AYHUALA.COM

Sitio Personal de Luis Ayala Huamaní, ayhuala@hotmail.com

Valentín Paniagua, no se merece tanta hipocresía:

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 2:01 pm on Martes, octubre 17, 2006

             Matices:     César Hildebrandt. 

   Los que no están en la política para servir sino para saquear le rinden homenaje. Misa de cuerpo presente le ponen los que en la vida jamás se le parecerán.

   Lo citan como ejemplo los que no tienen remedio y son parte de la caries de nuestra política. Discursean, homenajean, desfilan por el férretro los que, sabiendo que era el mejor, le negaron su voto para terminar votando por el menos malo.

   Pero don Valentín es estoico. Los mira desde la ironía desinteresada, que es una manera de describir la muerte. Don Valentín es ahora el vitalicio Prescidente de la República. Pasará a la histroia como el hombre que le dijo no a la tentación del erario. Pasó a la historia como el señor que construyó los sistemas anticorrupción, ese que odian los fujimoristas y desacreditan las ratas.

   Porque don Valentín es un hombre que se ha ido de este mundo con el mismo patrimonio con que entró a la política. ¿Cuántos pueden decir lo mismo en este reino de chupacabras y birlibirloques?

   ¿Cuántas casas tenías tú, Dios menor cuando llegaste a la política y con cuántas cuentas ahora? ¿Y de dónde? Tú no tienes derecho, dios menor, a auparte al mármol inminente de Paniagua y hablar de los valores de la República en la que no crees. Porque tú eres hachemita por los forros, alahuita por algunos de tus compañeros, borbón porque rima con tú ya sabes qué, windsor por la flema con la que puedes negar a tus votantes y saboya por los rollos que te cuelgan.

   Qué risa da ver tantos enemigos morales de Paniagua llorando por su muerte anunciada. Convierten en tragicomedia del poder lo que Paniagua hubiera querido que fuera sobrio sentimiento popular.

   Si el Perú fuera menos autodestructivo, hubiera elegido a Paniagua en las últimas elecciones. Era mayoritario el consenso respecto de sus virtudes.-Pero no vende bien-decían-.  -Es un voto perdido-añadían-.

   Perdidos estábamos noosotros que tuvimos que elegir, al final, entre el ébola y la gripe aviar.

   Paniagua sintió como un alivio el que no lo eligieran. Ya había empezado a enfermarse seriamente. Y se preparaba para esa discreta despedida que los politicastros han convertido en feriado, como él no hubiera querido.

   Aunque la verdad es que se había despedido hacía buen tiempo de un país que cada día entendía menos. ¿Dónde está ahora los que le reprocharon haber obtenido ese siete por ciento con el que salvó la dignidad electoral de su partido, hoy herido de muerte con su muerte?

   Hubo un Robespierre de los miriñaques que lo acusó de haberle robado el triunfo a Lourdes Flores. No. Hombre. Lourdes Flores se robó a sí misma haciendo público su matrimonio de santa alianza con el señor Álicorp. Lourdes optó por mister Romero y la derecha peluda. Paniagua en cambio, no necesitó hacer ningún sacrificio para ser un hombre de centro, un mesurado por naturaleza que creía que la equidad era lo más parecido a la justicia.

   Y por eso, sin partido, a pulso, de pura terquedad, obtuvo cientos de miles de votos.

   Fue el único candidato explícitamente de centro. Fue el único que jamás prometió lo que no podría haber cumplido.

   Por eso perdió. Porque no gritaba frases grandilocuentes ni amenazaba con baños de sangre ni anunciaba el séptimo cielo flotando en la enésima promesa de la pendejada. Porque era sobrio y bueno, honrado para más señas, por eso perdió las elecciones.

   El Perú, tal como es hoy, no se merecía a Valentín Paniagua. Paniagua no se merecía a la mayoría de sus lloronas de ocasión.

HABLANDO PESTES:

Filed under: General — Luis Angel Ayala Huamaní at 12:43 pm on Domingo, octubre 1, 2006
Matices : César Hildebrandt.

    La peste ha vuelto pero sin Camus.

   Ha vuelto la bubónica, señor Ministro de Salud. ¿Qué hacer?. En Chota hay un muerto y dieciséis infectados por la plaga que viaja en las pulgas de las ratas más oscuras. De las ratas de verdad, digo, aquellas que chillan en dos patas cuando quieren imponer el temperamento de cloaca que se manejan.

   Ha vuelto la bubónica, ha reincidido el dengue, recomenzó la verruga peruana su multiplicación de pústulas. Y todo esto con el fondo de tuberculosis que galopa, de la mortalidad infantil que mantiene sus marcas y de los servicios de salud que sólo prestan auxilios de emergencia cuando hay una cámara de TV. Un micrófono de la radio o un periodista colgado del departamento de relaciones públicas del sector.

   Éste no es un país: es un vademécum, una colección de tifoideas -enfermedad que consiste, como nos lo recuerda Uriel García, en comer caca, -una torta gigante de mayonesa con salmonelosis -que es arte del huevo podrido, -un tornado de ácaros en banda, una nata de smog flotando en el aire donde se dibuja la carota impune de Luis Castañeda Lossio, el hombre concreto de cemento.

   Con razón somos tan hospitalarios. Con razón tenemos un ojo clínico para encontrar las oportunidades. Con razón nos ha gobernado tanto enfermo. Con razón somos los pacientes ejemplares de la América cobriza. Con razón un oncólogo trata de salvar lo que queda del sistema de salud.

   Dice que la flora intestinal que adquiere un niño peruano es sólo comparable a la de ciertas etnias africanas que no han abandonado el tapabarro. Dicen los especialistas que, dada la inconcurrencia al dentista, un dragón del archipiélago de las islas Comoro temería una mordedura de un peruanito. Dicen que las cepas bacterianas en las salas quirúrgicas del Perú tienen el blindaje pánzer que dá la solera y el linaje, con lo que debemos tener estafilococos nobiliarios y bacilos de título pontificio por lo menos. Como en el vals, somos limeños de pura cepa.

   De 1348 a 1350 la peste bubónica, la plaga de las ratas negras, mató al 25% de la población europea continental y a un tercio de la de Inglaterra y Escocia. Su presencia letal ayudó a fundar el derecho laboral, pues fue tal su mortandad que la escasez de mano de obra trajo consigo un estatuto del jornalero bastante menos esclavista y abusivo que el que rigió sin haber sido escrito en épocas de salud. Aunque a España llegó a través de Cataluña, Valencia y Murcia -llevada por barcos con procedencia en el mar negro -se ensañó a partir de 1348 con el reino de Aragón, que vió tambalear su poderío militar mientras se propagaba el Bacillus pestis, cuyos puertos de arribo europeo fueron los de Italia.

   La peste negra cambió la historia y la demografía del Occidente y sobre su influencia se han escrito centenares de libros. Pero aquí llega, mata y amenaza a decenas y nadie dice nada. Ni una primera plana. Ni una explicación de Vallejos, que no es el César como creen los burros sino el meramente Carlos que debemos aguantar. Es que el Ministro (del ramo, del palto) está ocupado tratando de comprar aspirinas en conjunto. Como ocupada está la prensa en otras pestes y en ratas diferentes, las pestes y ratas que van creando el equipo de cazafantasmas que tiene Alan para apartarnos de la agende de verdad.

   En el fondo, ¿por qué habría de conmover demasiado un rebrote de peste negra a un país que ha visto gobernar a Fujimori, contratar a Montesinos, regatear a Genaro, cobrar a Ivcher, bailar a Susy Días, vender a Shultz, matar a los colina, bailar a Macera, prometer a García, fajarse a Valle Riestra, veranear a Delgado Aparicio, tocar la faluta de Kukczynski, regir el gusto literario a Bryce and Company, mangonear a Elianne  Karp, silbar a Matute, preguntar a la Chichi y eructar con ecos al mismo Epichán de las cavernas?

   QUÉ PESTE NI QUE OCHO CUARTOS. YA NADA NOS PUEDE AMENAZAR.