mioma más o menos serio que amenaza la cordura de la región.

Si Estados Unidos no cree en la democracia de los otros y está dispuesto a incluir a la CIA, en los designios de su política exterior, ¿cómo puede la clase política seria de esta parte del mundo convencer a las masas de que el modo de vivir democrático es un imperativo de la civilización?

¿De qué Estado de Derecho puede hablarse cuando Estados Unidos alienta, con las groseras intervenciones de su embajador, el kosovismo de los ricos en Bolivia y garantiza a un ustachi de corazón como Branko Marinkovic el apoyo militar en caso de que la guerra civil sea inevitable?

¿No sabe el Departamento de Estado, con sus modales de políglota, lo que hace la CIA, liberada de casi toda tutela interna después del 9-11, en Bolivia, lo que quiso hacer en Venezuela y lo que haría, sin duda, en Ecuador si Correa va más allá de las palabras y aspira a reformular el crecimiento económico y la política tributaria de las transnacionales?

¿Sólo se puede ser socio de los estado unidos desde la alegre servidumbre sureña? ¿Tiene América latina, que ser el sur de los Estados Unidos antes de que Sherman incendiara Alanta?

La desaparición del bloque soviético y la liberación de las llamadas democracias populares en Europa del este fue un favor que se le hizo al buen gusto. ¿Pero cómo llamamos a la política de asesinar a Bishop e invadir Grenada, matar a cientos de panameños para derrocar a un socio sublevado como Noriega, traficar con droga para armar la contra nicaragüense? Lo llamamos política exterior o nos atrevemos con el idioma y decimos que es gangsterismo en fase de matástasis? Y que Ricardo Lagos se volviera un González Videla a la orden de Washington, ¿nos puede hacer olvidar lo que pasó en Chile en 1973? Y que Vietnam sea ahora una esponja para la inversión internacional, ¿nos hará borrar lo que leímos en Los Papeles del Pentágono en 1970?

Estados Unidos como resume Fukuyama, desprecia a América Latina. esa es la mala noticia. La buena es que Estados Unidos desprecia a casi todo el mundo. Entre las exepciones están Israel, su socio nuclear en el Medio Oriente, Canadá que está más arriba de las Dakotas y ayuda con medicamentos menos caros a sus jubilados, e Inglaterra, que es la madre a quien la necesidad condujo a oscuros quehaceres de la casa.

En América Latina, Estados Unidos desprecia a quienes se le enfrentan pero quizás desprecia más a quienes sólo le dicen el amén. Cómo decía Renard, “acabamos por despreciar a los que están demasiado fácilmente de acuerdo con nosotros”. Mala noticia para el doctor Alan García.

DIA DEL PADRE

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 10:28 am on Domingo, junio 15, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

El domingo es el día del padre, o sea de los grandes almaceneros y por eso las familias saldrán a almorzar fingiendo, en muchos casos, que el papi es el rey de la mesa y el mejor de todos, cuando la verdad es que para llegar a ser la fatiga que llegaremos a ser es importante dispararle al jefe de la progenitura y luego salir corriendo mientras se canta el himno de la libertad y se pone la cara en dirección de la lluvia sanadora.

Los padres son una bendición cuando somos niños y una guía caminera cuando dejamos de serlo, pero luego, a la hora de acabar con el nosotros y empezar a levantar el uno mismo, son un fastidio, una lata sentimental y un modo lastimero de recordarnos que fuimos sus cachorros y que a ellos les debemos la lealtad primero.

Entonces es que empiezan los problemas y las batallas campales del carácter. Y hay un momento en que te pareces tan poco a tus padres que te preguntas en serio si viniste de ellos (porque lo que es seguro  es que no irás donde ellos dicen que te esperan). Y una mañana, al despertar, la hija experimenta ser una intrusa y el hijo mira la boca de su padre devorando una tostada y piensa que ese señor tiene aspecto de vecino y apetito desmedido de zampón.

El austriaco ese sin nombre que acaba de ser descubierto en pleno uso de sus facultades es, en efecto, un monstruo apocalíptico. Pero sé de muchos padres que dañaron a su descendencia sin necesidad de apelar al incesto. Exigiendo que se parecieran a ellos, por ejemplo, y que aceptaran sus ideas como buenas, sus creencias como legado, sus idolatrías como cúmplase, su avaricia como razonable y aun sus vicios como humana debilidad.

En cada padre salutífero hay, sin embargo, un secuestrador y un mandarín. Y cada vez que un talento se impone es porque ha logrado abandonar la gravedad parental. Un hijo en buen estado es como el cohete que parte de Houston rumbo a la incertidumbre (la otra es la posibilidad de quedarse en el hangar).

Por eso tiene mucho de admirable lo que sobre su padre ha contado, con tanta impudicia como urgencia, Jaime Bayly. Un padre empecinado en ser brutal construye no a un hijo sino una venganza. Un padre que obliga a bozear a un niño que detesta la violencia no es un padre sino un ingeniero genetista empeñado en su propio fracaso.

Hizo bien Jaime en ser un filial renegado, aunque no le haga bien mortificarse en público para expiar la culpa que ha sido el costo de su liberación.

Jules Renard, que se pasó la vida fabricando butades, escribió alguna vez que “no todos pueden ser huérfanos”. Pero no conozco a nadie de algún brillo que no haya pasado por el rito espantoso de matar simbólicamente al padre. No estoy hablando de Francisco Tudela, por supuesto: esa historia trata de la más sincera de las codicias, de un lado, y del más postrero de los raptos, por el otro. Y en el medio hay un anciano trémulo que debió hacerse, a los 20 años la vasectomía.

Una de las mejores historias de la literatura y del abismo que separa a padres e hijos es lo del notario francés Francois Arouet, que moriría en 1722. Tenía cinco hijos este notario, tres de los cuales vivían la cordura de las ambiciones comunes. Dos de ellos, sin embargo, eran su preocupación y su queja permanentes: Armand que se había convertido al jansenismo y pasba días en debates teológicos, y el menor de todos -Francois Marie- que desde muy niño se interesó por la poesía.

Tengo dos hijos locos -decía el notario-. Uno está loco en prosa y el otro está loco en verso. El loco del verso resultó siendo Voltaire.

¿Recuerdan a Vargas Llosa mirando a su padre por primera vez a la edad de los diez años? Si Mario no se hubiese separado, más tarde de esa figura que profería discursos “panamericanistas” y moralina de la vieja Miraflores, pues no se habría casado con una tía diez años mayor ni habría contraído la ira que le permitió escribir sus tres grandes novelas. Claro que Mario también las escribió para que su padre lo admirase y se rindiese. Porque la sangre, inevitable y felizmente, también llama al amor y procura el reencuentro.

ERRORES CEREBRALES

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 1:08 am on Miércoles, junio 11, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

El cableado cerebral decide el destino de los humanos y marca la naturaleza de sus relaciones con la gente y las cosas. ¿Cableado? ¿Chicotería? Sí, el cerebro es, fundamentalmente, una organización electroquímica, una planta hemoeléctrica, un sistema que produce respuestas frente a los estímulos y desafíos del exterior.

Esta máquina de extremas complejidades tiene, sin embargo, gruesos errores de diseño. Y hay quienes piensan que buena parte de la sangre derramada a lo largo de la historia procede de esta ingeniería insuficiente.

No estamos hablando de los desperfectos que algunos se empeñaron en llamar psicopatías. Estamos hablando de cerebros que funcionan al ciento por ciento.

Por ejemplo, es una certeza neurológica más o menos aceptada que la percepción del mundo exterior nos ha llegado como un presente griego de la evolución. Lo que quiero decir es que el cerebro envía, por lo general información insuficiente o desfigurante a las redes que se encargan del descifrado. Y esto conduce a que el objeto exterior sea “leido” incorrectamente. Lo que a su vez lleva implícito el error primordial de la identificación del objeto.

¿Cómo se come este enunciado? Muy simple: “vemos” lo que muchas veces queremos ver. El almacenaje de memorias asociativas, la tendencia del cerebro a economizar energía, nos empujan, por ejemplo, a “leer” en una barba crecida del desaliño, la dejadez y el fracaso que otras barbas crecidas nos pudieron confirmar en el pasado. Pero eso casi no es “ver” sino, más bien retrotraer.

Blas Lara, catedrático emérito de la Universidad de Lausanne, Suiza, apunta que percibir al otro como lo que quizás no es, es una tendencia “de estos estereotipos culturales que son abstracciones almacenadas en el neocórtex como etiquetas simplificadoras”.

Las funciones cerebrales tienen algo de reacción en cadena (aunque estas reacciones pueden ser varias a la vez y ocurren en las distintas redes en línea del sistema). Pero si la información primaria viene distorsionada, lo que pasa muchas veces es que las instancias que podrían “corregir” esa percepción errónea -la límbica y la cortical- asumen el error como propio y lo dejan pasar. El paso siguiente es que esos errores producirán, al final, programas de respuesta inadecuados.

Desde ese punto de vista modernamente químico cerebral, un execeso, verbal o factico, es hijo remoto de una información contaminada. Y, como acabamos de ver, hasta la memoria puede jugarnos una mala pasada al querer meterse en el presente tiñendo negativamente una experiencia actual que no tendría por qué parecerse a las experiencias guardadas en nuestro disco duro.

Todos los últimos avances en torno a la máquina cerebral parecen coincidir en una verdad que el narcisismo antropocéntrico habrá de admitir aunque mucho le duela: “el autocontrol social” del sistema cerebral es frágil y la capacidad de imponer razones y frenos en las barreras límbica y del neocórtex desaparece con mucha más frecuencia y facilidad de lo que imaginábamos. De allí vienen todas las sangres del terrorismo religioso y de Estado y todas las matanzas “doctrinarias” que en el mundo han sido.

En resumen, el cerebro de este “lóbrego mamífero” que somos no es ni de lejos la máquina perfecta que soñó el racionalismo. Si el cerebro humano fuese la maravilla impecable que nos contaron, ¿cómo explicarse que el idonismo de entrega inmediata de la drogadicción se hayan convertido en un problema masivo? Si la computadora neuronal tuviese un antivirus energético, ordenaría, en ese caso, que el lector de peligros del neocórtex impusiese su punto de vista. Para no hablar de los mares de estupidez que vemos crecer todos los días a nuestro alrededor y que amenazan con inundarlo todo.

Las fallas de fábrica del cerebro humano y la nueva comprensión en relación a sus orígenes nos permiten decir ahora que esta masa grasienta de un kilo cuatrocientos gramos -membranosa, surcada y protegida por la bóveda craneana-. es más una laptop escolar que una IBM de última generación.

Y por eso que resulta imperativo cargar a esa computadora esencial con muchos programas que mejoren su rendimiento, refinen sus respuestas y creen barreras adicionales para el espía software simiesco que siempre aspira a adueñarse de sus circuitos. Y eso es lo que, en términos simples, se llama educación. Educación y un poquito de tolerancia (que casi son sinónimos).

ROMA, CIUDAD CERRADA

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 10:05 am on Viernes, junio 6, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

El problema de la inmigración ilegal lo han enfrentado ayer Silvio Berlusconi con la simpleza que caracteriza a la Camorra: un solo disparo entre los ojos.

Es decir que en Italia, desde ayer, la inmigración ilegal es un delito que podrá pagarse con carcelería, primero y una deportación a velocidad de tren bala, después.

La inmigración ilegal armada y peluda, como se sabe, fue perfeccionada hasta niveles de homicidio multitudinario por los romanos, a los que no les bastaba Roma y que solían inmigrar a heredades cada vez más remotas, adoptando la drástica costumbre de apoderarse de los países que visitaban a sangre y fuego luego para poder tratar como inmigrantes impropios a los naturales de esas tierras esclavizadas.

Desde la Galia a Iberia, de Leptis a Tripolitania, de Bretania a Siria, pasando por Judea, los casi irreconocibles ancestros de Berlusconi fueron inmigrantes entusiastamente ilegales que tasajeaban a los malvados que se les oponían, crucificaban a los reincidentes, lanzaban a los leones a los libertarios y añadían a su lista de sacrificadas tareas aquella de explotar las mejores nuevas tierras legionariamente conquistadas.

Fueron provincias romanas por la fuerza de la inmigración fulminante, por ejemplo, Ispalis (o sea Sevilla), Emérita (es decir Mérida), Agusta Treverórum (Tréveris), o Londinium (Londres). Es que los romanos eran muy ingeniosos con eso de los toponimos y les bastaba pisar una ciudad, trocear a sus autoridades como Marte mandaba, bautizarla con esa lengua que más tarde iría a Misa y sentir, casi de inmediato, que la patria se había anchado otra vez para contento de los césares y usufructo de los generales.

Y eran bien viajeros esos romanos. Cómo serían de viajeros que hasta a  Egipto llegaron sus inmigrantes dando de alaridos y ensangrentando lo que pudieron del Nilo. Muchísmos años después de esclavizarlos. Roma concedió a esos hijos de las pirámides un equivalente de la ciudadanía romana. El paso lo dio en el año 212 de la era cristiana el emperador Marco Aurelio Antonino, más conocido por la historia como Caracalla. Eso sí: Caracalla les dio ese privilegio siempre y cuando tributasen doblemente: como indígenas de Egipto (de verdad) y como ciudadanos de Roma (por razones fiscales). A los romanos no les pasaba ningún detalle.

Para resumir, fueron tan exitosamente peregrinos los genes que Berlusconi intenta hoy preservar en su pureza mil veces mestiza, que Europa -con alguna exepción de índole germánica-, lo que se conocía de Asia, y todo el norte de äfrica, fueron objeto de la expansión migratoria romana. Legiones y legiones de salvajismo conquistador y crueldad colonial agrandaron Roma al punto de que, en el siglo V de nuestra era, el poeta Rutilio Namaciano decía, con razón, que “Roma le había dado una patria única a un mundo abirragado”.

Quién hubiese dicho que, mil seiccientos años después de lo escrito por el poeta, un milanés llamado Silvio Berlusconi nombraría a otro milanés llamado Roberto Maroni y que ambos anunciarían que la vieja Roma. reducida a su mínima expresión, ya no sería más tierra de acogida sino búnker del nacionalismo erizado y que, a partir de julio los departamentos de los inmigrantes hallados en flagrancia de residencia informal serían expropiados, las deportaciones se acelerarían y hasta la circulación de ciudadanos europeos se supedetaría a una serie de requisitos de emergencia.

No es casualidad que estas medidas se hayan tomado en una Nápoles mafiosa que, por una huelga, parace un inmenso basurero. Las leyes de berlusconi nacieron en el Milán racista de la Liga del Norte. Sí en el mismo Milán que excretó a Mussolini. Sí en el Milán de donde salieron los primeros gritos del fascismo aquel que intentó remedar “la inmigración” de los césares “viajando” a la antigua Abisinia (Etiopía), haciéndose socio de Hitler y haciendo el redículo con sus derrotas de estampida en África.

Si Estados Unidos hubiese sido tan quesquilloso con los inmigrantes italianos, su historia se hubiese privado de notabilidades como Enrico Fermi a quien se debió, en 1942, el primer reactor nuclear de la carrera atómica. Pero algún norteamericano rabioso también podría decir que un control aduanero menos permisivo habría librado a su país de los Capone y los Luciano.

Si aquí hubiésemos tratado a los romanos como los italianos fascistoides de hoy tratan a los extranjeros no habríamos conocido al gran Raimondi ni habríamos saboreado los helados D’Onofrio. Ni habríamos tenido el auxilio heroico de los bomberos italianos que la soldadesca chilena fusiló en el incendio de Chorrillos. Porque en ellos pensamos cuando alguien nos habla de Italia, por más que Berlusconi y la Caverna europea nos quieran hacer creer que las tierras del Dante pertenecen ahora sólo a los Matterazi, los genovese y los Maroni a la milanesa.

Roma se amuralla, España lo imita todavía pálidamente. Europa empieza a blindarse. Pero de eso no se habló en la inútil Cumbre que a Torre Tagle tanto satisfizo. Y de eso era de lo que había que hablar, precisamente, de esa crisis mundial de xenofobias que acaba de estallar.

CHILE DE SIEMPRE…

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 9:02 am on Viernes, junio 6, 2008

Opinión: César Hildebrandt.

Mientras el doctor García era sorprendido con las manos en la Masa (pobre Vallejo, que mal lo citó) y lucía su oratoria Old fashion en su condición de anfitrión al que había que aguantarle todo, la señora Bachelet, de satén rojo y chaleco de circo, muy parecida a la oratoria de su zalamero socio estratégico, tramaba su próximo movimiento: -¿Así que hablas de los siete mil años de papa peruana, mihijito ¡Toma tu papa!!!!

Y ayer, en efecto, Chile patentó 60 nuevas variedades de papa. Todas ellas según la ministra de agricultura chilena Marigen Hornkohl, procederían de la isla de Chiloé, al sur de Chile, y fueron inscritas en el registro del Servicio Agrícola y Ganadero “para proteger futuras normas de orígen”.

El nuevo Zarpazo sureño sobre el orígen de la papa se suma a la inscripción, en ese mismo registro oficial, de otras 280 variedades de papa de Chiloé, una inicitaiva que en el año 2006 tuvo eñ agrónomo chileno Andrés Contreras de la Universidad Austral de Chile. Y ayerpara escarbar en la herida, la ministra Hornkohl ha añadido:

“pocos saben que el 99% de las papas del mundo tienen algún tipo de vinculación genético con las papas originarias de Chile, lo que da cuenta de la importancia de este alimento tan propio de nuestra dieta”.

¿Vió, doctor García? Ud. habla y habla y habla y extenúa con sus miriñaques oratorios un poco poco pasados de moda y, mientras tanto, la señora Bachelet, que lo admira desde esa huachafería que le viene de la Arequipa mojigata que lleva en la mitad de su sangre, hace uso de sus antepasados y actúa. Y nos da en el centro de la papa, en el ojo del tubérculo, en la raíz andina del orgullo.

¿Siete mil años de papa peruana, mihijito? ¡Cómete este copy right agrario!

Ud., doctor García, hacía bohemia parisina cuando debió estar leyendo histroia del Perú. Y no me refiero a la de Basadre, que por algo fue el bibliotecario de Manuel Prado. Me refiero a la historia de verdad, la que contaron los protagonistas y la que se puede verificar con testimonios cruzados y documentos a la vista.

Y toda esa historia, doctor García, exuda odio de Vasco pobretón encerrado entre la cordillera y el mar, envidia de Arauco domado desde el virreynato limeño, codicia de cueca vieja y rivalidad de capitanía venida a menos. El problema doctor García, es que ese antiguo sarro fronterizo hubiese podido derivar en sana competencia -como usted quiere, como le pasó a franceses y alemanes -si los chilenos hubieran tomado esa opción.

Pero los chilenos ya han tomado la vieja opción que tantos buenos resultados les ha dado; armarse hasta los dientes, mutilar defacto la frontera marítima, ver que pueden sacar de la borrasca boliviana, comprar basura peruana para “hacer su prensa” favorable al suministro de gas para su norte insaciable y siempre vivo, armar y atizar al Ecuador, invadir al Perú con sus inversiones respaldadas desde aire, mar y tierra (general Izurieta dixit).

Porque Chile es un enfermo crónico respecto del Perú y nos pagará con el puñal artero del mismo modo que la mamba negra escupe y la cascabel sonajea en la arena, es decir acatando mandatos que están más allá de la sofisticación de sus mejores ejemplares, de sus escritores formidables y de sus poetas universales.

Mandatos de andrajoso que come mendrugos, que es como Chile siempre teme verse a pesar de su actual abundancia. Mandatos heredados del pobre diablo que sólo por resentimiento rompió estatuas de mármol de Carrara en la Lima invadida.

Para no hablar del piso clonado, las batallas sanguinarias de Andrónico Luksic, el cebiche raptado, la inversión financiera peruana hostilizada en Chile. Y para no recordar el salitre, el guano de islas, la Confederación Peruano Boliviana, el odio inmortal e ileso que Chile ha sentido por el Perú. Si el nacionalismo uniformado de Chile pudiese influir en un imaginario rebobinado de la geología andina suplicaría por la abolición de estas tierras feraces y desantedidas. O por su pertenencia a Chile, “que sí las merece y sí las hubiera aprovechado”.

Y usted, doctor García, hace de buenote y Torombolo (sin serlo) cada vez que puede. Para eso se ha conseguido a ese canciller al que sólo le falta Scooby Doo para estar completo y morirse de miedo a dúo. Y no sé si para eso es que usted conserva a esa vergïenza de ministra de Transportes que parece empleada de Lan Chile. Y a ese chileno de adpción que es el señor Rafael Rey, que supongo que si alguna vez tuvo sueños eróticos los tuvo  con Lucía Hiriart de Pinochet.

Ándese con cuidado con Chile, doctor García. Siempre paga mal.  Y, además por ser tan concesivo, mañana usted podría ser juzgado. Y no me refiero al juicio de la historia precisamente. Deje usted de hacerle caso a Hugo Otero. Deje de oir susurros subordinados de la caverna. Cuando Pinochet decía -a lo bestia -que había países-macho y países hembra estaba pensando en Dionisio Romero y la Caverna.